Compartir

Nacido para debatir

JUAN CARLOS PÉREZ-TORIBIO |  EL UNIVERSAL
sábado 7 de julio de 2012  04:18 PM
Parte de la estrategia del candidato opositor ha consistido en evitar mencionar a su rival oficialista, y sólo lo ha hecho cuando lo ha retado a debatir los problemas nacionales. Por su parte, el candidato oficialista cuando se refiere a él lo hace despectivamente y rehúye el debate alegando que aquél es un  candidato muy poco digno para él. El contrincante oficialista ha basado su estrategia en el amor que dice sentir por su pueblo. Así, ha plagado las principales ciudades con corazones tricolores y lemas como "Chávez, corazón de mi patria", "Chávez y pueblo... un mismo corazón", "Soy Chávez de corazón" o "corazón venezolano". En un remedo de aquel "Cristo te ama" da a entender que él lo ha dado todo por su pueblo (hasta su vida, por aquello de la enfermedad). El candidato opositor, por el contrario, dice que hay un camino que debemos transitar para salir de esto. El aspirante oficialista se ha valido de la  polarización para recalcar que los problemas de la gran masa de la población son culpa de una minoría privilegiada. El opositor, sin embargo, insiste en que si marchamos todos juntos saldremos ganando. Uno habla de "pueblo" y de burguesía, el otro habla de país y de nación. De esta forma, el debate entre estos candidatos parece estar servido. Sin embargo, si no fuera por los aproximadamente cincuenta años de experiencia que se tiene con estos debates y los consejos que dan sobre el particular los respectivos asesores, no se entendería que quien es un excelente comunicador y critica al otro de hablar poco y de tener un pobre discurso se niegue a debatir.

Habría que decir que la retórica no siempre fue considerada un artificio engañoso y por mucho tiempo se le consideró una técnica imprescindible  en el tema judicial y el político. La democracia ateniense y pensadores como Aristóteles, ya sabían, por ejemplo,  que existía un razonamiento teórico (como el matemático) y otro práctico, propio de materias como la ética o la política. En el primero  no era posible la deliberación ni la discusión (digamos que dos más dos siempre será cuatro), pero en el segundo, que es el que usamos en nuestra vida práctica, no podemos prescindir del debate y la persuasión, y esto porque en cualquier cuestión que abordemos (legalización de las drogas, legalización del aborto, economía liberal vs economía centralizada, etc.) siempre habrá igual cantidad de argumentos válidos tanto  a favor como en contra del tema propuesto, por lo que  será en última instancia el "auditorio" (pueblo, ciudad o votante) el que termine adoptando lo que considerará como más conveniente o "razonable".  Así, mientras el razonamiento teórico se valía de los famosos silogismos, el retórico o práctico se valía de los entimemas, esto es: figuras lógicas probables pero no concluyentes o apodícticas.

La elocuencia y el uso del lenguaje persuasivamente es propio, por tanto,  de los sistemas  donde los ciudadanos necesitan escuchar las diferentes propuestas y tienen la posibilidad de escoger  entre varias alternativas, pero el hecho de aceptar o no el debate tiene en la época actual connotaciones mucho más pragmáticas que nos hablan de una especie de desprecio hacia el ciudadano. Por ejemplo, un candidato que esté mejor posicionado que su rival es muy poco probable que acepte debatir con éste, aunque ello prive a los ciudadanos de la oportunidad de conocer las propuestas de ambos candidatos y la forma  en que se desenvuelven. Sin embargo, en nuestro caso todavía no está dicha la última palabra. En primer lugar, el  candidato oficialista no es conocido precisamente por hacer mucho caso a sus asesores, los que, aunque la estrategia del no-debate casi nunca da buenos resultados, le deben estar aconsejando que rehúya el debate porque esto de alguna manera sería concederle mucha importancia a su contrincante. Pero si los números empiezan, como se espera, a mostrar el avance del candidato opositor, hará falta algún juego de manos para revertir esas tendencias, y no sería descabellado pensar que quien ha hecho de la palabra su principal arma acepte finalmente  el debate para demostrar que en ese terreno no hay quien le gane y que el  haber solicitado un debate ha sido una osadía por parte de su oponente.

Como se sabe, las tragedias siempre han contado con la voluntad indoblegable de los protagonistas.

@pereztoribio

www.diariosdelaincertidumbre.com


Más artículos de esta firma

Compartir
Debido al alto tráfico de visitas en la página, El Universal ha decidido restringir la recepción de comentarios en sus noticias del día. Ofrecemos disculpas a los usuarios.
ESPACIO PUBLICITARIO
ESPACIO PUBLICITARIO
cerrar