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TIEMPO DE PALABRA

Lo que se juega es demasiado. No es sana la estulticia del CNE ni la altanería de otros...

CARLOS BLANCO , WWW.TIEMPODEPALABRA.COM |  EL UNIVERSAL
domingo 29 de julio de 2012  12:00 AM
¿Por arriba o por debajo?
¿Quién está por arriba en las encuestas? ¿Son 3 puntos o 30? ¿Es insuperable la diferencia? Tales son los temas y las angustias dentro del chavismo y en el seno de los demócratas. La calle es una certeza: los actos, las emociones, los contrastes; pero se conoce que la calle tiene sus trucos, a veces seduce y muchas engaña; la calle es casquivana, se deja querer, exalta las emociones, pero no revela sus sentimientos. Nadie sabe si los de este lado asisten más porque son más o porque están más desesperados. También la calle es pieza esencial de la propaganda; un buen ángulo en el video es más convincente que el discurso mejor hilvanado. Sin embargo, la calle es la calle y está en trance de romance con Capriles y de abandono hacia Chávez. Hay gente en los dos lados, pero las demostraciones del candidato opositor muestran ríos de gente que viene, y en las de Chávez, también con mucha presencia (menos que antes), a partir de un cierto momento parecen ríos de gente que se va. Cuantiosos viandantes en la fotografía del instante, pero no es lo mismo llegar que irse, como el jueves en El Valle.

También existen los números. A veces son un reflejo de la calle pero han pasado por alambiques hasta el punto de que hablan un lenguaje en el cual los trashumantes no se reconocen: "a mí nunca me han entrevistado", "esas encuestadoras están compradas" y otras admoniciones propias de la crítica; del desacuerdo o la realidad.

La calle en sus emociones parece estar con Capriles, (casi) todas las encuestas y sus venenos con Chávez. Muchos se preguntan cuál es la verdad y la verdad es que esa pregunta no tiene respuesta. No la tiene porque la calle y las encuestas, cada cual a su modo, participan de la construcción de "la verdad". Ambas forman parte de lo que es la verdad, de lo que parece ser y de lo que será.



CONTEXTO. ¿Cuál es el efecto del autoritarismo rampante en la conducta de quienes son encuestados? Sin duda hay miedo a las represalias y uno más difuso, complejo, que es el miedo a un futuro incierto o a que de algún modo se use la opinión emitida -aun siendo chavista el emisor- para perjudicarlo. Es difícil expresarse con libertad; también para quienes protestan contra el gobierno pero defienden al Presidente.

Es posible que este factor haga crecer el número de indecisos y también que en su mayoría -al final- éstos sean proclives a la fórmula opositora, pero nadie lo sabe y lo que hay es una hipótesis plausible en esta dirección.

Existe un problema más profundo en este terreno y es la relación entre el poder autoritario y las encuestas. Pareciera lógico que entre un candidato ultra conocido como Chávez y uno que al inicio no lo era tanto, como Capriles, las encuestas revelaran al principio un desnivel favorable al primero. Este desequilibrio del punto de partida, explicable y lógico, al ser registrado por las encuestas y convertido en elemento de propaganda deja de ser "la fotografía de un instante" para convertirse -insisto, por vía de su manipulación- en una pretendida "fotografía de la llegada".

En un régimen democrático la desventaja inicial se puede descontar con las propuestas del opositor y en un Estado decente con las salvaguardas institucionales contra el ventajismo. En Venezuela es tarea titánica y difícilmente alcanzable. La diferencia promedio de una cierta cantidad de puntos favorable a Chávez (oscila entre 0% y 30%) se convierte en "la cama" para ajustar resultados para los cuales se acondiciona la opinión pública por medio del bombardeo propagandístico tanto del gobierno como de encuestadores interesados.

LA TRAMPA. Aunque las buenas almas creen -¡otra vez!- que las elecciones están blindadas porque hay una organización electoral propicia, la verdad es que las fuerzas fraudulentas andan de su cuenta. Es cierto que hoy la oposición está mejor preparada que nunca para cubrir las mesas; de acuerdo con informaciones disponibles existe un trabajo excelente en este campo. Sin embargo, las posibilidades de alterar la voluntad del elector o de que esta se exprese bajo los efectos del miedo están presentes como lo han demostrado los técnicos de Esdata, Votolimpio y Súmate.

Uno de los factores que crea una amenaza real sobre los electores es la presencia de las captahuellas conectadas a las máquinas de votación. No se trata de que el Gobierno sepa en tiempo real por quién vota cada ciudadano (un gobierno tan ineficiente, salvo que quiera saber por quién vota fulano específicamente, no sabrá jamás por quién sufraga el grueso de los votantes); el problema es que hay muchos (¡de esto hay estudios!) que creen que el Gobierno sabrá por quién vota. Esta creencia es crucial y por lo tanto la arrogancia e insolencia de quienes desestiman este hecho es realmente lamentable: pueden hundir en su petulancia las excelentes perspectivas de Capriles. Hay otros factores que el Gobierno maneja a discreción: el RE, los recursos públicos, el funcionamiento el 7-O de las máquinas, entre otros.

Con la suma de los ingredientes anotados el Gobierno puede intentar, no que el CNE diga resultados diferentes a los de las actas, sino lograr que un sector vote abusivamente constreñido o que en el margen se hagan trampillas el 7-O, que puedan convertir 51% en 49% y de allí a llorar al valle.

Aquí es donde entran las encuestas. Los vencedores saldrán a decir, claro, tenía que ser así: las encuestas lo decían; los perdedores que no querrán asumir la responsabilidad de no haber combatido el fraude dirán: "lo intentamos pero no lo logramos... ahora a la elección de gobernadores... " Los antiguos métodos de tortura, a lo Pedro Estrada o la antigua Digepol, reventaban miembros, dejaban cortaduras y desgarraduras; los "modernos" métodos te pueden asfixiar, casi ahogar, reventar por dentro, y luego puedes comparecer en una rueda de prensa sin una rasgadura.



PROPAGANDA. No voy a abordar el tema de si se trucan o no los números; no es el tema de este trabajo. Supóngase que todas las empresas de estudios de opinión obtienen las cifras que dicen y que lo que las diferencia es la metodología y el tratamiento de segmentos de la opinión, por ejemplo, los indecisos. La cuestión es que -como se dijo más arriba- es inevitable (y bueno) que los números se sepan; pero cuando los directivos de las encuestadoras trabajan (directa o indirectamente) para clientes que están en el juego electoral, sus planteamientos se deslizan del análisis a la propaganda y, en el contexto actual, pueden contribuir a crear el marco de la "victoria" oficial, en la cual no es que las predicciones se acerquen a los resultados, sino que los resultados sean intervenidos para "aproximarse" a las predicciones.

Lo que se juega es demasiado. No es sana la estulticia del CNE ni la altanería de algunos e influyentes miembros de la dirección opositora que, como Chávez, quieren callar la crítica.

Twitter @carlosblancog



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