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El candidato imposible

Se dicen demócratas pero están dispuestos a morir con el cargo puesto y la banda tricolor

ROBERTO GIUSTI |  EL UNIVERSAL
martes 26 de junio de 2012  12:00 AM
La mezcla es, cada vez, más compleja y exigente. Las realidades cambiantes los han convertido en una suerte de hombres ordinarios que deben lucir como estrellas de rock pero sin caprichos, ni estridencias, filósofos improvisados pero de verbo fácil, deportistas aficionados de alto rendimiento pero lectores de libros (no de solapas). Mujeriegos pero fieles a la esposa, de carácter templado pero al mismo tiempo tiernos, compasivos e implacables, densos en el planteamiento pero de fácil acceso a las mentes simples, religiosos despojados de gazmoñerías, su imagen es intachable pero de apariencia natural. Justicieros sociales y del capitalismo, son partidarios de la economía de mercado e implacables en el cobro de tributos. Simpáticos pero no artificialmente, firmes en sus creencias y flexibles en sus convicciones, ofrecen mano dura contra el terrorismo y si son permisivos con el aborto, se venden como contrarios a la pena de muerte. En algunos casos el color de la piel define posturas según la composición étnica de los electores. Así, Obama encarna la combinación perfecta, adaptada a la evolución de un país que deja de ser blanco y eso, a menos que seas Michael Jackson, es imposible de intervenir.

En ciertos ámbitos están quienes siendo golpistas denuncian los golpes de Estado, socialistas de verbo pero beneficiarios de la pobreza, egocéntricos y colectivistas, marxistas y cristianos, o cristianos y santeros, amantes de Lincoln pero admiradores de Gadafi, reivindicadores de los derechos humanos pero cómplices de su violación, se muestran sensibleros con los suyos, pero duros con los otros. Hombres de familia sin esposa, hombres públicos sin mujer oficial (o extraoficial), partidarios de la vida, pero irresolutos ante masacres impunes y duros luchadores contra la corrupción, la fomentan en su lar como forma de vida. Austeros en un supuesto modesto pasar, tienen aviones de 200 millones de dólares, son asiduos huéspedes de suites presidenciales y sus muñecas revelan gustos extravagantes y costosos en materia de relojes. Fieros reclamantes de una soberanía que entregan a violentos extranjeros y capitalistas de nuevo tipo, intervienen la de otros países sin parar mientes en remilgos legales. Se proclaman demócratas pero están dispuestos a morir con el cargo puesto y lucir la banda tricolor en la urna porque su apego al poder es más fuerte que la peor de las enfermedades.

En fin, una cadena de contradicciones, tanto en uno, como en otro caso, que al final termina en un pastiche que hace de los candidatos o de los candidatos-presidentes una creación artificiosa, una construcción hecha de lugares comunes, una colcha de retazos, un equívoco andante, alguien que se mira en el espejo y no se reconoce. El hombre imposible.

rgiusti@eluniversal.com



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