Polarización y poder
Ojalá que emprendan el camino correcto para sanear la competencia política en Venezuela
FRANCISCO JOSÉ VIRTUOSO SJ
| EL UNIVERSAL
jueves 5 de julio de 2012 12:00 AM
La polarización en Venezuela se expresa en el ámbito estrictamente político a-fectivo. Los sondeos de opinión revelan que nuestra confrontación no es ideológica ni social. No estamos enfrentados entre pobres y ricos o entre capitalistas y socialistas. Electoralmente, la población se divide entre chavistas y no chavistas. Y cuando les preguntan a ambos grupos qué piensan de la propiedad privada, la injerencia cubana, la participación, la igualdad, cómo evalúan las misiones o qué piensan sobre el Estado, sus respuestas son muy similares.
Todo esto tiene una explicación básica: somos una sociedad rentista, que vive de la distribución que hace el Estado de los ingresos petroleros a través del gasto fiscal y no del trabajo productivo. Esa dinámica nos pone a todos por igual a depender de quienes tienen el poder de decisión sobre el destino de la renta petrolera. Por eso nuestra principal confrontación es sobre quiénes controlan el Estado, cuáles son sus grandes fines, qué modelo de distribución deciden emplear, cómo se controla esa repartición, etc.
Lo que caracteriza el ciclo político que se inicia en 1998 es precisamente la sustitución de una elite política por otra, que bajo un discurso -por cierto nada nuevo- que promete distribuir la renta dando prioridad a las necesidades del pueblo, centraliza todas la decisiones del Estado en el poder omnímodo del gran líder Presidente, que paulatinamente va haciendo suya aquella frase el "Estado soy yo".
Esta centralidad del Presidente ha ocupado no solo el espacio institucional del Estado sino el clima político en general, las emociones y los afectos, logrando efectivamente dividir a la población en dos grandes bandos: a favor y en contra. Pero la perversión va más allá. Quienes han ocupado el Estado en la última década, pretenden seguir promoviendo deliberadamente el clima de polarización como estrategia para fortalecer más la confrontación y la desunión, para distanciarse de los competidores. Para ellos los otros no son rivales políticos sino enemigos, incapaces e inmorales. La idea es cerrar filas entre los adeptos, garantizando que no se contaminen con afectos y emociones extrañas.
Por primera vez en los últimos años, el candidato de oposición está promoviendo una fórmula distinta de entender la política, superando la confrontación como estrategia proselitista y ofreciendo una imagen alternativa del significado de la gestión de la administración y la jefatura nacional del Estado.
Ojalá quienes aspiran a ser nuestros legítimos representantes, por respeto al pueblo que está cansado de la discrepancia, emprendan el camino correcto para sanear la competencia política en Venezuela.
fjvirtuoso@ucab.edu.ve
Todo esto tiene una explicación básica: somos una sociedad rentista, que vive de la distribución que hace el Estado de los ingresos petroleros a través del gasto fiscal y no del trabajo productivo. Esa dinámica nos pone a todos por igual a depender de quienes tienen el poder de decisión sobre el destino de la renta petrolera. Por eso nuestra principal confrontación es sobre quiénes controlan el Estado, cuáles son sus grandes fines, qué modelo de distribución deciden emplear, cómo se controla esa repartición, etc.
Lo que caracteriza el ciclo político que se inicia en 1998 es precisamente la sustitución de una elite política por otra, que bajo un discurso -por cierto nada nuevo- que promete distribuir la renta dando prioridad a las necesidades del pueblo, centraliza todas la decisiones del Estado en el poder omnímodo del gran líder Presidente, que paulatinamente va haciendo suya aquella frase el "Estado soy yo".
Esta centralidad del Presidente ha ocupado no solo el espacio institucional del Estado sino el clima político en general, las emociones y los afectos, logrando efectivamente dividir a la población en dos grandes bandos: a favor y en contra. Pero la perversión va más allá. Quienes han ocupado el Estado en la última década, pretenden seguir promoviendo deliberadamente el clima de polarización como estrategia para fortalecer más la confrontación y la desunión, para distanciarse de los competidores. Para ellos los otros no son rivales políticos sino enemigos, incapaces e inmorales. La idea es cerrar filas entre los adeptos, garantizando que no se contaminen con afectos y emociones extrañas.
Por primera vez en los últimos años, el candidato de oposición está promoviendo una fórmula distinta de entender la política, superando la confrontación como estrategia proselitista y ofreciendo una imagen alternativa del significado de la gestión de la administración y la jefatura nacional del Estado.
Ojalá quienes aspiran a ser nuestros legítimos representantes, por respeto al pueblo que está cansado de la discrepancia, emprendan el camino correcto para sanear la competencia política en Venezuela.
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