Bolívar es Bolívar
JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ
| EL UNIVERSAL
martes 3 de julio de 2012 02:45 PM
Cuando se asume de manera injustificada la comparación de un personaje con otro, y se le atribuye a uno de ellos identidades, cualidades, actos y propósitos que no le son propios, se incurre en un error fundamental.
En distintos momentos de nuestra historia, cuando la adulación ha invadido los despachos y ha envilecido los espíritus, cuando los gobernantes no han tenido la diáfana medida de sí mismos, algunos han utilizado la imagen, el nombre, la presencia del Libertador para alentar vanidades, justificar los actos, estimular inciertas creencias. Se vulnera la memoria de Bolívar, única, ejemplar, característica, inconfundible, y, al mismo tiempo, se daña a aquel con quien se compara, cuando se emplea el halago indebido. Se desconoce la individualidad de cada quien, la personalidad propia, la diferencia entre los hombres, se tergiversa la realidad histórica.
Al actuarse de esa forma, tal vez sin quererlo, algunos venezolanos evidencian su profundo desconocimiento de la vida de Bolívar. Para que una persona sea comparada con el Libertador si es que se puede es preciso detentar las mismas o superiores cualidades del héroe universal, y además, haber realizado o superado su obra singular.
Hasta este momento histórico, no hemos tenido en América otro Simón Bolívar y, posiblemente, no lo tengamos. Un contemporáneo suyo, José Domingo Choquehuanca, quien saludó con nobles palabras al Libertador en Pacará, el 02 de agosto de 1825, supo advertir que: "Nada de lo hecho antes que vos se parece a lo que habéis hecho; y para que alguno pueda imitaros, será preciso que haya un mundo por libertar...". Otro que con autoridad comprendió y defendió la individualidad del Libertador, su maestro don Simón Rodríguez, a los fines de contrarrestar a sus detractores y hacerle temprana justicia, afirmó de manera categórica: "Solo él se ha elevado a la altura del objeto, y fijado el punto de distancia, en el cuadro de la Sociedad Americana. La perspectiva de la Libertad es obra suya; solo él ha presentado el Gobierno Republicano bajo su verdadero punto de vista: no se ha desviado de su fin ni ha desmayado...".
¿Quiénes de nuestros hombres públicos, de ayer y de hoy, ha superado al Libertador? ¿Quiénes han reunido sus eminentes cualidades como hombre, como ciudadano, como magistrado, como pensador y como héroe? ¿Quiénes han actuado con su ejemplar desprendimiento? ¿Quiénes han superado su obra política, su obra militar y su altura moral? ¿Quiénes han defendido con tanto empeño la libertad de todos y han hecho los mayores sacrificios por la patria? ¿Quiénes han evidenciado su comprensión de las realidades americanas y su visión del porvenir? ¿Quiénes han sido más sinceros al implorar y hacer la unión de sus conciudadanos y ofrecerles a sus propios enemigos la reconciliación, la paz y una patria?... Si hubiésemos honrado siempre el mensaje y el ejemplo de Bolívar, América Latina no hubiese padecido tantas décadas de atraso, de barbarie, de anarquía, de autoritarismo, de inestabilidad, de sometimiento y de injusticia.
Ni Sucre mismo, el más fiel de sus lugartenientes, a quien el propio Libertador consideró como: "el rival de mi gloria" y quien poseyó, sin duda alguna, las más altas virtudes y méritos de cuantos héroes le acompañaron en la lucha por la independencia, pretendió ser asimilado a él, ni en su propia consciencia personal admitió innecesarias comparaciones: "...yo no soy Bolívar...", expresó en marzo de 1821, sin faltar por ello al afecto y al respeto que tenía por el Libertador.
A la sombra de Bolívar y no bajo la luz de su ciudadanía, de su republicanismo, de su sentido de la libertad , se colocaron muchos usufructuarios de su nombre y de su memoria: Guzmán Blanco, por ejemplo, a su lado en las medallas conmemorativas; Cipriano Castro, de quien se dijo ser: "Para Venezuela ... como clarividente del porvenir, otro Bolívar ..."; Juan Vicente Gómez, a quien se le llamó impropiamente: "el hijo de Bolívar" y "el segundo Bolívar" como si hubiese sido consecuente con sus verdaderos ideales y ejemplos.
Cuando los gobernantes no se guardan de sus propios aduladores, son víctimas de ellos; cuando los pueblos creen en los aduladores de sus gobernantes, son engañados; cuando los pueblos repudian a los aduladores, salvan su virtud; cuando los gobernantes no se dejan llevar por quienes los halagan, se hacen respetar por el pueblo y por la historia.
Bolívar, en su humanidad y en su grandeza, en su esencia y en su gloria, es Bolívar. Bolívar sin par, su propio yo, el mismo ante su vida, ante su pueblo, ante su historia y ante el porvenir.
diaz.bermudez@cantv.net
En distintos momentos de nuestra historia, cuando la adulación ha invadido los despachos y ha envilecido los espíritus, cuando los gobernantes no han tenido la diáfana medida de sí mismos, algunos han utilizado la imagen, el nombre, la presencia del Libertador para alentar vanidades, justificar los actos, estimular inciertas creencias. Se vulnera la memoria de Bolívar, única, ejemplar, característica, inconfundible, y, al mismo tiempo, se daña a aquel con quien se compara, cuando se emplea el halago indebido. Se desconoce la individualidad de cada quien, la personalidad propia, la diferencia entre los hombres, se tergiversa la realidad histórica.
Al actuarse de esa forma, tal vez sin quererlo, algunos venezolanos evidencian su profundo desconocimiento de la vida de Bolívar. Para que una persona sea comparada con el Libertador si es que se puede es preciso detentar las mismas o superiores cualidades del héroe universal, y además, haber realizado o superado su obra singular.
Hasta este momento histórico, no hemos tenido en América otro Simón Bolívar y, posiblemente, no lo tengamos. Un contemporáneo suyo, José Domingo Choquehuanca, quien saludó con nobles palabras al Libertador en Pacará, el 02 de agosto de 1825, supo advertir que: "Nada de lo hecho antes que vos se parece a lo que habéis hecho; y para que alguno pueda imitaros, será preciso que haya un mundo por libertar...". Otro que con autoridad comprendió y defendió la individualidad del Libertador, su maestro don Simón Rodríguez, a los fines de contrarrestar a sus detractores y hacerle temprana justicia, afirmó de manera categórica: "Solo él se ha elevado a la altura del objeto, y fijado el punto de distancia, en el cuadro de la Sociedad Americana. La perspectiva de la Libertad es obra suya; solo él ha presentado el Gobierno Republicano bajo su verdadero punto de vista: no se ha desviado de su fin ni ha desmayado...".
¿Quiénes de nuestros hombres públicos, de ayer y de hoy, ha superado al Libertador? ¿Quiénes han reunido sus eminentes cualidades como hombre, como ciudadano, como magistrado, como pensador y como héroe? ¿Quiénes han actuado con su ejemplar desprendimiento? ¿Quiénes han superado su obra política, su obra militar y su altura moral? ¿Quiénes han defendido con tanto empeño la libertad de todos y han hecho los mayores sacrificios por la patria? ¿Quiénes han evidenciado su comprensión de las realidades americanas y su visión del porvenir? ¿Quiénes han sido más sinceros al implorar y hacer la unión de sus conciudadanos y ofrecerles a sus propios enemigos la reconciliación, la paz y una patria?... Si hubiésemos honrado siempre el mensaje y el ejemplo de Bolívar, América Latina no hubiese padecido tantas décadas de atraso, de barbarie, de anarquía, de autoritarismo, de inestabilidad, de sometimiento y de injusticia.
Ni Sucre mismo, el más fiel de sus lugartenientes, a quien el propio Libertador consideró como: "el rival de mi gloria" y quien poseyó, sin duda alguna, las más altas virtudes y méritos de cuantos héroes le acompañaron en la lucha por la independencia, pretendió ser asimilado a él, ni en su propia consciencia personal admitió innecesarias comparaciones: "...yo no soy Bolívar...", expresó en marzo de 1821, sin faltar por ello al afecto y al respeto que tenía por el Libertador.
A la sombra de Bolívar y no bajo la luz de su ciudadanía, de su republicanismo, de su sentido de la libertad , se colocaron muchos usufructuarios de su nombre y de su memoria: Guzmán Blanco, por ejemplo, a su lado en las medallas conmemorativas; Cipriano Castro, de quien se dijo ser: "Para Venezuela ... como clarividente del porvenir, otro Bolívar ..."; Juan Vicente Gómez, a quien se le llamó impropiamente: "el hijo de Bolívar" y "el segundo Bolívar" como si hubiese sido consecuente con sus verdaderos ideales y ejemplos.
Cuando los gobernantes no se guardan de sus propios aduladores, son víctimas de ellos; cuando los pueblos creen en los aduladores de sus gobernantes, son engañados; cuando los pueblos repudian a los aduladores, salvan su virtud; cuando los gobernantes no se dejan llevar por quienes los halagan, se hacen respetar por el pueblo y por la historia.
Bolívar, en su humanidad y en su grandeza, en su esencia y en su gloria, es Bolívar. Bolívar sin par, su propio yo, el mismo ante su vida, ante su pueblo, ante su historia y ante el porvenir.
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