Individuo Individuo
Los grandes cambios sociales son promovidos y ejecutados por grupos minoritarios
JUAN C. SOSA AZPÚRUA
| EL UNIVERSAL
jueves 12 de julio de 2012 12:00 AM
¿Se imaginan qué sería de Venezuela si no fuéramos un Petroestado? ¿Si en lugar de promover el parasitismo apuntáramos al potencial del individuo? ¿Por qué no deslastrarnos de los mitos idiosincrásicos y concebimos un gran país?
Cuando el pesimismo me sobrevuela el alma, insisto en pensar en lo que hasta hace apenas unos años era el sudeste asiático, o lo que fue buena parte de Europa tras quedar devastada por las guerras; o lo que era Chile o Brasil en los años setenta, o Colombia diez años atrás. Pero para que no nos quedemos en el cuento y las lamentaciones circulares, es vital que agarremos el toro por los cuernos y asumamos actitudes no conformistas, evitando la tentación de asumir que este país sencillamente no tiene remedio.
Si algo nos enseña la historia, es que los grandes cambios sociales son siempre promovidos y ejecutados por grupos minoritarios, que con astucia y liderazgo se arriesgaron al fracaso, y con una disposición valiente y decidida se lanzaron a los tiburones con la certeza que brinda el tener un espíritu de ganadores, capaz de lograr imposibles. Al fin y al cabo, hemos visto en estos catorce años cómo el liderazgo de una sola persona logró hasta modificarle el nombre al país. Si esa fuerza carismática, bañada de las potencialidades económicas que tenemos, se hubiera volcado hacia el impulso estructural del progreso moderno y sin complejos, ¿dónde estaríamos hoy?
Este año es buen momento para promover debates, articulando propuestas que se alejen de las taras que nos enterraron en este túnel anacrónico, especie de caverna platónica donde los avances que experimenta el planeta parecen sombras amorfas que se escapan del mundo real.
Es tiempo de despedir al Petroestado y abrirle la puerta al poder del individuo.
jcsa@petroleoyv.com / @jcsosazpurua
Cuando el pesimismo me sobrevuela el alma, insisto en pensar en lo que hasta hace apenas unos años era el sudeste asiático, o lo que fue buena parte de Europa tras quedar devastada por las guerras; o lo que era Chile o Brasil en los años setenta, o Colombia diez años atrás. Pero para que no nos quedemos en el cuento y las lamentaciones circulares, es vital que agarremos el toro por los cuernos y asumamos actitudes no conformistas, evitando la tentación de asumir que este país sencillamente no tiene remedio.
Si algo nos enseña la historia, es que los grandes cambios sociales son siempre promovidos y ejecutados por grupos minoritarios, que con astucia y liderazgo se arriesgaron al fracaso, y con una disposición valiente y decidida se lanzaron a los tiburones con la certeza que brinda el tener un espíritu de ganadores, capaz de lograr imposibles. Al fin y al cabo, hemos visto en estos catorce años cómo el liderazgo de una sola persona logró hasta modificarle el nombre al país. Si esa fuerza carismática, bañada de las potencialidades económicas que tenemos, se hubiera volcado hacia el impulso estructural del progreso moderno y sin complejos, ¿dónde estaríamos hoy?
Este año es buen momento para promover debates, articulando propuestas que se alejen de las taras que nos enterraron en este túnel anacrónico, especie de caverna platónica donde los avances que experimenta el planeta parecen sombras amorfas que se escapan del mundo real.
Es tiempo de despedir al Petroestado y abrirle la puerta al poder del individuo.
jcsa@petroleoyv.com / @jcsosazpurua
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