Problema en contraste
¿Es que entre las atribuciones del Presidente está la de injuriar sin prueba alguna?
ANTONIO JOSÉ MONAGAS
| EL UNIVERSAL
miércoles 1 de agosto de 2012 12:00 AM
La política venezolana ha venido extremándose dada la intensidad bajo la cual se dirimen sus principales razones. Tanto, que la actual campaña electoral que viene adelantando el candidato-presidente, nerviosamente afanado por continuar aprovechándose del poder en beneficio propio, extravió su rumbo sin el menor cuidado ni la más mínima decencia. Tales son las faltas cometidas, que su trabajo político-electoral se atascó en medio de la diatriba propia de un camorrero de oficio.
Mientras el candidato de la alternativa democrática, Henrique Capriles propone soluciones para cada problema, Hugo Chávez arremete contra quien pueda. Mientras Capriles declara que todos los venezolanos son necesarios para construir un país grande y desarrollado, el candidato del oficialismo cuestiona la capacidad política de su contrincante endilgándole injustamente vicios y atribuyéndole torpezas con la mordacidad que lo caracteriza.
Esta campaña electoral es casi un duelo entre factores diferenciados no sólo en fuerza de convocatoria. Más aún, en moralidad y ética. Es inaceptable que el tiempo para hacer proselitismo político, según los principios de la política debidamente entendida y atendida, el candidato-presidente los consuma en insultos que sólo revierten su posibilidad de reelección. ¿Qué virtud podría arrogarse Chávez para asentir que "el candidato opositor representa la burguesía saqueadora y hambreadora del país"? ¿O es que entre las atribuciones del Presidente está la de injuriar sin prueba alguna? ¿Y además, ser aplaudido? La investidura de Presidente constitucional no calza con la condición de militar pendenciero. Y al mismo tiempo, ignorante de lo que explica el arte de la política que no es "serrucho ni fusil". Todo pareciera un problema en contraste.
amonagas@cantv.net
Mientras el candidato de la alternativa democrática, Henrique Capriles propone soluciones para cada problema, Hugo Chávez arremete contra quien pueda. Mientras Capriles declara que todos los venezolanos son necesarios para construir un país grande y desarrollado, el candidato del oficialismo cuestiona la capacidad política de su contrincante endilgándole injustamente vicios y atribuyéndole torpezas con la mordacidad que lo caracteriza.
Esta campaña electoral es casi un duelo entre factores diferenciados no sólo en fuerza de convocatoria. Más aún, en moralidad y ética. Es inaceptable que el tiempo para hacer proselitismo político, según los principios de la política debidamente entendida y atendida, el candidato-presidente los consuma en insultos que sólo revierten su posibilidad de reelección. ¿Qué virtud podría arrogarse Chávez para asentir que "el candidato opositor representa la burguesía saqueadora y hambreadora del país"? ¿O es que entre las atribuciones del Presidente está la de injuriar sin prueba alguna? ¿Y además, ser aplaudido? La investidura de Presidente constitucional no calza con la condición de militar pendenciero. Y al mismo tiempo, ignorante de lo que explica el arte de la política que no es "serrucho ni fusil". Todo pareciera un problema en contraste.
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