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Las importancia de los especialistas

OSWALDO PULGAR PÉREZ |  EL UNIVERSAL
jueves 26 de julio de 2012  03:25 PM
Fui con un amigo a comprar unas medicinas. Era una tienda grande donde también se vendían aparatos fisioterapéuticos, ortopédicos, etc.

Realizada la compra, cancelamos y nos acercamos al funcionario que sella la factura. Debo aclarar que mi amigo es ingeniero electricista y el técnico de las facturas estaba familiarizado con las redes de la tienda.

Sólo así se entiende el diálogo que voy a relatar y que escuché completo. Mi amigo le dice al dependiente: -¿Ese ruido procede del Sol? La verdad es que, en medio de tantos ruidos como los que se pueden producir dentro de una tienda, yo no me había percatado de un ruido semejante al que producirían varios perros caminando sin prisas por el techo.

El empleado, como quien lo tiene bien experimentado, contestó que sí. Explicó además que el edificio está encapsulado dentro de un material aislante que protege de los rayos del Sol y beneficia el rendimiento de los aires acondicionados. Cuando los rayos del Sol inciden directamente sobre el techo generan ese murmullo, que ambos capturaron sin mayor esfuerzo.

¿Qué pudiera haber hecho Gaudí para construir el templo de la Sagrada Familia en Barcelona si no hubiese contado con maestros de obras, plomeros, albañiles que pusieran en práctica sus líneas maestras? ¿Y qué podrían haber hecho los albañiles sin el artista? ¿Podrían imprimirle al barro y a los materiales ese arrebato al cielo que insinúa la estructura?

En la vida son tan importantes los especialistas como los generalistas. Pienso que para ejercer como unos o como otros, hacen faltan algo más que estudios académicos o artesanales. Se necesita más bien, en mi opinión, una actitud ante la vida que:

1 ) Nos haga tener claro que ambas ocupaciones -especialistas o generalistas- son necesarias y complementarias. 2 ) Que la mayor parte de las veces nos toca ejercer a la vez de especialistas y generalistas. Yo puedo ser especialista en construcción civil, pero al construir las casas y para aumentar mis ganancias, no puedo sustituir los materiales de primera calidad presupuestados, por otros de menor calidad. Estoy robando a la persona que depositó en mí su confianza y me pagó por ella.

Si soy comerciante no puedo vender productos que no tengan repuestos en el mercado, sin advertirlo claramente al comprador. Si soy médico, no puedo ligar a una parturienta porque ya tiene muchos hijos. Ese es problema suyo -con su marido-, no mío. Yo puedo advertir de los riesgos futuros si los hay. Pero la decisión es de los padres, no mía.

No podemos dejarnos llevar por un generalizado pragmatismo que nos lleva a justificar cualquier medio con el objetivo de alcanzar cualquier fin. Ya lo dijo, entre otros, Mahatma Gandhi hace mucho tiempo: "Los mejores fines hay que conseguirlos con los mejores medios" o "El fin no justifica los medios".

opulgarprez6@gmail.com


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