Condenados a perder
Capriles nombrará su equipo militar y ellos provendrán de las filas naturales de esas fuerzas
|
|
ANTONIO COVA MADURO
| EL UNIVERSAL
miércoles 18 de julio de 2012 12:00 AM
Contrariando mis costumbres -siempre voy "armado" con cuatro o cinco CDs (canto gregoriano, barroco o música contemporánea) para súbitas cadenas- esta vez no quise echar mano de mi "arsenal" sonoro, sino que me dispuse a oír la perorata del Único, del Gran Comunicador (consagrado así por radios y periódicos venezolanos), de modo de observar cuál es su estrategia para una campaña electoral en la que está en obvia desventaja.
En efecto, el único, y eterno candidato gubernamental, no puede esta vez desplegar todas las armas que mostró en el pasado. Su salud física le impide ir al pueblo; por eso su única posibilidad es que autobuses de todo color y variadas capacidades, le traigan a esa gente. Eso fue lo que ocurrió en Puerto La Cruz hace unos días. Pero, además, su salud electoral tampoco le permite "ir a la gente", y eso lo mostró admirablemente su veredicto -"el gobierno es malazo"- en el mismo Puerto La Cruz.
A Chávez, en efecto, una vez que está cerca de la gente, no le queda otra que tener que hablar de lo que a la gente le importa. Por eso se siente más cómodo -y más parlanchín, dicho sea de paso- actuando frente a las cámaras. Allí puede hablar de lo que se le antoje, de lo que ocupa su mente (y su delirio de grandeza también), no de lo que la gente necesita y anhela desesperadamente.
El problema de las cámaras como única audiencia es que la gente te siente otro, o igual, te siente en otra cosa. En el caso de Chávez, esto encubre un peligro mortal en el orden electoral: habla y habla ante y para la gente que poco cuenta para conseguir, y afianzar, votos. Y es eso, sólo eso, la única cosecha que en este momento importa, sobre todo cuando Capriles se multiplica por cien, por mil, por cien mil, con cada día que pasa...
Fue por eso que el pasado sábado l4, al mediodía, me dediqué a oírle. Mi primer asombro: ¿por qué una cadena -ergo, algo para todos- de un acto estrictamente militar? Y ese asombro tenía que ver con que lo que pase entre militares es de muy escaso interés para el público, chavistas incluidos. Y mucho menos por asuntos de índole administrativa, o como se dice en ese mundo, de "transmisión de mando".
Pero, que ese evento ameritase una cadena le dotaba de interés para quien quiere entender en qué anda el hombre. Chávez comenzó amenazando a su audiencia -ya tostada por el sol inclemente de la hora- con "ser breve", advertencia que siempre vaticina sesiones interminables. Y en ésta no faltarían los cuentos, el catecismo y el "traspapeleo" de la historia. De todo eso hubo, aunque sin que se extralimitase más allá de lo que su cáncer permite.
Escasa mención tuvo para el general Campos, el mismo que había parloteado de la peor forma el pasado 24 de junio, en su carácter de comandante general del Ejército. Aquel discurso repugnante y baboso pocos réditos le dio: no pasó un mes sin que fuese sustituido. Chávez, uno deduce, necesita otro tipo de militares en los duros momentos que se le vienen encima, y un improvisado orador, súbitamente convertido al socialismo, es de poca utilidad. Así que Campos logró una mancha indeleble y cero beneficios.
Pero lo mejor vino luego, cuando alertó a sus militares sobre el peligro de un Capriles presidente. Y allí olvidó algo fundamental: es la mayoría incontestable del pueblo la que te hace Presidente, no los militares, por fortuna. Allí están Videla y Pinochet para confirmarlo. Y una vez que esa mayoría te consagra en el oficio, a los militares no les queda otra que acatar o pedir su baja.
Como si fuera poco, otra pifia se le coló al parlanchín (esto es lo malo de hablar en exceso, siempre se cuela algo): le habló a generales y almirantes que le acompañaron en los golpes del 92, remachándoles que les tildaban de "golpistas". O sea, que sólo estaban allí los de su logia militar, sólo ellos han sido ascendidos y colocados en puestos clave y de jerarquía? ¿Y los otros, mi comandante, dónde están?
Los "otros" están esperando a que, por fin, se reinstale la institucionalidad en las Fuerzas Armadas y dejen de violarse sistemáticamente los arts. 328 y 330 de la Constitución vigente. Y eso lo sabe el país, Capriles, y, por supuesto, quienes se vieron obligados a oírle -¿por cuánto tiempo más?- bajo aquel sol abrasador.
Además, el presidente Capriles -como todo Presidente que elige el pueblo- nombrará su propio equipo militar y ellos provendrán de las filas naturales de esas fuerzas y no de un conciliábulo de aventureros que tiraron una pará y salieron premiados.
antave38@yahoo.com
En efecto, el único, y eterno candidato gubernamental, no puede esta vez desplegar todas las armas que mostró en el pasado. Su salud física le impide ir al pueblo; por eso su única posibilidad es que autobuses de todo color y variadas capacidades, le traigan a esa gente. Eso fue lo que ocurrió en Puerto La Cruz hace unos días. Pero, además, su salud electoral tampoco le permite "ir a la gente", y eso lo mostró admirablemente su veredicto -"el gobierno es malazo"- en el mismo Puerto La Cruz.
A Chávez, en efecto, una vez que está cerca de la gente, no le queda otra que tener que hablar de lo que a la gente le importa. Por eso se siente más cómodo -y más parlanchín, dicho sea de paso- actuando frente a las cámaras. Allí puede hablar de lo que se le antoje, de lo que ocupa su mente (y su delirio de grandeza también), no de lo que la gente necesita y anhela desesperadamente.
El problema de las cámaras como única audiencia es que la gente te siente otro, o igual, te siente en otra cosa. En el caso de Chávez, esto encubre un peligro mortal en el orden electoral: habla y habla ante y para la gente que poco cuenta para conseguir, y afianzar, votos. Y es eso, sólo eso, la única cosecha que en este momento importa, sobre todo cuando Capriles se multiplica por cien, por mil, por cien mil, con cada día que pasa...
Fue por eso que el pasado sábado l4, al mediodía, me dediqué a oírle. Mi primer asombro: ¿por qué una cadena -ergo, algo para todos- de un acto estrictamente militar? Y ese asombro tenía que ver con que lo que pase entre militares es de muy escaso interés para el público, chavistas incluidos. Y mucho menos por asuntos de índole administrativa, o como se dice en ese mundo, de "transmisión de mando".
Pero, que ese evento ameritase una cadena le dotaba de interés para quien quiere entender en qué anda el hombre. Chávez comenzó amenazando a su audiencia -ya tostada por el sol inclemente de la hora- con "ser breve", advertencia que siempre vaticina sesiones interminables. Y en ésta no faltarían los cuentos, el catecismo y el "traspapeleo" de la historia. De todo eso hubo, aunque sin que se extralimitase más allá de lo que su cáncer permite.
Escasa mención tuvo para el general Campos, el mismo que había parloteado de la peor forma el pasado 24 de junio, en su carácter de comandante general del Ejército. Aquel discurso repugnante y baboso pocos réditos le dio: no pasó un mes sin que fuese sustituido. Chávez, uno deduce, necesita otro tipo de militares en los duros momentos que se le vienen encima, y un improvisado orador, súbitamente convertido al socialismo, es de poca utilidad. Así que Campos logró una mancha indeleble y cero beneficios.
Pero lo mejor vino luego, cuando alertó a sus militares sobre el peligro de un Capriles presidente. Y allí olvidó algo fundamental: es la mayoría incontestable del pueblo la que te hace Presidente, no los militares, por fortuna. Allí están Videla y Pinochet para confirmarlo. Y una vez que esa mayoría te consagra en el oficio, a los militares no les queda otra que acatar o pedir su baja.
Como si fuera poco, otra pifia se le coló al parlanchín (esto es lo malo de hablar en exceso, siempre se cuela algo): le habló a generales y almirantes que le acompañaron en los golpes del 92, remachándoles que les tildaban de "golpistas". O sea, que sólo estaban allí los de su logia militar, sólo ellos han sido ascendidos y colocados en puestos clave y de jerarquía? ¿Y los otros, mi comandante, dónde están?
Los "otros" están esperando a que, por fin, se reinstale la institucionalidad en las Fuerzas Armadas y dejen de violarse sistemáticamente los arts. 328 y 330 de la Constitución vigente. Y eso lo sabe el país, Capriles, y, por supuesto, quienes se vieron obligados a oírle -¿por cuánto tiempo más?- bajo aquel sol abrasador.
Además, el presidente Capriles -como todo Presidente que elige el pueblo- nombrará su propio equipo militar y ellos provendrán de las filas naturales de esas fuerzas y no de un conciliábulo de aventureros que tiraron una pará y salieron premiados.
antave38@yahoo.com
Debido al alto tráfico de visitas en la página, El Universal ha decidido restringir la recepción de comentarios en sus noticias del día. Ofrecemos disculpas a los usuarios.
ESPACIO PUBLICITARIO
Acceso rápido a:
09:35 AM.
ELECCIONES 2013.
Comando Simón Bolívar invita a la colectividad a adherirse al recurso de impugnación
ESPACIO PUBLICITARIO
Alianzas
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Condiciones generales de publicación |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2013