Por qué estamos así
Nuestros gobernantes tienen obstruidas las arterias con los escombros de las revoluciones
OSWALDO PÁEZ-PUMAR
| EL UNIVERSAL
jueves 12 de julio de 2012 12:00 AM
Ocho son las acepciones que registra el DRAE para la palabra revolución. La primera, acción de revolver, que es menear de un lado a otro. La última, giro o vuelta de una cosa sobre su eje, que es volver o regresar a donde se estaba. También revolución es el cambio violento de las instituciones de una nación. Ese cambio violento de las instituciones implica por supuesto un descontento con la forma como funcionan y el deseo de que funcionen de manera radicalmente distinta, pues de no ser así, si se quiere algo específico, simplemente basta una reforma.
¿Por qué una misma palabra sirve para definir dos ideas tan contrapuestas como la de revolver que es similar a la de girar sobre su propio eje y la de cambiar violentamente las instituciones? La respuesta no es sencilla pero intuyo que cuando usted desea un cambio absoluto y total es porque su descontento y rechazo de lo existente también es absoluto y por lo tanto no lo quiere cambiar sino erradicar.
Esto significa construir de la nada y como acabar con todo es un imposible, puesto que implicaría acabar con nosotros mismos, la revolución conceptualizada como cambio institucional se convierte en una revolución, es decir, gira sobre su propio eje, da vueltas sin avanzar, rota y no produce cambio alguno. Bastaría para mostrar que funciona en rotación permanente, tomar cualquier institución y ver cómo se la somete a reforma tras reforma, porque no se sabe a dónde se quiere llegar.
La evolución institucional permite avanzar y mejorar porque identifica el cambio que se propone hacer. La revolución al no identificar qué y cómo lo quiere cambiar termina rotando sobre su eje en el lugar de partida, mientras que los que van evolucionado se distancian más; y un nuevo iluminado proclama una nueva revolución que para acortar distancias, propone rotar a mayor velocidad sobre el propio eje, pues los culpables de nuestros males son esos que han evolucionado y se nos han distanciado porque nos han abierto las venas a nosotros latinoamericanos y nos estamos desangrando. En realidad lo que ocurre no es que nos hayan abierto las venas sino que nuestros gobernantes tienen obstruidas las arterias con los escombros de las incontables revoluciones, que no han servido sino para enriquecer a sus protagonistas y empobrecer al pueblo; y como es a través de ellas que el oxígeno llega al cerebro usted puede concluir por qué estamos así.
opaezpumar@menpa.com
¿Por qué una misma palabra sirve para definir dos ideas tan contrapuestas como la de revolver que es similar a la de girar sobre su propio eje y la de cambiar violentamente las instituciones? La respuesta no es sencilla pero intuyo que cuando usted desea un cambio absoluto y total es porque su descontento y rechazo de lo existente también es absoluto y por lo tanto no lo quiere cambiar sino erradicar.
Esto significa construir de la nada y como acabar con todo es un imposible, puesto que implicaría acabar con nosotros mismos, la revolución conceptualizada como cambio institucional se convierte en una revolución, es decir, gira sobre su propio eje, da vueltas sin avanzar, rota y no produce cambio alguno. Bastaría para mostrar que funciona en rotación permanente, tomar cualquier institución y ver cómo se la somete a reforma tras reforma, porque no se sabe a dónde se quiere llegar.
La evolución institucional permite avanzar y mejorar porque identifica el cambio que se propone hacer. La revolución al no identificar qué y cómo lo quiere cambiar termina rotando sobre su eje en el lugar de partida, mientras que los que van evolucionado se distancian más; y un nuevo iluminado proclama una nueva revolución que para acortar distancias, propone rotar a mayor velocidad sobre el propio eje, pues los culpables de nuestros males son esos que han evolucionado y se nos han distanciado porque nos han abierto las venas a nosotros latinoamericanos y nos estamos desangrando. En realidad lo que ocurre no es que nos hayan abierto las venas sino que nuestros gobernantes tienen obstruidas las arterias con los escombros de las incontables revoluciones, que no han servido sino para enriquecer a sus protagonistas y empobrecer al pueblo; y como es a través de ellas que el oxígeno llega al cerebro usted puede concluir por qué estamos así.
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