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El papagayo enredado que no cumplió

OLGA GALLEGOS |  EL UNIVERSAL
sábado 21 de julio de 2012  03:47 PM
Mercedes salió a caminar, como buena caminante que es, va al encuentro de los alegres niños en su día. Es un buen día para los niños pero malo para los adultos porque se avecina mucha algarabía por los alrededores. Temprano en la mañana todo está silencioso a diferencia de otros días, en los que siempre hay un poco de barullo, sea de niños o adultos. Sin embargo, en ese lugar al igual que en la vida, cuando está menos concurrido, se ven las costuras, así, Mercedes descubre el juguete que se le perdió a algún distraído niño ayer, o quién sabe cuándo; también encuentra bolsas plásticas, botellas, empaques de todo tipo, señal de que algunos no encontraron el camino correcto al basurero.

Mercedes avanza y, más adelante, encuentra colgada de la rama de un árbol una bolsa negra, simulando ser un zamuro, que con la ayuda del viento juega a mantener alejadas a las aves; un poco más allá, en la copa de un frondoso y anciano árbol, descubre algo que semeja un ave grande pero no lo es; es un singular papagayo, algo artístico porque tiene unas figuras bien trazadas en rojo sobre fondo blanco, es grande y de reciente fabricación, diferente a los de siempre pero está bien enredado en lo alto de la copa del árbol. Mercedes reflexiona que al altivo papagayo no le será fácil liberarse de su prisión porque está condenado a la destrucción, ya nadie volverá la mirada hacia él, los niños que lo amaban lo abandonaron porque se enredó, así, su tiempo de apogeo terminó.

Como todo en la vida, los ciclos que vivimos terminan y, ese papagayo que una vez voló alto, enseñoreándose sobre todo lo terrestre y obligando a los demás a hacerle reverencia, perdió la conexión con aquello que lo llevó un día a la cima. En su prisión de árbol, el papagayo se encuentra solo, se entristece al darse cuenta que llegó tan alto y no logró surcar los cielos y cumplir lo prometido a quienes una vez lo amaron.

Al papagayo enredado en la rama, no le queda más remedio, que dignamente cederle el paso a otros papagayos; los niños amarán sus nuevos papagayos los niños aman sin importar el color, clase social o la nacionalidad de qué estén hechos , quizás esos papagayos no se enreden en un árbol sino que vuelen victoriosos a otros cielos y, cuando sus ciclos terminen, volarán solos pero con la certeza de que cumplieron sus promesas.

Mercedes se aleja con la esperanza y la convicción de que los niños del lugar sean felices y libres de jugar con brillantes papagayos de diferentes colores que vuelen libres hacia nuevos cielos.

ogallegosn@gmail.com


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