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La patria unicolor, sin venezolanos

RUBÉN DE MAYO |  EL UNIVERSAL
jueves 5 de julio de 2012  03:44 PM
Razón tenía Albert Einstein al decir que el nacionalismo es una enfermedad infantil, un sarampión de la humanidad.  Para un nacionalista, pongamos por caso a Chávez y su ya famosa frase: "quien no es chavista no es venezolano", la enfermedad patriótica llega al extremo cuando se convierte en  chauvinismo. Y es infantil, porque como dijera Simón Rodríguez: "no hay cosa más patriota que un tonto".

No reparemos en lo que la expresión: "quien no es chavista no es venezolano", tiene de narcisista y ególatra, y fijémonos en su superficie y sustancia antidemocráticas, que aspira a que el país debe ser ideológicamente homogéneo, identificado con una sola causa política, todos partidarios y seguidores de un mismo hombre: él, Chávez.

Tal pretensión de homogeneidad apunta a la construcción no solamente del socialismo del siglo XXI, sino a la creación del chavista políticamente puro: amante del verbo presidencial; de sus largos y amenos discursos; de sus simpáticos, eficientes e ilustradísimos favoritos y delfines (Maduro, Jaua, Diosdado); amante de las misiones todas; de sus filántropos y demócratas amigos internacionales (Saddam Hussein, Gadaffi, Lukashenko), del programa La Hojilla (en este programa, he escuchado decir a algún chavista, se presagia el nacimiento del "hombre nuevo": Mario Silva, su conductor) y, en fin, de todas las acciones, inclinaciones, gustos, disgustos, pensamientos y omisiones de nuestro Comandante Presidente.

Esa pretensión de homogeneidad afloró desde un comienzo, cuando a Venezuela se le dio el nombre de República Bolivariana, que no solamente recuerda al máximo Héroe del universo entero y sus alrededores, Bolívar, sino que identifica al movimiento político del hombre que está después de Dios, según el Sr. Ospina (el del comercial de la Misión Vivienda): mi Comandante Presidente. La consecuencia de tal hecho es que si usted no es bolivariano, no es venezolano, y en consecuencia es un apátrida (aquí el ser cosmopolita, al estilo de Kant o de Erasmo de Rotterdam, sería impensable, un desaguisado histórico fascista, en plena globalización).

El patrioterismo de Chávez y sus seguidores ha devenido en chauvinismo. Es un amor patrio que agobia entre tanto Himno Nacional, desfile y fecha patriótica. Es un amor cursi, hecho de amelcochadas palabrotas, de ésas que están más hechas para la declamación con afectación que para el sencillo decir del corazón; es un amor cárcel, que nos tiene presos en ese sentir en el cual necesariamente debemos encontrar nuestro ser nacional; es un amor de locos, un fanatismo sentimental hecho frenesí, una obsesión castradora de la identidad nacional sin heroicidades y figurones épicos. ¡Qué agobio un amor así! Cierto aquello que dijera Borges: "el nacionalismo es la menos perspicaz de las pasiones". Y cómo no va a serlo; en nuestro caso, tanto nacionalismo oficialista, chavista, nos ha embrutecido; nos ha hecho desconocer la existencia del otro, llamándolo "nada", o irrespetarlo a través de la descalificación (majunche, escuálido, chayota). Nos ha hecho que no nos reconozcamos en la diversidad, variopintos como somos, como la hallaca que concentra en su ser nuestras tres culturas sabiamente mezcladas: lo indígena, lo negro y lo europeo, todo en un mismo manjar decembrino.

Pretenden secuestrarnos el sentimiento natural de apego que sentimos por nuestra tierra; quitarnos la nacionalidad por no ser igual que ellos, como ellos, por no seguirlo a él: a Chávez. Hay amores que envilecen, que te obligan a girar en torno a una persona, que no te dejan ser y hacer otras cosas. Así es el "corazón venezolano", símbolo cursi, por ultra patriótico, de la campaña electoral del candidato Presidente y su camarilla, verdadera oligarquía narcisista que no desea ver otra cosa que su propio reflejo.

Según Marx: "el nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir al proletariado". ¿Habrán leído verdaderamente a Marx? Habrá que preguntarle a Maduro, el más ilustrado de todos. ¿Serán conscientes de que ellos son boli-burgueses? Habrá que preguntarle a Diosdado, el que más sabe de finanzas, según cuentan. ¿Y el proletariado? Habrá que preguntarle a un militar chauvinista, Chávez, enfermo de patria, la suya, que es unicolor; sin la de los demás, que es variopinta, como el venezolano mismo.

                                  @rubdariote  


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