La metamorfosis de los fedecamaradas
Sanguinarios chinches neoliberales mutan en fieras avispas proteccionistas patrióticas
CLODOVALDO HERNÁNDEZ
| EL UNIVERSAL
viernes 3 de agosto de 2012 12:00 AM
Cualquiera alucina cuando los fedecamaradas se trasmutan en gente pobre necesitada de una ayudita o en nacionalistas y antiimperialistas, pues lo hacen del mismo escalofriante modo como Gregorio Samsa se convirtió en algo parecido a una cucaracha. En momentos así, la realidad demuestra su brutal superioridad respecto incluso a las imaginaciones más delirantes.
La cosa es así: usted mira el noticiero y se encuentra con un notable líder empresarial -macho alfa del salvaje mundo de los negocios- quien solloza recostado en las hombreras de la chaqueta de la periodista que lo entrevista. Anuncia la muerte masiva de fábricas nacionales a manos de los poderosísimos y arrogantes ricachones brasileños y argentinos, quienes van a entrar acá como río en conuco y los van a despojar a ellos (sacrificados industriales patriotas) de lo que les ha ido quedando de sus mercaditos, ya de por sí aporreados por los ventorrillos subsidiados por el rrrrégimen. La periodista, conmovida, le da palmaditas en la espalda y le regala un kleenex.
El señor, sorbiendo secreciones nasales, clama por una "taima". No pide mayor cosa: solo un tiempo muerto de cinco años, exenciones de impuestos, que se elimine el control de cambios y que deroguen la Ley del Trabajo, la de Costos y Precios Justos y cualquier otra que "afecte la competitividad". De lo contrario, advierte, hasta las compañías de los magnates criollos que están en la lista de Forbes irán a la quiebra. Lo dice de un modo tan plañidero que uno ya se imagina a los fedecamaradas, con ropa remendada y cholas de plástico, viviendo en un refugio para damnificados y con las esperanzas puestas en la Misión Vivienda. ¿Kafkiana escena, no?
"¿Estos que están llorando porque los del Mercosur nos van a ruchar todas las metras no son los mismos tipos que llevan años proponiendo entrar al ALCA?", me pregunta un amigo, por teléfono. "Sí, los mismos son", le contesto. El asombro es como para imitar a Samsa, cuando se percató de que había amanecido con carapacho lustroso y seis patas pelúas: "¡Dios del cielo!", exclamó.
Acompañando a los fedecamaradas, como siempre, aparecen los economistas expertos, quienes también sufren sus transformaciones entomológicas. Ellos ya habitualmente son unos bichos raros, pero en estos casos mutan de especie. Sanguinarios chinches neoliberales se convierten en fieras avispas proteccionistas patrióticas para lanzar aguijonazos contra el imperialismo (el brasileño, claro, porque el otro es burda 'e pana). No podían faltar los Excelentísimos Embajadores sin Embajada (EE-sin-E) quienes -para no perder la insectívora costumbre- se metamorfosean en grillos y chicharras y compiten a ver quién hace más ruido.
clodoher@yahoo.com
La cosa es así: usted mira el noticiero y se encuentra con un notable líder empresarial -macho alfa del salvaje mundo de los negocios- quien solloza recostado en las hombreras de la chaqueta de la periodista que lo entrevista. Anuncia la muerte masiva de fábricas nacionales a manos de los poderosísimos y arrogantes ricachones brasileños y argentinos, quienes van a entrar acá como río en conuco y los van a despojar a ellos (sacrificados industriales patriotas) de lo que les ha ido quedando de sus mercaditos, ya de por sí aporreados por los ventorrillos subsidiados por el rrrrégimen. La periodista, conmovida, le da palmaditas en la espalda y le regala un kleenex.
El señor, sorbiendo secreciones nasales, clama por una "taima". No pide mayor cosa: solo un tiempo muerto de cinco años, exenciones de impuestos, que se elimine el control de cambios y que deroguen la Ley del Trabajo, la de Costos y Precios Justos y cualquier otra que "afecte la competitividad". De lo contrario, advierte, hasta las compañías de los magnates criollos que están en la lista de Forbes irán a la quiebra. Lo dice de un modo tan plañidero que uno ya se imagina a los fedecamaradas, con ropa remendada y cholas de plástico, viviendo en un refugio para damnificados y con las esperanzas puestas en la Misión Vivienda. ¿Kafkiana escena, no?
"¿Estos que están llorando porque los del Mercosur nos van a ruchar todas las metras no son los mismos tipos que llevan años proponiendo entrar al ALCA?", me pregunta un amigo, por teléfono. "Sí, los mismos son", le contesto. El asombro es como para imitar a Samsa, cuando se percató de que había amanecido con carapacho lustroso y seis patas pelúas: "¡Dios del cielo!", exclamó.
Acompañando a los fedecamaradas, como siempre, aparecen los economistas expertos, quienes también sufren sus transformaciones entomológicas. Ellos ya habitualmente son unos bichos raros, pero en estos casos mutan de especie. Sanguinarios chinches neoliberales se convierten en fieras avispas proteccionistas patrióticas para lanzar aguijonazos contra el imperialismo (el brasileño, claro, porque el otro es burda 'e pana). No podían faltar los Excelentísimos Embajadores sin Embajada (EE-sin-E) quienes -para no perder la insectívora costumbre- se metamorfosean en grillos y chicharras y compiten a ver quién hace más ruido.
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