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Un mausoleo para la democracia

JOSÉ MAYORA |  EL UNIVERSAL
viernes 27 de julio de 2012  03:12 PM
¿Es posible un debate público sin polarización? Cuando una democracia funciona, cada problema operativo o político que surge, es motivo de una intensa discusión pública, la que se da a partir de las proposiciones originadas en fuentes diversas. Como resultado de este diálogo,  se construye una solución que es aceptada por todos o, en el peor de los casos,  tolerada por quienes  la adversaron.

Al parecer, en algunas democracias  el tratamiento de los conflictos no sigue esta regla. Al contrario, se promueve una polémica que tiene como finalidad impedir el debate y desdibujar el compromiso de los involucrados. En este escenario, es difícil imaginar una solución que resulte aceptable o beneficiosa  para la mayoría. Más bien, la tendencia apunta hacia la división de  los ciudadanos para evadir el diálogo y, de esta manera, mantener niveles elevados de conflictividad.

En estricto sentido, las democracias que así se comportan,  no funcionan pues la no convocatoria de todos sus miembros, obedece a su carácter monopólico, como única manera de operación. Así como en el campo económico existen regulaciones para contrarrestar los efectos perversos del monopolio, estas supuestas democracias diseñan  mecanismos regulatorios orientados  hacia la hegemonía: "o lo tomas o lo dejas", es el margen de maniobra que le queda a quienes no suscriben esta postura.

En estas supuestas democracias, la polarización se sustenta en un discurso dominante que es accesible a una parte de los involucrados, aunque en apariencia, pretende abarcarlos a todos.  Es un discurso que provee las ideas, las experiencias, las conductas convenientes y su  finalidad es cancelar el debate. El discurso dominante se torna en un discurso suma cero, lo que gana uno es porque lo pierde el otro. De allí que el discurso proveniente de los adversarios siempre se interprete como desestabilizador e inconveniente. Nunca tendrá espacios de mutua convivencia. 

Al adversario le está negado el éxito. Los resultados de esta distorsionada  democracia no se miden por sus logros en la consecución de las finalidades públicas, sino por lo que se le arrebata a los contrarios sobre todo, cuando estos tienen una oferta atractiva.

Un ejemplo de lo anterior, lo conseguimos en el mausoleo que supuestamente se construyó para colocar allí los restos del Padre de la Patria. Por su importancia nacional e histórica, esta  decisión  supuso una discusión pública  que nunca se dio pues, en una democracia  polarizada,  una parte de ella no es percibida como miembro, razón por la cual la elite no le consulta ni a los adversarios ni a los afectos.

Si ya Bolívar tenía un "Panteón Nacional" ¿para quién es este mausoleo?  La gran obra de este gobierno durante 14 años, ha consistido en cambiar a una democracia perfectible, por un régimen autocrático decadente, de manera que lo que  realmente se quiere enterrar es a la democracia, a las realidades del pasado, a todo aquello que incomoda a quien dirige el proceso y, por supuesto, al derecho a soñar con una verdadera democracia.

Esta revolución se ha caracterizado por ofrecer  obras que no se han cumplido. Paradójicamente, es capaz de construir obras que ni ha ofrecido ni ha consultado. Está claro que las ofertas las entierran en fosas comunes: ¿cuántos "mausoleos" más anidan en los deseos del todopoderoso líder de la revolución antidemocrática?

Mayora.j@gmail.com


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