Venezuela: Renovación y madurez política
ANTONIO RIVAS
| EL UNIVERSAL
martes 31 de julio de 2012 02:26 PM
Los venezolanos hemos sido históricamente un pueblo presidencialista, le atribuimos y concedemos poderes especiales y casi sobrenaturales a nuestros presidentes. En especial en el actual gobierno, la figura del presidente de la República se ha convertido, para muchos, en una de semidios. Nada más nefasto para la conciencia colectiva que pensar que nuestro destino, para bien o para mal, depende de un solo hombre omnipotente.
En las venideras elecciones presidenciales parece que volvemos otra vez a caer en la tentación de pensar que un solo hombre va a cambiar al país. De corazón espero que Henrique Capriles gane las elecciones, no por Capriles, sino por Venezuela. No porque guarde la esperanza de que Capriles se convierta en el nuevo semidios, sino porque estoy convencido de que el gobierno de Chávez ha sido, en el balance, negativo para nosotros como pueblo, culturalmente nos ha hundido en la miseria de las limosnas y las dádivas como si las riquezas petroleras de la nación fueran mérito del presidente, y por la manipulación del ofrecimiento de mejoras de calidad de vida a cambio de vestirnos de rojo y aplaudir. Todo en medio de una descarada impunidad a la corrupción, a todo nivel, y una masacre de gente en las calles en manos de delincuencia común.
Sin querer desviarme de la intención de este artículo, tomo las anteriores líneas para enmarcar el contexto en el cual considero absolutamente necesario un cambio en el equipo de gobierno de Venezuela, y nótese que deliberadamente hablo de equipo de gobierno, no solo de presidente. Para mejorar las cosas, la oposición tiene esta vez a un candidato que reúne suficientes méritos y condiciones para que votemos por él no solo buscando huir de Chávez si no porque realmente representa la posibilidad de un mejor camino. Ante un eventual triunfo electoral de Henrique Capriles saldré a celebrar el cambio en el destino del país. Aplaudiré a un pueblo que no se deja manipular por un verbo sin fondo, ni se deja amedrentar por un presidente que excluye del gentilicio a quienes no lo apoyan. Mas, debo confesar que me reservo el derecho de celebrar a Capriles como presidente cuando lo crea acertado.
Que Capriles sea un buen presidente está por demostrarse. Queda claro que Chávez no lo es. Desde el día uno de Capriles en la presidencia debemos tener un ojo mesurado, crítico en el buen sentido de la palabra, celebrando las buenas acciones, proponiendo, en democracia, alternativas a los problemas, y elevando la voz cuando notemos indicios de exceso de poder, porque el presidente no es Dios y porque no somos fanáticos ciegos. Aplaudir en euforia algo que todavía no se ve, nos haría chavistas vestidos de azul. Yo creo que los buenos presidentes se reconocen por los aplausos al término de su mandato, no al comienzo.
Aceptando entonces que debemos dejar de lado el fanatismo, que nuestro destino depende de mucho más que el presidente, aterricemos nuestro pensar político y social a nuestro propio círculo, a nuestro propio actuar. El primer paso es votar. Que la participación sea masiva y que votemos con conciencia. Ya vendrá, Dios quiera, tiempo para celebrar una mejor Venezuela.
@antonioerivasr
antonioerivasr.blogspot.com
rivas_antonio@hotmail.com
En las venideras elecciones presidenciales parece que volvemos otra vez a caer en la tentación de pensar que un solo hombre va a cambiar al país. De corazón espero que Henrique Capriles gane las elecciones, no por Capriles, sino por Venezuela. No porque guarde la esperanza de que Capriles se convierta en el nuevo semidios, sino porque estoy convencido de que el gobierno de Chávez ha sido, en el balance, negativo para nosotros como pueblo, culturalmente nos ha hundido en la miseria de las limosnas y las dádivas como si las riquezas petroleras de la nación fueran mérito del presidente, y por la manipulación del ofrecimiento de mejoras de calidad de vida a cambio de vestirnos de rojo y aplaudir. Todo en medio de una descarada impunidad a la corrupción, a todo nivel, y una masacre de gente en las calles en manos de delincuencia común.
Sin querer desviarme de la intención de este artículo, tomo las anteriores líneas para enmarcar el contexto en el cual considero absolutamente necesario un cambio en el equipo de gobierno de Venezuela, y nótese que deliberadamente hablo de equipo de gobierno, no solo de presidente. Para mejorar las cosas, la oposición tiene esta vez a un candidato que reúne suficientes méritos y condiciones para que votemos por él no solo buscando huir de Chávez si no porque realmente representa la posibilidad de un mejor camino. Ante un eventual triunfo electoral de Henrique Capriles saldré a celebrar el cambio en el destino del país. Aplaudiré a un pueblo que no se deja manipular por un verbo sin fondo, ni se deja amedrentar por un presidente que excluye del gentilicio a quienes no lo apoyan. Mas, debo confesar que me reservo el derecho de celebrar a Capriles como presidente cuando lo crea acertado.
Que Capriles sea un buen presidente está por demostrarse. Queda claro que Chávez no lo es. Desde el día uno de Capriles en la presidencia debemos tener un ojo mesurado, crítico en el buen sentido de la palabra, celebrando las buenas acciones, proponiendo, en democracia, alternativas a los problemas, y elevando la voz cuando notemos indicios de exceso de poder, porque el presidente no es Dios y porque no somos fanáticos ciegos. Aplaudir en euforia algo que todavía no se ve, nos haría chavistas vestidos de azul. Yo creo que los buenos presidentes se reconocen por los aplausos al término de su mandato, no al comienzo.
Aceptando entonces que debemos dejar de lado el fanatismo, que nuestro destino depende de mucho más que el presidente, aterricemos nuestro pensar político y social a nuestro propio círculo, a nuestro propio actuar. El primer paso es votar. Que la participación sea masiva y que votemos con conciencia. Ya vendrá, Dios quiera, tiempo para celebrar una mejor Venezuela.
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