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De la cachucha y la boina

MIGUEL E. WEIL DI MIELE |  EL UNIVERSAL
miércoles 8 de agosto de 2012  04:26 PM
En tiempos de campaña, todas las semanas surge alguna noticia que acapara más atención que las demás, o que por alguna razón pareciera tener mayor repercusión comunicacional. En la que acaba de pasar, el temita fue el de la gorra de Capriles y la prohibición de utilizarla dictada por el Consejo Nacional Electoral.

La algazara generada por la respuesta no fue sino la esperada: La fotico de algunos panitas con su gorra con un cartel que dice "quítamela Tibisay"; la indignación de siempre por la desigualdad en la aplicación de la ley y la consecuente destrucción de la institucionalidad. Aplicaciones e interpretaciones cuya ruptura con el Estado de Derecho son ya demasiado obvias, aparentes y desfachatadas como para seguir dándole vueltas al tema. Es así y así será, porque así ha pretendido u ordenado el aquelarre gubernamental que sea. Es decir, la boina que manda.

Así, todo aquello parece producto de la falsa sapiencia emanada de una cabeza que siempre ha preferido la boina a la cachucha. Y con falso entendimiento, la boina define al Estado de Derecho; que es lo que aproveche, y no podrá ser nada más. Lo mismo con la definición de aquelarre, que no significa otra cosa sino una reunión de brujos, con la presencia de demonios con figura de macho cabrío, pero según ella  son las quejas opositoras, o lo que le dé gana, y majunche, y escuálido, y Venezuela, y pueblo, también.

No queda pues sino concluir que la boina roja y rimbombante tiene ideas propias, más similares a piltrafas de un castellano machucado a conveniencia, acompañado de la una mezcla triturada por lo mismo de ideales independentistas del siglo XVIII y doctrinas políticas del siglo XX, con alguna diáspora bíblica cristiana, cuando no sea impertinente para algún amiguete de atómicos arsenales. Buena boina.

Mientras la cachucha, con su visera larga y prominente pregona inclusión de pensamientos diferentes, la boina regordeta y rechoncha, ensarta violentamente a todo lo que no es boina. Porque la boina es fregada hasta con las otras boinas, con las negras y las azules, tan politequeras y estudiosas, tan clásicas para nosotros como la bandera empastada en la gorra. Ni hablar de su desprecio por los birretes, por las birretas, y hasta por los kipás. Y pues la cachucha, tan neutral, tan de todos, tan plural, tan pelotera, tan de caraquistas como de magallaneros y de los beisboleros todos, hace que la boina pierda la cabeza, que no entiende como una gorra vino a echarle tanta boina.

Y es que la boina luce mucho, muy escarlata y muy chillona, pero protege poco mientras el azote ultravioleta beta anda a sus anchas. La boina no responde, porque eso de parar los rayos nunca ha sido cosa suya; si te queman por la cara no es responsabilidad de ella. La boina inventa una y otra cosa, y tergiversa y manipula, olvidando quien la puso en la cabeza, mientras la gorra evita que te encandiles, sin mucho invento ni mucha vuelta. Porque después de todo este tiempo, es hora de entender que con gorra se ve claro, para adelante y para los lados, y que también sirve volteada para estar enamorado, mientras que la otra, tan roja tan rojita, tan inventora y tan excluyente, más temprano que tarde será sólo para la echadera de boina del que fuera antiguamente, boina presidente.

Twitter: @weilmiguel

miguelwd@yahoo.com


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