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La democracia del sur

En Unasur los gobernantes deciden y sancionan por consenso, escuchándose a sí mismos

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ASDRÚBAL AGUIAR |  EL UNIVERSAL
martes 3 de julio de 2012  12:00 AM
Los hechos ocurridos desde cuando el Congreso paraguayo remueve al presidente Fernando Lugo, hasta el momento en que Mercosur y luego Unasur expulsan al Paraguay y el primero admite la membrecía de Venezuela -rechazada hasta la hora anterior por el Parlamento mencionado- dibujan con trazos indelebles a la extravagante "democracia del sur". Sus gobernantes, monarcas tropicales, son discípulos fieles de Simón Bolívar. Con sus excepciones, son demócratas "a la bolivariana", como lo sueña el soldado, quien desde Caracas -ayudado por La Habana- les sirve de eje y patrono económico.

Por sobre el agua que bebe en la fuente revolucionaria francesa, Bolívar opta por el modelo de Estado fuerte. Vierte en su proyecto de 1819 a la república romana, que proscribe la insubordinación del pueblo frente a sus magistrados y dispone un Senado vitalicio que "interpreta" al mismo pueblo y protege a éstos. E inspirado en Napoleón, hacia 1826 imagina al primer mandatario de nuestras comarcas como vitalicio: es "el Sol firme en su centro que da vida al universo", dotado de facultad hasta para designar a su sucesor.

No sorprende, pues, que nuestros gobernantes del sur se afanen en la reelección o cedan su espacio a las consortes. En su mayoría, vestidos de paisano, prosternan los dictadores militares, pero sólo si son de derechas o no son ellos. ¡Y es que el propio Bolívar afirma que "los libertadores -los hombres de armas- son acreedores a ocupar siempre un alto rango en la república que les debe su existencia".

Así las cosas, al hablar de la democracia, en las Américas somos presa fatal de una Torre de Babel. No nos entendemos los unos a los otros. Unos hablan de democracia pensando en monarquías electas y condenando la protesta popular o de los parlamentos o la prensa, por considerarlos antidemocráticos, "destituyentes" o golpistas. Y otros, al decir ¡democracia!, imaginamos a los gobernantes como servidores sujetos a control y de mandatos limitados, subordinados a los ciudadanos y sus derechos y respetuosos de los demás poderes del mismo Estado que les vigilan.

Todos a uno, hablamos español, pero cada uno le otorga a las palabras contenidos arbitrarios. Antes que una crisis "en" o de nuestras democracias padecemos de dislexia democrática.

La simple comparación entre los textos de la Carta Democrática Interamericana, que rige para las Américas, o el Protocolo de Ushuaia del Mercosur, por una parte y por la otra, el Protocolo "democrático" de la Unasur, basta para constatar lo dicho. Los primeros entienden a la democracia como un derecho de los pueblos que los gobernantes han de respetar y garantizar, y el segundo ve a la democracia como la estabilidad de empleo de los gobernantes.

La Carta demanda elecciones, pero no le basta. Exige separación de poderes, sujeción de los gobernantes al Estado de Derecho, pluralidad de actores -no hay un único Sol en la democracia -y, en lo particular, primacía de los derechos humanos frente al funcionario. Según la Unasur la democracia es preferencia por el gobernante, aun por encima de la Constitución. Y si éste le pone punto final a la oposición, incluso persiguiéndola judicialmente, o controla a todo el Estado y la sociedad, es un demócrata cabal.

En el marco de la citada Carta, ante los atentados o fracturas de la democracia, procede el diálogo, la gestión diplomática y la protección de la sociedad cuando es víctima de los gobernantes autoritarios; luego de lo cual se aplican, si caben, las sanciones pertinentes o se excluye al respectivo gobierno de su seno. En Unasur los gobernantes deciden y sancionan por consenso, escuchándose a sí mismos. Disparan a las sociedades y demás poderes del Estado y luego averiguan, si les interesa.

El Congreso plural y deliberante del Paraguay discrepa y evalúa a diario a su Presidente, y luego de oírlo "brevemente" a través de sus abogados y según las reglas de su Constitución decide retirarle la confianza "política" y provocar su remoción. A la vez, en nombre del pueblo que lo elige, considera inviable aceptar a Venezuela en el Mercosur por considerar que su gobierno militar es antidemocrático.

A su turno, los gobernantes del sur, sin debate ni juicio, al rompe desestiman por contrario a la democracia cuanto hacen de modo casi unánime los representantes popularmente electos del Paraguay. Y a la manera de la Santa Alianza incorporan a Venezuela y expulsan a éste de su concierto.

Lo de la falta del "debido proceso" a Lugo, es decir, más tiempo para que éste desvirtúe lo que todos los paraguayos aprecian a diario sobre su desempeño, es, en efecto, una exquisitez de la democracia representativa, pero que vale para los presidentes del sur cuando les conviene.

correoaustral@gmail.com



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