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Alberto Adriani

Un referente para un mínimo acuerdo entre las dos mitades del país, que vendrá pronto

GUSTAVO LINARES BENZO |  EL UNIVERSAL
domingo 15 de julio de 2012  12:00 AM
Un acontecimiento extraordinario: una votación unánime en la Asamblea Nacional. Aún más extraordinario: voto unánime aprobatorio de una propuesta de la oposición. Tal fausto ocurrió esta semana, cuando la Asamblea aprobó un Acuerdo en conmemoración de Alberto Adriani. A propuesta de William Dávila, el Parlamento honró al muy ilustre merideño de Zea, una de las inteligencias más lúcidas de nuestra historia, cuya muerte prematura fue una de las más lamentables de la crónica patria.

Que todos los parlamentarios, tirios y troyanos, salgan a apoyar la figura de Adriani es una luz en las tinieblas de la discordia de estos tiempos. Sin querer encontrar lo que no existe en este gesto del Gobierno, que el pensamiento y la obra del merideño sean objeto de regocijo permite encontrar algo en común entre los dos bandos. Además, recordar a Adriani es recordar lo mejor de nosotros mismos.

El acuerdo, sus considerandos, son además de gran precisión histórica. Relatan la vida apasionante de un visionario, discípulo de Lord Keynes y pionero de la modernidad económica y social en Venezuela. De su obra, compuesta sobre todo de artículos y ensayos breves, pues la muerte lo sorprende a los 38 años, en ejercicio de la cartera de Hacienda en el gabinete de López, destaca una pieza fundamental de la autocomprensión de Venezuela: Las limitaciones del nacionalismo económico (gracias a la muy loable iniciativa de la Biblioteca Ayacucho de colocar sus libros en la red, puede leerse online).

Este ensayo, escrito poco antes de su muerte, apunta líneas esenciales para el desarrollo venezolano, enmarcándolo en el concierto de las naciones con lucidez y realismo. Destacan allí la necesidad de una industrialización inteligente y sus requerimientos macroeconómicos y el esbozo de una relación también inteligente y pragmática con Estados Unidos. Empezando por esto último, Adriani divide al mundo de la época en los imperialismos norteamericanos, europeo, soviético y chino, este último en formación, afirmando que la única manera de no convertirnos en apéndice de los angloamericanos era la unión latinoamericana. Sobre la industrialización, se mantiene en un justo medio entre el totalitarismo económico y el liberalismo total. Adriani es un referente para un mínimo acuerdo entre las dos mitades del país, que vendrá más pronto que tarde.

glinares@cjlegal.net



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