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Siempre las armas

Hay armas buenas, que están con los amigos de la causa y malas, que pertenecen a policías y particulares

JUAN MARTIN ECHEVERRÍA |  EL UNIVERSAL
domingo 22 de julio de 2012  12:00 AM
La racionalidad de la política no puede reducirse a estrategias y tácticas para la conquista o el mantenimiento del poder, la racionalidad tiene que abarcar las grandes líneas de la gobernabilidad y la gestión diaria de los funcionarios. Nos explicamos, los medios de comunicación reseñan la estadística de militares y funcionarios asesinados por el hampa, y un aspecto fundamental de esos crímenes es que en su mayor parte ocurren estando los funcionarios de servicio y para despojarlos de su armamento, que incluye en ocasiones fusiles. Terrible paradoja que es un alerta roja dirigida al régimen, ya que quienes deben protegernos son asesinados y por eso las autoridades acuerdan reforzar los puntos de atención con más personal (de 6 a 9).

Tener un arma se ha convertido en un alto riesgo, sobre todo si su poseedor puede ser fácilmente identificado por el uniforme que porta, y en cambio el poder de fuego de delincuentes y subversivos representa una patente de corso, que se adueña de los barrios, controlando el tráfico de drogas y los espacios bajo su dominio crecen en la medida en que se potencie su armamento. La prensa recoge fotos donde se esgrimen subametralladoras y pistolas como un trofeo que otorga vida, muerte, territorio y absoluto desprecio hacia el orden constituido.

El Gobierno actúa con la lógica del amigo y el enemigo, este último es la policía uniformada en manos de la oposición, que es desarmada y dejada a su suerte; igualmente quien la porta legalmente es despojado en los puntos de control sin un acta que lo respalde y con la duda que ésta termine en el Darfa, o se incorpore al mercado negro. El contraste: armas de diversa procedencia son paseadas por verdaderos ejércitos, que controlan sectores de la geografía urbana, sin ser molestados por las autoridades, funcionando como un Estado dentro del Estado. Para el régimen hay armas buenas, que están con los amigos y simpatizantes de la causa y armas malas, que pertenecen a policías y particulares.

En el socialismo radical la totalidad es lo falso, porque el discurso pretende ganarse al pueblo, pero en definitiva éste paga las consecuencias de la falta de políticas, las arbitrariedades y ese no reprimir para no molestar, lo que permite recolectar votos a costa de 20.000 muertos al año, con el agregado de entre 3 y 5 heridos como promedio por cada homicidio. La pasividad y omisión de no proceder contra delincuentes y subversivos, salvo casos extremos, está causando inmensos daños directos y colaterales a la democracia venezolana. Están equivocados los líderes, ya que la inseguridad está desbordada y quien la combata con éxito salva vidas y gana votos.

Ha ido surgiendo un modelo de movilización que exige empleo, vivienda, servicios, educación, salud y seguridad. No se trata de representantes del Imperio, o "agentes dobles", sino de ciudadanos que se activan en la defensa de su familia y de sus propiedades, porque el régimen no tiene en la práctica el monopolio del poder de fuego y, creyendo ser más fuerte, se equivoca al propiciar el actual estado de cosas, cuya gráfica culmina en una injustificable impunidad.

juanmartin@cantv.net



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