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Rescatando al tío loco

La derecha ha optado por tirarle un cable a Capriles para que se conecte con Bolívar

CLODOVALDO HERNÁNDEZ |  EL UNIVERSAL
viernes 27 de julio de 2012  12:00 AM
La jugada del comando de Capriles es muy astuta: ya que no les conviene llegarle a Bolívar por lo social (sería otro gesto copión e hipócrita), están tratando de llegarle por las sociales.

Parece un juego de palabras, pero es una cuestión filosófica. Mire usted ese muestrario de la realidad, del aquí y el ahora, que es un periódico (puede ser este mismo) y comprobará que hay un abismo entre las páginas donde se enfoca la palabra social, en singular, y las páginas "de sociales". Las primeras, las de lo social, se refieren a la sociedad entera, tal como es, con énfasis en la infausta suerte de los sujetos chancletudos y sus infaltables perros de raza cacri. Las páginas sociales, en cambio, se concentran en reseñar la buena vida de la gente de abolengo y tronío, de alcurnia y solera, de estirpe y condición. Es una zona exclusiva para personas con linaje y canes con pedigree. En las páginas de lo social hay recogelatas anónimos, pacientes que le hacen honor a esa palabra en algún hospital de gente (supuestamente, como canta Juan Luis), cloacas rotas y sucesos sangrientos perpetrados por individuos con alias. En las páginas de sociales abundan mujeres bellas, hombres elegantes, viejitas disfrutando de la hora loca, vasos rebosantes de whisky y apellidos compuestos.

Pues bien, ya que el icono del Libertador parece estar tan indisolublemente asociado al imaginario popular, nuestra derecha ha optado por tirarle un cable a Capriles para que se conecte con tan poderoso símbolo. Cada quien hace las cosas como sabe hacerlas y la gente chic acostumbra decidir sus relaciones mirando árboles genealógicos. Así que cuando se convencieron de la urgencia de meter a Bolívar en la oferta electoral, lo hicieron a su manera: remontándose a la época en la que, para fastidiarlos, no les decían majunches sino mantuanos. Es una medida de emergencia, claro. Luego ya se verá cómo salen de la suerte.

A los genios de la genealogía se la presentaron algunos problemas. El principal es que Bolívar no tuvo hijos, aunque empleó bastante tiempo -según chismes de la crónica social de la época- haciendo las gestiones. Sin embargo, tal como sentencia el saber popular, "a quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos", de modo que la línea de descendencia se estableció mediante colaterales.

Consulto a mi amigo el profesor de Historia y me dice que en el caso de Bolívar, se aplica con mucha exactitud el adagio. "Los sobrinos del Libertador, al menos aquellos con los que tuvo trato, parecían regalos del diablo. No lo querían y lo consideraban como el tío loco de la familia, pero no dudaban en utilizar su nombre cuando les convenía". Hay cosas que se llevan en la sangre. Nobleza obliga.

clodoher@yahoo.com



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