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Fanatismo superficial

ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN |  EL UNIVERSAL
sábado 21 de julio de 2012  03:42 PM
El fanatismo, cuando mucho, sólo en el deporte. El país no está para ese tipo de visiones simplistas, que lo supeditan todo a una percepción optimista o pesimista, sin entender que únicamente basta con entender la realidad, y ella, no admite mayores percepciones; se trata de hechos incontestables, verificables, contrastables y con consecuencias; todas ellas producto de una causa de revancha, venganza, resentimiento... miedo, sumisión y apatía.

Esta semana un eslabón perdido se pronunció en función del país que nos corresponde reconstruir. Los empresarios, en asamblea anual, advirtieron un plan gremial para la generación de empleos; obviamente vinculado a la seguridad jurídico-económica necesaria para emprender la ruta del desarrollo. Faltan otros tres eslabones; el de trabajadores, el académico y el de los profesionales y técnicos.

En esos grupos clave; tanto como en los sectores políticos, es imprescindible la articulación. Eso solo es posible cuando existe una estructura de inclusión. Nada parecido a esas tomas de paja baldía que se han visto en las cadenas astroespaciales y en los arrozales que garantizan la soberanía alimentaria de importación, que tanto gustan a un gobierno empeñado en decir que es el sinónimo de lo nuevo, aunque el discurso le denuncie como el más pesado lastre del viejo populismo que se vale de la pobreza y la manipulación.

Durante estos primeros días de campaña electoral, con alto contraste entre los dos principales candidatos a la presidencia, está claro que el fanatismo ha hecho su parte. Toca, como muestra de convicción y análisis, como evidencia de crecimiento político y ciudadano, establecer la prioridad de la nación como un todo indivisible.

El discurso se encuentra a ras de piso. Lo que venga luego del siete de octubre próximo será el inicio, desde cero, de cualquier posibilidad, programa o plan de reconstrucción, de reinicio, de reimpulso de un país sumido en hectáreas de mentira, en satélites de verbo incendiario, en la compra de armas para una guerra ideológica que en ningún caso apela a la independencia, ni a la soberanía, ni mucho menos a la libertad.

Por ahí va el fondo de la historia; contado patéticamente a través de formas de servilismo e irresponsabilidad que avalan con firmas desnaturalizadas acuerdos retóricos, que se aferran a un concepto de democracia que desluce y desdice frente a la violación constante, por obra u omisión.

Por eso la razón debe prevalecer por encima del fanatismo. Por eso es imperativo que la sindéresis actúe, independientemente de aquella condenable infravaloración del electorado y de los ciudadanos; porque una vez impuesta la voluntad en las urnas de votación; de nada valdrán las cancioncitas, ni las banderas, ni el entusiasmo puesto en cada marcha o concentración. Será el tiempo de actuar en función de lo que nos corresponde como país sobreviviente de la guerra del odio y la violencia; y eso no es otra cosa que la reconstrucción de la sociedad; esta misma que hoy se deja llevar por un fanatismo malsano, que no se detiene a analizar ni lo urgente ni lo importante, sino lo superficial.

incisos@hotmail.com

@incisos


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