Muerte del impío...
Se encuentra frente a frente al erial que ha creado, al frío abismal del tiempo acabado
RAFAEL MUCI-MENDOZA
| EL UNIVERSAL
domingo 24 de junio de 2012 12:00 AM
La muerte del justo, del que ha construido, del que tiene por meta en su vida alcanzar la verdad, la belleza y la justicia, condiciones espirituales que se relacionan con el concepto más elevado y puro del ser humano, pues implican desarrollar un estilo de vida determinado, por el sólo deseo de vivir en lo correcto, de ser un hombre de ley. Su muerte ocurre en completa aceptación del rol que le tocó en suerte; su agonía es asumida y por ello es tranquila. La vida vivida le sirve para enfrentar la muerte, esa esencial vocación humana.
El impío se encuentra frente a frente al erial que ha creado, al frío abismal del tiempo acabado, al derroche y desperdicio de los talentos adjudicados, pidiendo más tiempo para hacer lo que no ha hecho, para terminar quizá, su carrera de destrucción. La muerte del ruin es penosa, atemorizante y triste, llena de miedos como aquellos del personaje Ebenezer Scrooge protagonista de la novela Cuento de Navidad (1843) de Charles Dickens, hombre de corazón duro y egoísta, avaro y misántropo, aborrecedor de cualquier gesto que produjera felicidad que no fuera para él. Scrooge ve entonces su propia tumba antes de despertar y descubre que es todavía la mañana de Navidad, por lo que aún está a tiempo de cambiar su destino.
El nuestro Scrooge, negará en hora póstuma convertirse en un modelo de generosidad y altruismo, continuará siendo déspota y cruel, retando a su muerte y a su castigo. Los presos inocentes que tiene en su haber, ni los hijos de éstos ni sus nietos anhelantes en un Día del Padre sensibilizaron su duro corazón. ¡Métanles treinta años...! -vocifera.
La muerte del impío no será generosa ni habrá bálsamo tranquilo para él, será atenazado por los demonios que alberga en su mente y no pasará del sueño natural al sueño eterno.
rafael@muci.com
El impío se encuentra frente a frente al erial que ha creado, al frío abismal del tiempo acabado, al derroche y desperdicio de los talentos adjudicados, pidiendo más tiempo para hacer lo que no ha hecho, para terminar quizá, su carrera de destrucción. La muerte del ruin es penosa, atemorizante y triste, llena de miedos como aquellos del personaje Ebenezer Scrooge protagonista de la novela Cuento de Navidad (1843) de Charles Dickens, hombre de corazón duro y egoísta, avaro y misántropo, aborrecedor de cualquier gesto que produjera felicidad que no fuera para él. Scrooge ve entonces su propia tumba antes de despertar y descubre que es todavía la mañana de Navidad, por lo que aún está a tiempo de cambiar su destino.
El nuestro Scrooge, negará en hora póstuma convertirse en un modelo de generosidad y altruismo, continuará siendo déspota y cruel, retando a su muerte y a su castigo. Los presos inocentes que tiene en su haber, ni los hijos de éstos ni sus nietos anhelantes en un Día del Padre sensibilizaron su duro corazón. ¡Métanles treinta años...! -vocifera.
La muerte del impío no será generosa ni habrá bálsamo tranquilo para él, será atenazado por los demonios que alberga en su mente y no pasará del sueño natural al sueño eterno.
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