¡Gracias Venezuela!
Doy gracias a este país porque me recibió con generosidad, nunca conocí el rechazo ni la exclusión...
ADOLFO P. SALGUEIRO
| EL UNIVERSAL
sábado 7 de julio de 2012 12:00 AM
Ayer se cumplieron cuarenta años del día en que este columnista llegó a Venezuela, justamente cuando nuestra Argentina natal se debatía en medio de la violencia, la guerra civil, las guerrillas y la posibilidad concreta de caer en el precipicio de la utopía comunista que para entonces aún atraía a muchos sectores de la sociedad latinoamericana. Acababa de ser objeto de un intento de secuestro con violencia física ante los ojos de mi esposa.
Nuestro equipaje aquel día consistió en una maleta con ropa, ciento cincuenta dólares, una aceptable educación profesional, mucha juventud y ganas de echarle pichón. No llegué a vivir debajo de un puente sino acogido por mi familia política, de hondo arraigo venezolano.
Meses después llegó Leonor, mi esposa de pura cepa venezolana, cuyo amor, abnegación, apoyo, comprensión y oportunos reclamos, junto con su trabajo profesional permitieron que la familia progresara sin sobresaltos ni carencias. Traíamos tres hijos varones y en Venezuela nació nuestra única hembra. Todos ellos son "venezolanos por nacimiento" según nuestra generosa Constitución y porque así se sienten. Todos son profesionales universitarios. Quien esto escribe obtuvo su naturalización en 1975 y desde entonces ostenta la nacionalidad venezolana con orgullo.
Por eso cada cinco años en esta fecha agradezco a Venezuela y a quienes influyeron en forma decisiva para que la vida fluyera con bien: Francisco Palma que me recomendó para mi primer trabajo, Jorge Sosa Chacín que le dio empleo a mi esposa en la UCAB, Efraín Schacht Aristeguieta quien apadrinó mi carrera como docente universitario, Enrique Tejera París que guió mi paso por la política.
Lamentablemente, igual que muchas otras familias, hemos tenido que aceptar que tres de nuestros hijos y seis de nuestros ocho nietos hayan elegido vivir en EEUU. No es lo que hubiéramos deseado pero así ocurrió por circunstancias de las que todos somos triste y colectivamente culpables.
Doy gracias a Venezuela porque me recibió con generosidad, nunca conocí el rechazo ni la exclusión por mi condición de "reencauchado", más bien se abrieron puertas que jamás soñé, desde la docencia y el gobierno universitarios, la política, los medios y la posibilidad de ser parte en la formulación y ejecución de la política exterior de mi patria adoptiva a la que representé con orgullo y emoción numerosas veces.
Hoy, ya con el sol a mis espaldas y un país que no es el que hubiera querido para mis "años dorados" seguimos aquí y aquí nos quedamos hasta que Dios disponga el día en que nos iremos a confundir con esta tierra.
Qué ironía del destino aquella de haber salido hace cuarenta años de un país en cuasi-disolución para vivir una vida llena de realizaciones en la patria adoptada y ahora, al final de la jornada, constatar que el escenario se repite y que la Venezuela que uno ama con pasión incursiona por caminos que -en mi opinión- ya han demostrado que no conducen a la "mayor suma de felicidad posible".
Pero esta es MI Venezuela, la que yo elegí y la que me acogió. ¡Por eso le doy emocionadas y sinceras gracias!
apsalgueiro@cantv.net
Nuestro equipaje aquel día consistió en una maleta con ropa, ciento cincuenta dólares, una aceptable educación profesional, mucha juventud y ganas de echarle pichón. No llegué a vivir debajo de un puente sino acogido por mi familia política, de hondo arraigo venezolano.
Meses después llegó Leonor, mi esposa de pura cepa venezolana, cuyo amor, abnegación, apoyo, comprensión y oportunos reclamos, junto con su trabajo profesional permitieron que la familia progresara sin sobresaltos ni carencias. Traíamos tres hijos varones y en Venezuela nació nuestra única hembra. Todos ellos son "venezolanos por nacimiento" según nuestra generosa Constitución y porque así se sienten. Todos son profesionales universitarios. Quien esto escribe obtuvo su naturalización en 1975 y desde entonces ostenta la nacionalidad venezolana con orgullo.
Por eso cada cinco años en esta fecha agradezco a Venezuela y a quienes influyeron en forma decisiva para que la vida fluyera con bien: Francisco Palma que me recomendó para mi primer trabajo, Jorge Sosa Chacín que le dio empleo a mi esposa en la UCAB, Efraín Schacht Aristeguieta quien apadrinó mi carrera como docente universitario, Enrique Tejera París que guió mi paso por la política.
Lamentablemente, igual que muchas otras familias, hemos tenido que aceptar que tres de nuestros hijos y seis de nuestros ocho nietos hayan elegido vivir en EEUU. No es lo que hubiéramos deseado pero así ocurrió por circunstancias de las que todos somos triste y colectivamente culpables.
Doy gracias a Venezuela porque me recibió con generosidad, nunca conocí el rechazo ni la exclusión por mi condición de "reencauchado", más bien se abrieron puertas que jamás soñé, desde la docencia y el gobierno universitarios, la política, los medios y la posibilidad de ser parte en la formulación y ejecución de la política exterior de mi patria adoptiva a la que representé con orgullo y emoción numerosas veces.
Hoy, ya con el sol a mis espaldas y un país que no es el que hubiera querido para mis "años dorados" seguimos aquí y aquí nos quedamos hasta que Dios disponga el día en que nos iremos a confundir con esta tierra.
Qué ironía del destino aquella de haber salido hace cuarenta años de un país en cuasi-disolución para vivir una vida llena de realizaciones en la patria adoptada y ahora, al final de la jornada, constatar que el escenario se repite y que la Venezuela que uno ama con pasión incursiona por caminos que -en mi opinión- ya han demostrado que no conducen a la "mayor suma de felicidad posible".
Pero esta es MI Venezuela, la que yo elegí y la que me acogió. ¡Por eso le doy emocionadas y sinceras gracias!
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