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La opinión pública

Las autoridades tarde o temprano tienen que reconocer la legitimidad de la oposición

JUAN MARTIN ECHEVERRÍA |  EL UNIVERSAL
domingo 29 de julio de 2012  12:00 AM
La oposición ha pasado por distintas etapas durante estos largos 13 años: en la primera consideró, con cierta ingenuidad, que el régimen iba a reconocer sus errores en base a las innumerables manifestaciones y protestas; después entró en una segunda etapa de desilusión y desesperanza, con pequeñas interrupciones donde salió a votar y se lograron resultados, sin embargo, en definitiva, las autoridades no tomaron en cuenta la voluntad general y rechazan hasta a la Constitución vigente, que fue promovida y aprobada a su iniciativa; ahora entramos en una tercera etapa de un gobierno desgastado, que corre en círculo y pareciera verse a sí mismo como en un callejón sin salida. Sólo eso explica que el titular del Ejecutivo considere como una prioridad absoluta, de su presunto futuro gobierno, la limpieza del río Guaire y afirme que en dos años no necesitaremos de las importaciones de alimentos.

Es una grave equivocación atribuir una lógica democrática a los sistemas autoritarios, ya que la propaganda de Estado trata de convencer y luego abruma por el contraste entre lo que no ha hecho y la realidad cotidiana. Allí entra a continuación la guerra ideológica, que sólo es posible en un sistema que se reviste de autoritarismo, pero que acaricia con las dos manos lo totalitario, donde todo el que no se somete, actúa y predica el mensaje del régimen es un enemigo que debe ser destruido; pierde el sentido de la realidad y monta un aparato monolítico, con una sola voz y el propósito de desactivar la sociedad, y su metodología es la represión contra cualquier forma de disentimiento a través de su criminalización.

Rousseau, en su Contrato Social, resaltó la fundamentación del derecho de opinar, proponer, deliberar, discutir y votar, porque las formas de participación no pueden consistir solamente en el voto y la democracia necesita de otras posibilidades de expresión. El concepto pueblo está ligado al concepto de opinión pública, ya que si éste no tiene la posibilidad de expresarse es como un cuerpo sin alma, pasivo y sumiso, de allí lo esencial de la presencia activa y permanente de los ciudadanos vigilando las violaciones a la Constitución y el derroche de los recursos públicos.

Es la vieja comparación entre la patrulla de policía y la alarma de incendio: la inseguridad ha llegado a tal nivel de violencia, que los propios funcionarios son asesinados para arrebatarles su armamento, pero quien denuncia de manera pública puede ingresar en una especie de Lista de Tascón. Una de las características esenciales de la opinión pública, es que en el fondo es ingobernable, aunque se quieran controlar los medios de comunicación social, se sancione la protesta y se imponga el silencio, las autoridades tarde o temprano tienen que reconocer la legitimidad de la oposición, y la indispensable dialéctica del debate parlamentario y del acceso a informaciones y documentos que se ocultan a la población.

La democracia es el régimen que no puede crecer y fortalecerse sino a través de una interrogación permanente, y será siempre contraria a la dominación.

juanmartin@cantv.net



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