La inocencia de Carreño
Él es parte de un estado general de desprecio hacia la gente que ya cansa
PEDRO GARCÍA OTERO
| EL UNIVERSAL
sábado 14 de julio de 2012 12:00 AM
Impertérrito, el diputado Pedro Carreño reta a sus colegas desde la tribuna de oradores de la Asamblea Nacional y justifica los viáticos (200 dólares diarios) que se le otorgaron para viajar a España a recibir su diplomado a distancia en Derecho Constitucional Internacional.
Carreño no explica allí su foto con el -desde varios ángulos cuestionado- piloto Pastor Maldonado en las previas del gran Premio de Europa, en Valencia, muy lejos de Madrid, donde, en teoría, recibiría su título. Una visita a Pastor, debe decirse, se ha convertido en must para la boliburguesía, una prueba de adhesión a los reales del régimen.
El exministro ya pasó una temporada en la nevera por explicar que su predilección por los zapatos y corbatas Louis Vuitton obedecía a que prácticamente no había producción nacional de estos bienes. Ahora, el parlamentario (de la Comisión de Contraloría, nada menos) recibe el apoyo de su bancada, su inmunidad lo hace intocable.
Como dice el Conde del Guácharo, lo que molesta no es que piensen que somos idiotas, es que estén seguros. Yo no acuso a Carreño de nada: es solo una consecuencia, y su maestría virtual y sus viáticos, anécdotas. Él es parte de un estado general de desprecio, que ya cansa, hacia la gente. Quien dice Carreño dice Tibisay, asegurando que Henrique Capriles aparece más en VTV que Hugo Chávez; mienta al presidente, afirmando que Venezuela exportará alimentos y que él es el primero que se queja de su gobierno. Nombra a miles de compatriotas que pasaron, en un santiamén, de Casarapa a Campo Alegre y de casita de playa en Boca de Uchire a condominio en Weston; y a millones más que justifican su apoyo a este bazarazo -que culminará pronto como monumental resaca-, solo porque les llegan las migajas.
potero@eluniversal.com / @pedrogarciao
Carreño no explica allí su foto con el -desde varios ángulos cuestionado- piloto Pastor Maldonado en las previas del gran Premio de Europa, en Valencia, muy lejos de Madrid, donde, en teoría, recibiría su título. Una visita a Pastor, debe decirse, se ha convertido en must para la boliburguesía, una prueba de adhesión a los reales del régimen.
El exministro ya pasó una temporada en la nevera por explicar que su predilección por los zapatos y corbatas Louis Vuitton obedecía a que prácticamente no había producción nacional de estos bienes. Ahora, el parlamentario (de la Comisión de Contraloría, nada menos) recibe el apoyo de su bancada, su inmunidad lo hace intocable.
Como dice el Conde del Guácharo, lo que molesta no es que piensen que somos idiotas, es que estén seguros. Yo no acuso a Carreño de nada: es solo una consecuencia, y su maestría virtual y sus viáticos, anécdotas. Él es parte de un estado general de desprecio, que ya cansa, hacia la gente. Quien dice Carreño dice Tibisay, asegurando que Henrique Capriles aparece más en VTV que Hugo Chávez; mienta al presidente, afirmando que Venezuela exportará alimentos y que él es el primero que se queja de su gobierno. Nombra a miles de compatriotas que pasaron, en un santiamén, de Casarapa a Campo Alegre y de casita de playa en Boca de Uchire a condominio en Weston; y a millones más que justifican su apoyo a este bazarazo -que culminará pronto como monumental resaca-, solo porque les llegan las migajas.
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