Librados de la muerte
ROSALÍA MOROS DE BORREGALES
| EL UNIVERSAL
sábado 14 de julio de 2012 04:31 PM
Es un camino recorrido cientos de veces, el intenso azul del cielo alegra los ojos e inspira una profunda paz al alma; la luz de la tarde que baña la montaña revela un paisaje familiar desde la niñez, un paisaje que siempre le cautiva el corazón, un destello de belleza que armoniza con la música excelentemente escogida por su amor, el amor de su vida, el compañero de siempre. Es día de reposo, un día de esparcimiento al que el trabajo noble y abnegado le ha tomado unas cuantas horas, y ahora, en este momento le vuelve a llamar.
Ellos han sabido superar grandes pruebas en la tan temida ciudad, han luchado, se han esforzado y le han dado los mejores años de sus vidas en trabajo y servicio integro. Están juntos, tranquilos, los cachorros están guardados en el calor del hogar y ellos disfrutan de la plática así como disfrutan del paisaje, aunque siempre, como la contraparte de la luz en la montaña, una sombra de miedo tácito los hace vivir sufriendo el sobresalto, la alerta, el no entregarse por completo al paisaje.
De repente, en la curva intensa, como una emboscada perversamente preparada, el carro delantero se detiene y de su interior salen hombres de negro con armas largas, solo antes vistas en las películas. Apuntan hacia ellos con la más despiadada mirada, con el odio que brota de un corazón que ha perdido todo rasgo de humanidad, con la soberbia del que se siente poderoso. Instantáneamente, el retroceso es accionado, con el ímpetu del amor que protege, del amor que no se da por vencido. Ella eleva una oración que sale desde sus entrañas y al pasar por su garganta deja el silencio del alma para escucharse hasta el cielo. Todo es muy rápido, en fracciones de segundo, se clama, se piensa, se toman decisiones, se encomiendan los hijos, se encomienda la vida, se entrega el alma.
Propulsada por el instinto más primitivo del ser humano ella se hunde en el asiento, hasta el punto donde aún esta protegida por el cinturón amigo, al mismo tiempo sus ojos se clavan en su amor y su oración es porque Dios le guarde la vida. En su maniobra de reversa él mueve su mirada hacia ella, sus ojos se encuentran en ese instante pero con el fuerte impacto se cierran. Comienzan a dar vueltas, son segundos eternos que oscurecen la mente; pero el corazón acelerado se aferra a la fe y mientras el vehículo sigue girando sin control, ellos escuchan sus propias voces fundidas en una oración a Dios.
El vehículo se ha detenido, el aturdimiento les invade; sin embargo, asombrados al encontrarse con vida comienzan a tratar de moverse, a tratar de orientarse con respecto a la posición del vehículo volcado. Se hablan, se cercioran de estar bien y se ayudan buscando la salida. Un hombre bondadoso se acerca, primero advierte que es un hombre de bien que viene a ayudar, pues este hombre ha visto todo lo ocurrido y presume el miedo que han dejado los perversos hombres de negro con armas de guerra. Les ayuda a desprender el parabrisas y a salir del vehículo. Al verles declara maravillado: -Están vivos, esto es un milagro- Y ellos agradecen por la vida, saben que en escasos minutos fueron dos veces librados de la muerte.
Ellos son ciudadanos constructores de país; ellos han amado a esta patria desde la niñez. En ella han sembrado las mejores semillas, han trabajado con esfuerzo levantando una familia y un trabajo digno. Pero hace muchos años que la esencia de bondad de esta nación se ha ido desapareciendo; que el gobierno perverso que la dirige se ha ensañado contra sus ciudadanos y les ha declarado una guerra sin tregua para sacarlos a patadas, o sin vida del país.
Muchos a diario viven historias similares, muchos jamás llegan a contarlas, y los muchos enlutados lloran sin consuelo. Los de esta historia saben con certeza profunda que en ellos se ha cumplido esa palabra de Dios en la que siempre han creído:
"Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación"
Salmo 91:14-16.
rosymoros@gmail.com
http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com
@RosalíaMorosB
Ellos han sabido superar grandes pruebas en la tan temida ciudad, han luchado, se han esforzado y le han dado los mejores años de sus vidas en trabajo y servicio integro. Están juntos, tranquilos, los cachorros están guardados en el calor del hogar y ellos disfrutan de la plática así como disfrutan del paisaje, aunque siempre, como la contraparte de la luz en la montaña, una sombra de miedo tácito los hace vivir sufriendo el sobresalto, la alerta, el no entregarse por completo al paisaje.
De repente, en la curva intensa, como una emboscada perversamente preparada, el carro delantero se detiene y de su interior salen hombres de negro con armas largas, solo antes vistas en las películas. Apuntan hacia ellos con la más despiadada mirada, con el odio que brota de un corazón que ha perdido todo rasgo de humanidad, con la soberbia del que se siente poderoso. Instantáneamente, el retroceso es accionado, con el ímpetu del amor que protege, del amor que no se da por vencido. Ella eleva una oración que sale desde sus entrañas y al pasar por su garganta deja el silencio del alma para escucharse hasta el cielo. Todo es muy rápido, en fracciones de segundo, se clama, se piensa, se toman decisiones, se encomiendan los hijos, se encomienda la vida, se entrega el alma.
Propulsada por el instinto más primitivo del ser humano ella se hunde en el asiento, hasta el punto donde aún esta protegida por el cinturón amigo, al mismo tiempo sus ojos se clavan en su amor y su oración es porque Dios le guarde la vida. En su maniobra de reversa él mueve su mirada hacia ella, sus ojos se encuentran en ese instante pero con el fuerte impacto se cierran. Comienzan a dar vueltas, son segundos eternos que oscurecen la mente; pero el corazón acelerado se aferra a la fe y mientras el vehículo sigue girando sin control, ellos escuchan sus propias voces fundidas en una oración a Dios.
El vehículo se ha detenido, el aturdimiento les invade; sin embargo, asombrados al encontrarse con vida comienzan a tratar de moverse, a tratar de orientarse con respecto a la posición del vehículo volcado. Se hablan, se cercioran de estar bien y se ayudan buscando la salida. Un hombre bondadoso se acerca, primero advierte que es un hombre de bien que viene a ayudar, pues este hombre ha visto todo lo ocurrido y presume el miedo que han dejado los perversos hombres de negro con armas de guerra. Les ayuda a desprender el parabrisas y a salir del vehículo. Al verles declara maravillado: -Están vivos, esto es un milagro- Y ellos agradecen por la vida, saben que en escasos minutos fueron dos veces librados de la muerte.
Ellos son ciudadanos constructores de país; ellos han amado a esta patria desde la niñez. En ella han sembrado las mejores semillas, han trabajado con esfuerzo levantando una familia y un trabajo digno. Pero hace muchos años que la esencia de bondad de esta nación se ha ido desapareciendo; que el gobierno perverso que la dirige se ha ensañado contra sus ciudadanos y les ha declarado una guerra sin tregua para sacarlos a patadas, o sin vida del país.
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"Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación"
Salmo 91:14-16.
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