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Muéstrame tu rostro

ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN |  EL UNIVERSAL
sábado 28 de julio de 2012  03:24 PM
Quien tiene que dar la cara no lo hace. Vuelve a escudarse en el rostro de un pasado equis, con una realidad y un contexto equis, que nada, absolutamente nada tiene que ver con el aquí y el ahora; más allá de esa nostalgia que se torna en venganza y revancha y que no hace más que enfilar horizontes retrógrados hacia lo que nunca fue, ni mucho menos pretendemos, los venezolanos, ser.

Ese juego macabro con la muerte y los muertos, insiste en la tesis de anclar a Venezuela en una sucesión de batallas y guerras fratricidas, extemporáneas, descontextualizadas del mundo globalizado y en constante evolución.

Para aquellos que sienten algún tipo de admiración por personajes históricos, de poco valen el largo de las patillas, lo ensortijado del cabello o la forma de los pómulos; si el legado intelectual, si el manejo conceptual, si la visión de mundo, se quedan enterrados en la labia -jamás discurso- de quien solo sabe manipular, desde las máscaras -ahora en 3D- para intentar un beneficio personal.

Pero el país, esta amalgama de necesidades, de penurias, de ilusiones y esperanzas, está ya muy por encima de retratos y de fábulas. Los asesinatos a sangre fría, la escasez de servicios de buena calidad, la rigidez de los controles, el estancamiento del salario real, el decrecimiento en los niveles de educación, el deterioro de la asistencia sanitaria; dibujan -no en tercera dimensión- sino en la dimensión real, una Venezuela que no se puede prestar para este templete de palabras y aplausos frente a un cuadro más, frente a una decepción hecha fiesta en medio de la mediocridad.

Por eso, cuando se develan estas obras de la inmadurez política, con la parafernalia propia de aquellos que no tienen nada que decir, porque ya todo lo han dicho y todo lo dicho se ha vuelto farsa y promesa incumplida y palabra al viento; habría que increpar con fuerza: Muéstrame tu rostro. No como un reclamo al otro, que solo sabe de escondrijos y vericuetos nutridos de medias verdades; sino como una reflexión personal.

El rostro de los héroes es exactamente igual al rostro que cada uno le ponga a su expectativa, a su necesidad de crecer, de avanzar y de sumar para que el país progrese, para que el país se no quede enmarcado, colgado en una pared inamovible.

incisos@hotmail.com

@incisos


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