Denver: otra tragedia, iguales respuestas
No han aprendido nada luego de los asesinatos de Columbine, Virginia Tech o Tucson
PABLO FERNÁNDEZ BLANCO
| EL UNIVERSAL
lunes 6 de agosto de 2012 12:00 AM
Cuando en días pasados un joven armado cometió la masacre que costó la vida de 12 personas en un cine del pueblo de Aurora (Denver, EEUU), los candidatos presidenciales Obama y Romney paralizaron por algunas horas su campaña, para dar declaraciones "políticamente correctas" ante este acto barbárico. Pero ninguno de los candidatos hizo ni una somera mención vinculando este abominable hecho con el tema de las posibles regulaciones sobre la posesión de armas de fuego (especialmente de alto calibre) por parte de la población civil. Tragedia tras tragedia, este tema aparece y se desvanece en el debate público norteamericano. Basta y sobra con que las familias de las víctimas se reserven al duelo y los medios cambien de tema para olvidarse del gran negociado de las armas que permite estas barbaridades, hasta que ocurra la próxima masacre. No han aprendido nada luego de los asesinatos de Columbine, Virginia Tech o Tucson.
Frente al silencio de los candidatos presidenciales y del propio alcalde de Denver, Michael Hancock; el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, exigió a Obama y Romney hacer algo frente a este escenario de violencia reiterado, al afirmar lo siguiente: "no creo que haya otro país desarrollado en el mundo que tenga ni remotamente el problema que nosotros tenemos. Las palabras de consuelo son agradables, pero quizá es tiempo de que las dos personas que quieren ser presidentes de EEUU nos digan qué van a hacer al respecto".
En el año 1990, el 78% de los estadounidenses apoyaban transitar hacia leyes duras que regularan el comercio de armas de fuego. Pero en 2010, varias masacres y decenas de víctimas después, ese grupo se había reducido al 44%. Cada vez más los estados de la unión han flexibilizado regulaciones para permitir portar armas en lugares públicos.
Toda la discusión gira en torno a la 2° Enmienda de la Constitución estadounidense (elaborada en 1791) y sus más poderosos e influyentes defensores: la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). La NRA maneja gigantescos presupuestos y goza de enormes simpatías entre políticos republicanos y demócratas. Como dice el dicho popular, "por la plata baila el mono", y los políticos norteamericanos en campaña hacen honor al dicho: se venden al mejor postor, que resulta ser el conglomerado empresarial armamentista estadounidense. Da igual ser demócrata o republicano mientras quien llegue al Salón Oval mantenga el negocio de las armas intacto, así sea a costa de miles de vidas humanas. La lógica del capitalismo, inhumana por esencia, ha llevado a esta disociada sociedad norteamericana a la debacle producto de una violencia incentivada, que nutre los cementerios así como las gruesas cuentas bancarias de políticos y empresarios, sosteniendo al poder en las sombras.
Dios libre a Venezuela de caer en esa perversión algún día. Por ello la importancia de seguir transitando la senda que lleva al control y regulación efectiva de las armas de fuego y el impulso de políticas de desarme (voluntario o compulsivo) para que estos instrumentos de muerte no sigan adueñándose de la vida de nuestros pueblos.
pabloefb@yahoo.com
Frente al silencio de los candidatos presidenciales y del propio alcalde de Denver, Michael Hancock; el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, exigió a Obama y Romney hacer algo frente a este escenario de violencia reiterado, al afirmar lo siguiente: "no creo que haya otro país desarrollado en el mundo que tenga ni remotamente el problema que nosotros tenemos. Las palabras de consuelo son agradables, pero quizá es tiempo de que las dos personas que quieren ser presidentes de EEUU nos digan qué van a hacer al respecto".
En el año 1990, el 78% de los estadounidenses apoyaban transitar hacia leyes duras que regularan el comercio de armas de fuego. Pero en 2010, varias masacres y decenas de víctimas después, ese grupo se había reducido al 44%. Cada vez más los estados de la unión han flexibilizado regulaciones para permitir portar armas en lugares públicos.
Toda la discusión gira en torno a la 2° Enmienda de la Constitución estadounidense (elaborada en 1791) y sus más poderosos e influyentes defensores: la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). La NRA maneja gigantescos presupuestos y goza de enormes simpatías entre políticos republicanos y demócratas. Como dice el dicho popular, "por la plata baila el mono", y los políticos norteamericanos en campaña hacen honor al dicho: se venden al mejor postor, que resulta ser el conglomerado empresarial armamentista estadounidense. Da igual ser demócrata o republicano mientras quien llegue al Salón Oval mantenga el negocio de las armas intacto, así sea a costa de miles de vidas humanas. La lógica del capitalismo, inhumana por esencia, ha llevado a esta disociada sociedad norteamericana a la debacle producto de una violencia incentivada, que nutre los cementerios así como las gruesas cuentas bancarias de políticos y empresarios, sosteniendo al poder en las sombras.
Dios libre a Venezuela de caer en esa perversión algún día. Por ello la importancia de seguir transitando la senda que lleva al control y regulación efectiva de las armas de fuego y el impulso de políticas de desarme (voluntario o compulsivo) para que estos instrumentos de muerte no sigan adueñándose de la vida de nuestros pueblos.
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