Devastador
FÉLIX R. CHACÓN
| EL UNIVERSAL
lunes 23 de julio de 2012 03:04 PM
La forma de hacer política en Venezuela ha cambiado.
En estos días me tocó volver a explicarles a mis hijos que el oficio de la política es quizás uno de los más desprestigiados del mundo, a pesar de que también es uno en el cual las personas deben contar con características especiales. La vocación de servicio, el sentido del altruismo, la responsabilidad ciudadana, el ser buen administrador, ser inclusivo, saber mediar, tener tolerancia para con el adversario, y ser fuerte para con los propios cuando las circunstancia así lo requieren, dentro de una vasta gama de calificaciones son ideales o necesarias.
Me preguntaban, ¿y cómo es entonces que escuchamos a diario los más severos calificativos para con los políticos y sus partidos, cómo es que muy poca gente quiere serlo, o cómo siguen dirigiendo las naciones si son tan malos?
Difíciles interrogantes para contestarle a recién estrenados adolescentes, quienes a partir de nuestras visiones, respuestas, interpretaciones, militancias, etc., deberán ir formándose sus propias opiniones para el futuro.
Sería muy fácil descalificar a los políticos, a su oficio y a las organizaciones que representan. Hacerse eco de la gran opinión que solo puede descalificarlos. No obstante en mi caso, escogí, como de costumbre, el camino difícil y decidí explicarles que no debe haber nada más difícil que ser político. Que en todas las profesiones hay personas deshonestas, incapaces, poco profesionales, corruptas, ineficientes, y no son pocos. No obstante es en la de político en la cual parecieran sobresalir con mayor énfasis y tener mayor exposición y descarnada crítica. Una de las razones, es que el oficio de la política se ejerce en el ámbito de lo público, y se relaciona a las expectativas colectivas de la sociedad, a las esperanzas de los ciudadanos por un mejor mañana, a la administración de lo que es de todos, por ejemplo.
Quizás en Venezuela por ser un país donde ejercer la política es casi un deshonor, resulta interesante observar que se está rescatando y llevando a niveles los cuales son cercanos al deber ser, o por lo menos al cómo debería ser. Definitivamente está en marcha el nacimiento de un nuevo liderazgo político que está demostrando que sí se puede poner en práctica los más altos principios por los cuales la política debe existir.
En primer lugar, ver a una persona joven hacer uso de su derecho a ser político por convicción propia, y a pesar del descrédito que ello conlleva, inyecta esperanza, y nos devuelve colectivamente el sentido del deber como país, ese que hace que recuperen la dignidad perdida.
Es más, ver a un sinnúmero de líderes jóvenes tomar las riendas de la nueva política, y de la forma en la cual lo hacen, habla por sí solo de la verdadera revolución que se está desarrollando en el país.
Ver a un candidato joven que recorre la cancha al lado de los jóvenes sin ninguna pose, y verlo recorriendo el país de extremo a extremo, es una imagen muy poderosa contra la cual los ya viejos políticos enquistados en el poder desde la cómoda e improductiva burocracia, no pueden esgrimir ningún argumento que los redima ante un pueblo con sed de justicia.
Debe ser devastador para quien sabe de más que ya no juega en la caimanera.
frcint@yahoo.com
En estos días me tocó volver a explicarles a mis hijos que el oficio de la política es quizás uno de los más desprestigiados del mundo, a pesar de que también es uno en el cual las personas deben contar con características especiales. La vocación de servicio, el sentido del altruismo, la responsabilidad ciudadana, el ser buen administrador, ser inclusivo, saber mediar, tener tolerancia para con el adversario, y ser fuerte para con los propios cuando las circunstancia así lo requieren, dentro de una vasta gama de calificaciones son ideales o necesarias.
Me preguntaban, ¿y cómo es entonces que escuchamos a diario los más severos calificativos para con los políticos y sus partidos, cómo es que muy poca gente quiere serlo, o cómo siguen dirigiendo las naciones si son tan malos?
Difíciles interrogantes para contestarle a recién estrenados adolescentes, quienes a partir de nuestras visiones, respuestas, interpretaciones, militancias, etc., deberán ir formándose sus propias opiniones para el futuro.
Sería muy fácil descalificar a los políticos, a su oficio y a las organizaciones que representan. Hacerse eco de la gran opinión que solo puede descalificarlos. No obstante en mi caso, escogí, como de costumbre, el camino difícil y decidí explicarles que no debe haber nada más difícil que ser político. Que en todas las profesiones hay personas deshonestas, incapaces, poco profesionales, corruptas, ineficientes, y no son pocos. No obstante es en la de político en la cual parecieran sobresalir con mayor énfasis y tener mayor exposición y descarnada crítica. Una de las razones, es que el oficio de la política se ejerce en el ámbito de lo público, y se relaciona a las expectativas colectivas de la sociedad, a las esperanzas de los ciudadanos por un mejor mañana, a la administración de lo que es de todos, por ejemplo.
Quizás en Venezuela por ser un país donde ejercer la política es casi un deshonor, resulta interesante observar que se está rescatando y llevando a niveles los cuales son cercanos al deber ser, o por lo menos al cómo debería ser. Definitivamente está en marcha el nacimiento de un nuevo liderazgo político que está demostrando que sí se puede poner en práctica los más altos principios por los cuales la política debe existir.
En primer lugar, ver a una persona joven hacer uso de su derecho a ser político por convicción propia, y a pesar del descrédito que ello conlleva, inyecta esperanza, y nos devuelve colectivamente el sentido del deber como país, ese que hace que recuperen la dignidad perdida.
Es más, ver a un sinnúmero de líderes jóvenes tomar las riendas de la nueva política, y de la forma en la cual lo hacen, habla por sí solo de la verdadera revolución que se está desarrollando en el país.
Ver a un candidato joven que recorre la cancha al lado de los jóvenes sin ninguna pose, y verlo recorriendo el país de extremo a extremo, es una imagen muy poderosa contra la cual los ya viejos políticos enquistados en el poder desde la cómoda e improductiva burocracia, no pueden esgrimir ningún argumento que los redima ante un pueblo con sed de justicia.
Debe ser devastador para quien sabe de más que ya no juega en la caimanera.
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