Río + 20 endeble
Los líderes del mundo no logran concretar un tratado multilateral que reemplace el de Kioto
LUIS XAVIER GRISANTI
| EL UNIVERSAL
viernes 29 de junio de 2012 12:00 AM
La cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable (Río + 20) no llenó las expectativas, pese a los desvelos de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. No bastaron las pruebas del deterioro de la biodiversidad en la Tierra y del aumento de la emisión de gases tóxicos de efecto invernadero.
A 20 años de la cumbre de Río de Janeiro, cuyos acuerdos dieron lugar al Protocolo de Kioto (fenece en 2012), y a compromisos legalmente vinculantes (finalizan en 2015), los líderes del mundo no logran concretar un tratado multilateral que reemplace el de Kioto y refuerce la obligación moral y legal de detener la degradación ambiental, el calentamiento global, el cambio climático, la desaparición de la capa de ozono, el descongelamiento de los glaciares y regiones del Ártico y del Antártico, el desvanecimiento de vastas zonas agropecuarias del planeta y la pérdida de vidas humanas y especies animales, marinas, fluviales y vegetales.
Las precedentes declaraciones de buenas intenciones de las cumbres de Copenhague (2009) y Durban (2011), apenas se ven reforzadas en la declaración de Río de Janeiro; un documento de 283 puntos donde, calcula el World Wildlife Foundation (WWF), aparecen 99 y 50 veces las palabras "apoyo" y "exhorto" y sóolo 5 y 3 veces los verbos "hacer (we will)" y "deber (must)".
Hubo progresos loables: diseñar indicadores de desarrollo sostenible para la medición del PIB y la participación por primera vez del sector privado. Una coalición de 24 empresas globales anunció que han incorporado la conservación ambiental como eje central de sus operaciones y planes.
Otro grupo empresarial aboga para que los estados hagan mandatorio la presentación de informes de gestión ambiental.
@lxgrisanti
A 20 años de la cumbre de Río de Janeiro, cuyos acuerdos dieron lugar al Protocolo de Kioto (fenece en 2012), y a compromisos legalmente vinculantes (finalizan en 2015), los líderes del mundo no logran concretar un tratado multilateral que reemplace el de Kioto y refuerce la obligación moral y legal de detener la degradación ambiental, el calentamiento global, el cambio climático, la desaparición de la capa de ozono, el descongelamiento de los glaciares y regiones del Ártico y del Antártico, el desvanecimiento de vastas zonas agropecuarias del planeta y la pérdida de vidas humanas y especies animales, marinas, fluviales y vegetales.
Las precedentes declaraciones de buenas intenciones de las cumbres de Copenhague (2009) y Durban (2011), apenas se ven reforzadas en la declaración de Río de Janeiro; un documento de 283 puntos donde, calcula el World Wildlife Foundation (WWF), aparecen 99 y 50 veces las palabras "apoyo" y "exhorto" y sóolo 5 y 3 veces los verbos "hacer (we will)" y "deber (must)".
Hubo progresos loables: diseñar indicadores de desarrollo sostenible para la medición del PIB y la participación por primera vez del sector privado. Una coalición de 24 empresas globales anunció que han incorporado la conservación ambiental como eje central de sus operaciones y planes.
Otro grupo empresarial aboga para que los estados hagan mandatorio la presentación de informes de gestión ambiental.
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