¿Controlo o fluyo, qué elijo?
MARÍA EUGENIA GASCUE SCHWARTS
| EL UNIVERSAL
miércoles 8 de agosto de 2012 04:07 PM
Cuando los galeones españoles regresaban de América cargados de oro, éste era depositado en la Torre del Oro de Sevilla. Y como justificante se entregaba un vale "Contra el Oro", este nombre con el tiempo fue desvirtuándose siendo "contraeloro" luego "contraloro" llegando hasta nuestros días "control". Que es el significado de controlar algo.
La palabra fluido viene de los cuerpos (líquidos o gases) que, no teniendo forma propia, cambian de forma sin esfuerzo.
El agua de los ríos fluye constantemente, se purifica, las aguas estancadas se pudren.
Virginia Gawel, comenta que, si nos sentamos a observar una puesta de Sol, no pretenderemos cambiar los colores del cielo, la posición y las formas de las nubes.
La vida es tan incierta que la parte más primaria de nuestro cerebro le cuesta a veces tolerar tantas variables imprevistas, entonces se instala el hábito de controlar y muchas veces detrás de eso está el miedo.
Controlar es como pretender que las personas o la realidad sean como la gaveta de nuestra mesa de noche, queriendo que las cosas estén organizadas solo como a nosotros nos conviene o como nos parece que deben ir, haciéndonos la ilusión que así todo será mejor.
De esta manera, dejaremos de apreciar, contemplar y disfrutar lo que es.
Cuánto nos molesta cuando alguien lo hace con nosotros, lo que generan es que nos queramos alejar, para proteger nuestra libertad.
Algunas de los motivos que nos impiden fluir son: el apego a las personas, la necesidad de querer cambiar al otro, las críticas, los juicios, el pasado, los hábitos, querer tener la razón, entre otros.
Una de las claves está en confiar y observar la sincronía, ella es como una colaboración con el destino, se trata de empezar a reconocer que existe una inteligencia organizadora y poderosa que está en todas las cosas, que trabaja contigo y para ti, que se manifiesta por el simple hecho de estar conectado a tu fuente.
Que el destino que te parecía impuesto por algo exterior a tu persona, deje de ser el motor básico y vital. Conéctate a la fuente. Así como si esa inteligencia organizadora y divina, Dios, Tao o como quieras llamarla te dijera que toques la música que has venido a esta vida a interpretar y que ella te ayudará a superar cualquier lucha o dificultad que se interponga, así dejará de ser una pelea, porque sentirás como la fuente te apoya.
Cada uno de nosotros tiene una vocación interior, cuando creemos en nosotros mismos, estamos confiando en la misma sabiduría que nos creó, está ahí para decirnos quiénes somos y qué queremos.
Observa con gentileza y sin juzgarte, cuándo se te dispara el mecanismo de controlar, sin darle fuerza, para que no se despliegue, míralo y cada vez que se encienda, deja que se apague como una estrella fugaz.
Empieza haciéndolo como un ejercicio, hasta que se convierta en un estilo de vida. No es fácil y sí posible.
Para lograr fluir es necesario aprender a soltar. Soltar no es perder sino abrirse a lo nuevo que está por venir.
@marugascue
marugascue@gmail.com
La palabra fluido viene de los cuerpos (líquidos o gases) que, no teniendo forma propia, cambian de forma sin esfuerzo.
El agua de los ríos fluye constantemente, se purifica, las aguas estancadas se pudren.
Virginia Gawel, comenta que, si nos sentamos a observar una puesta de Sol, no pretenderemos cambiar los colores del cielo, la posición y las formas de las nubes.
La vida es tan incierta que la parte más primaria de nuestro cerebro le cuesta a veces tolerar tantas variables imprevistas, entonces se instala el hábito de controlar y muchas veces detrás de eso está el miedo.
Controlar es como pretender que las personas o la realidad sean como la gaveta de nuestra mesa de noche, queriendo que las cosas estén organizadas solo como a nosotros nos conviene o como nos parece que deben ir, haciéndonos la ilusión que así todo será mejor.
De esta manera, dejaremos de apreciar, contemplar y disfrutar lo que es.
Cuánto nos molesta cuando alguien lo hace con nosotros, lo que generan es que nos queramos alejar, para proteger nuestra libertad.
Algunas de los motivos que nos impiden fluir son: el apego a las personas, la necesidad de querer cambiar al otro, las críticas, los juicios, el pasado, los hábitos, querer tener la razón, entre otros.
Una de las claves está en confiar y observar la sincronía, ella es como una colaboración con el destino, se trata de empezar a reconocer que existe una inteligencia organizadora y poderosa que está en todas las cosas, que trabaja contigo y para ti, que se manifiesta por el simple hecho de estar conectado a tu fuente.
Que el destino que te parecía impuesto por algo exterior a tu persona, deje de ser el motor básico y vital. Conéctate a la fuente. Así como si esa inteligencia organizadora y divina, Dios, Tao o como quieras llamarla te dijera que toques la música que has venido a esta vida a interpretar y que ella te ayudará a superar cualquier lucha o dificultad que se interponga, así dejará de ser una pelea, porque sentirás como la fuente te apoya.
Cada uno de nosotros tiene una vocación interior, cuando creemos en nosotros mismos, estamos confiando en la misma sabiduría que nos creó, está ahí para decirnos quiénes somos y qué queremos.
Observa con gentileza y sin juzgarte, cuándo se te dispara el mecanismo de controlar, sin darle fuerza, para que no se despliegue, míralo y cada vez que se encienda, deja que se apague como una estrella fugaz.
Empieza haciéndolo como un ejercicio, hasta que se convierta en un estilo de vida. No es fácil y sí posible.
Para lograr fluir es necesario aprender a soltar. Soltar no es perder sino abrirse a lo nuevo que está por venir.
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