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Le dicen Chacumbele

FÉLIX R. CHACÓN |  EL UNIVERSAL
lunes 30 de julio de 2012  03:50 PM
Los humanos tendemos a movernos alrededor de los referentes en nuestras vidas para poder situarnos en tiempo y espacio. Es algo paralelo a lo representan los porcentajes y la relatividad. Agregan una dimensión desde donde podemos entender mejor muchas cosas.

Por ejemplo, el sábado subiendo de Maiquetía desperté a un hecho incontestable. Justo al frente de donde se encontraba el antiguo Retén de Catia, me topé con una realidad del tamaño de lo que tenía enfrente.

Una edificación de las nuevas que el gobierno nacional construye apresurada y cuestionadamente, luego de casi 14 años en el ejercicio del gobierno. Un edificio solitario al lado de la autopista a La Guaira y pareciera que en el medio de la nada porque rompe violentamente con la armonía que acostumbrábamos a ver en ese espacio poco armónico. Una caja rectangular con muchas ventanas pero que parecieran no cumplir su objetivo, sin ninguna gracia, sin ninguna consideración estética para quienes lo ocuparán, más que aquella relativa al omnipresente color rojo del comunismo.

Viendo detrás del edificio uno divisa nada más y nada menos que a los superbloques del 23 de Enero. Íconos de lo que fuera una gestión gubernamental eficiente en construcción de obras públicas para los venezolanos.

El contraste es humillante para la administración Chávez y atestigua a la más abyecta ineficiencia y desprecio por la gestión pública como expresión del bienestar que no ha sabido promover para los ciudadanos del país.

Los gigantes en el cerro del 23 de Enero son representativos de una época en la cual se construyó para ciudadanos, a pesar de la opresión de la dictadura, por paradójico que parezca. Edificaciones con apartamentos de variados metrajes y número de habitaciones, con amplias cocinas y salas comedor además de otros espacios, con ascensores, y yo escuché que los entregaron inclusive con calentadores. Enmarcados en una urbanización que aunque proyectada para la clase trabajadora, incluía escuelas, liceos, parques, canchas deportivas para variados deportes y una piscina, locales comerciales, supermercados y bodegas, dispensarios, y hasta un teatro. Caminerías, amplias vías para el tránsito automotor, y espaciosos estacionamientos en una época en la cual pocos tenían un automóvil. Al 23 de Enero lo servían varias líneas de autobuses así como de carros por puesto.

Los edificios en el 23 de Enero van desde el N 1 hasta el 50 y pico. Una sola urbanización, en una sola ciudad lo cual es una prueba de lo que el Presidente jamás podrá ni siquiera soñar, y mucho menos materializar. Será su vergüenza.
El contraste es demasiado fuerte como para que pase inadvertido. Es demasiado obvio como para ignorarlo y no comentarlo. Demasiado ofensivo para el país y sus ciudadanos como para no usarlo en contra de este atroz gobierno y hacerlo responsable de su terrible gestión gubernamental.
Ver ese edificio íngrimo y solo será por siempre la entrada de la Venezuela de Chávez.

No en vano le dicen Chacumbele.

frcint@yahoo.com


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