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Los muertos vivientes de la historia

HUMBERTO JAIMES QUERO |  EL UNIVERSAL
lunes 30 de julio de 2012  04:28 PM
¿Qué pueden decirle ciertos levantamientos y caudillos del siglo XIX a un productor de televisión, a un experto en comunicación digital y a un especialista en mercadeo? ¿Qué tiene que ver el general Joaquín Crespo con un estudiante de diseño gráfico? ¿Mucho o poco? ¿Mucho o nada?

Estas son preguntas que sacuden la mente de centenares de estudiantes universitarios, para quienes la historia de Venezuela impartida en ciertas profesiones se ha convertido en un conocimiento de dudosa utilidad en la vida real y,  por ende, seriamente cuestionado.

En diversas carreras como Comunicación Social, Letras, Sociología, Diseño Gráfico, Computación, entre otras, el cuestionamiento viene dado por múltiples razones que los ingeniosos pedagogos han obviado.

Lo que primero salta a la vista es el profundo divorcio entre la vocación de los educando y el diseño de los programas académicos. Obviamente el interés del joven está en los conocimientos  especializados que son  parte de la profesión u oficio en el cual se está formando, y no en los conocimientos complementarios que se supone contribuyen a dicha formación, que es el caso de una asignatura dedicada a la historia nacional.

Se supone que la asignatura de  marras intenta darle al joven una comprensión acerca del  país, le permite ubicarse en el tiempo  y en el espacio, entender  lo  que es su pasado, su  presente, y tal vez hasta  imaginarse algo respecto al  futuro.

Todo eso suena muy bien en la teoría, porque la realidad  es otra cosa. La verdad es que hay ciertos temas de la historia nacional que ya no facilitan la comprensión ni del país actual ni del mundo de hoy. Y eso afecta a los jóvenes. Aquí recordamos una idea que nos dejó Manuel Caballero en Contra la abolición de la Historia (2008). "A nosotros no nos interesan determinados temas por la muy simple razón de que ya no tienen incidencia en la historia venezolana de hoy".

Hay otra razón que sirve de base al cuestionamiento. Estos programas son muy parecidos a los contenidos  tratados durante lustros en los  cursos de  primaria y bachillerato, en las inefables campañas institucionales y propagandísticas  del Estado, es decir, son similares a esa  agenda reiterada hasta la saciedad y  tan manoseada en los últimos años.  Una agenda donde predominan los lugares comunes, los enfoques de antaño, donde hay poca novedad en los tópicos abordados, donde difícilmente son incorporadas perspectivas renovadoras. Los programas casi siempre giran en torno a la independencia nacional y otros temas que parecen repetirse infinitamente, que parecen dar la sensación de eterno estancamiento.  En ese contexto el joven universitario siente que el conocimiento histórico aludido "es más  de lo mismo".

Quizás lo que más les afecta es esa sensación de vivir apegado al pasado. El pasado sigue  haciendo de las suyas. Ana Teresa Torres ya lo había advertido en La Herencia de la Tribu (2009): "hay pasados que no terminan de irse... los héroes venezolanos no descansan en  el  Panteón Nacional... por el contrario, andan sueltos...". Y parecen decirnos, según Torres, una consigna tan contundente como lapidaria. "No moriremos". Como si fuesen muertos vivientes invencibles.

Los jóvenes  siempre apuestan al futuro. Antes que criticarlos, hay que entenderlos, sobre todo cuando exclaman: "¡estamos hartos de tanta historia!".

@humberto.jaimes

humjaro@yahoo.com


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