¿Para qué una guerra civil?
OSCAR HERNÁNDEZ BERNALETTE
| EL UNIVERSAL
lunes 23 de julio de 2012 03:46 PM
La torpeza de los hombres de poder puede ser infinita. Tanto que dicen conocer a sus pueblos y la mayoría de las veces sucumben ante las tentaciones por mantenerse en las mieles del mando. ¿Quién quiere ser jefe de una nación cuando la gran mayoría le desaprueba? Los pueblos llegan al punto de rechazo de sus líderes no siempre porque difieren de la ideología o la forma de desempeñar el Gobierno, sino que muchas veces gran parte de la población carga en lo más recóndito de su psiquis social un gran resentimiento contra quienes abusan y se perpetúan en el poder. De allí, que las válvulas de escape democráticas como lo son, la alternancia y las elecciones transparentes son herramientas fundamentales para mantener la paz social de las naciones. Cuánto derramamiento de sangre se ha producido porque los hombres de Gobierno no entienden los límites de sus derechos en el poder.
Cuando un hombre electo se vuelve soberano, cuando los que heredan no representan la legalidad y cuando se violenta diariamente las arcas del Estado para beneficio de pocos, entonces, en ese torrente de sabiduría que llevan las ciudadanías se da paso al deseo de cambio, de nuevos tiempos, de nuevos rostros y de futuro para aquellos que han quedado marginados por el abuso y el irrespeto de unos cuantos sobre muchos.
Hago estas reflexiones pensando en Siria. La guerra civil ya toca las puertas de Damasco. La muerte y destrucción recorren las calles y en el centro la testadura actitud de un "rais" de quedarse en el poder. Preferir la muerte a la sumisión, dejar que miles de seres inocentes mueran por un capricho es un sin sentido y solo por mantenerse en el poder. De qué sirve estar en las más altas esferas de la autoridad mientras un pueblo se desangra, cuando una comunidad internacional le recomienda su retiro y cuando además los signos de la historia indican que ese pueblo va hacia un abismo. Ni el autócrata, ni su familia, ni sus seguidores tendrán tiempos mejores.
Pienso en esta infeliz historia de Siria y me llega a la mente un horrible video que circula en los medios de un grupo de rebeldes jugando con el cadáver de Gadafi y me pregunto, ¿cuánta diferencia puede haber en la historia de los pueblos cuando existe racionalidad?
En Libia el hombre fuerte se negó a negociar y terminó en la mayor humillación después de 42 años en el poder y con un país fracturado y derrumbado. En Egipto, Mubarak, mucho más astuto y racional evitó una guerra civil .Se enfrentó a un destino incierto, al peso de la ley y su nación entre conflictos de baja densidad aún se mantiene en pie y recién termina un proceso democrático. En Túnez donde nace el despertar de lo que se llama la Primavera Árabe terminó mal para el dictador pero bien para la integridad de la nación. Las protestas y disturbios callejeros forzó la renuncia y huida del país del presidente Zine El Abidine Ben Alí, que gobernó durante 23 años.
Entonces tenemos el caso de Bashar al Assad, presidente de Siria por sucesión de su padre quien había llegado al poder luego de un golpe de Estado. El país controlado y manejado por una minoría y por un clan familiar. La violencia en el país ya no es controlable y sea cual sea la densidad de los próximos días, como conflicto prolongado o un inminente final, evitar más muertes, terrorismo y una mayor desintegración debe ser un objetivo inaplazable. Las cartas las expuso Kofi Annan para alcanzar una salida al conflicto. Recomendó al Consejo de Seguridad emprender acciones enérgicas para detener el derramamiento de sangre y generar las condiciones para una transición política.
La única manera de preservar la paz y una sociedad democrática es siendo realmente democráticos.
oscarhernandezbernalette@gmail.com
Cuando un hombre electo se vuelve soberano, cuando los que heredan no representan la legalidad y cuando se violenta diariamente las arcas del Estado para beneficio de pocos, entonces, en ese torrente de sabiduría que llevan las ciudadanías se da paso al deseo de cambio, de nuevos tiempos, de nuevos rostros y de futuro para aquellos que han quedado marginados por el abuso y el irrespeto de unos cuantos sobre muchos.
Hago estas reflexiones pensando en Siria. La guerra civil ya toca las puertas de Damasco. La muerte y destrucción recorren las calles y en el centro la testadura actitud de un "rais" de quedarse en el poder. Preferir la muerte a la sumisión, dejar que miles de seres inocentes mueran por un capricho es un sin sentido y solo por mantenerse en el poder. De qué sirve estar en las más altas esferas de la autoridad mientras un pueblo se desangra, cuando una comunidad internacional le recomienda su retiro y cuando además los signos de la historia indican que ese pueblo va hacia un abismo. Ni el autócrata, ni su familia, ni sus seguidores tendrán tiempos mejores.
Pienso en esta infeliz historia de Siria y me llega a la mente un horrible video que circula en los medios de un grupo de rebeldes jugando con el cadáver de Gadafi y me pregunto, ¿cuánta diferencia puede haber en la historia de los pueblos cuando existe racionalidad?
En Libia el hombre fuerte se negó a negociar y terminó en la mayor humillación después de 42 años en el poder y con un país fracturado y derrumbado. En Egipto, Mubarak, mucho más astuto y racional evitó una guerra civil .Se enfrentó a un destino incierto, al peso de la ley y su nación entre conflictos de baja densidad aún se mantiene en pie y recién termina un proceso democrático. En Túnez donde nace el despertar de lo que se llama la Primavera Árabe terminó mal para el dictador pero bien para la integridad de la nación. Las protestas y disturbios callejeros forzó la renuncia y huida del país del presidente Zine El Abidine Ben Alí, que gobernó durante 23 años.
Entonces tenemos el caso de Bashar al Assad, presidente de Siria por sucesión de su padre quien había llegado al poder luego de un golpe de Estado. El país controlado y manejado por una minoría y por un clan familiar. La violencia en el país ya no es controlable y sea cual sea la densidad de los próximos días, como conflicto prolongado o un inminente final, evitar más muertes, terrorismo y una mayor desintegración debe ser un objetivo inaplazable. Las cartas las expuso Kofi Annan para alcanzar una salida al conflicto. Recomendó al Consejo de Seguridad emprender acciones enérgicas para detener el derramamiento de sangre y generar las condiciones para una transición política.
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