Brasil es el ejemplo
Tendremos un nuevo presidente que transitará el camino correcto hacia el desarrollo sustentable
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GERARDO BLYDE
| EL UNIVERSAL
viernes 22 de junio de 2012 12:00 AM
Hace tres años fui invitado a un gran encuentro de alcaldes de Brasil en su capital federal. Fuimos varios alcaldes latinoamericanos y presenciamos a más de tres mil alcaldes brasileños reunidos para debatir en torno a diversos temas en diferentes salas. El gobierno federal de Brasil fue el anfitrión de todas las autoridades locales, sin importar su color político. Algunos de esos alcaldes eran, en sus regiones, fuertes opositores al gobierno nacional. Pero fueron invitados y acudieron a la cita que constituía una tremenda oportunidad para intercambiar experiencias con sus homólogos y plantear sus problemas, propuestas y exigencias al gobierno central.
Lula acudió a la cita. Escucho pacientemente los requerimientos de los alcaldes, los cuales habían sido previamente acordados en un documento. Luego respondió una a una cada petición frente a todos ellos, sin discriminación política alguna.
La autonomía municipal y federal brasileña es muy fuerte. Con ella han logrado coordinar con los presidentes que han pasado por el Palacio do Planalto (en Brasilia donde tiene su asiento el gobierno federal), especialmente con Cardoso, Lula y la actual presidenta Rousseff. Esos acuerdos han girado en torno a políticas de desarrollo, crecimiento sostenido, mejora de los servicios públicos, disminución de los índices de inseguridad, protección del medio ambiente, recuperación de espacios públicos, tratamiento eficiente de los desechos sólidos, construcción de vías férreas y vías para vehículos automotores, desarrollos habitacionales y servicios eficientes para distribución de agua potable y electricidad.
En ese mismo encuentro de alcaldes, junto al gobierno nacional, estaba instalada una gran feria de industriales brasileños con exhibición de los más diversos equipos que se ponían a disposición de las alcaldías para cerrar el círculo virtuoso entre la industria nacional, el gobierno central y los gobiernos locales. Equipos de recolección de desechos, vehículos para patrullaje, dispositivos para el control del tránsito, cámaras de seguridad, empresas constructoras y, en fin, un abanico de opciones fueron presentadas a los gobernantes locales para que pudieran acudir a la empresa nacional privada a adquirir, con financiamiento federal, los más diversos insumos necesarios para la prestación de los servicios públicos de sus competencias. Ello fortalecía la economía brasileña, solidificaba a la empresa privada nacional y generaba millones de fuentes de empleo.
El modelo federal y descentralizado de la República Federativa do Brasil está dando resultados asombrosos para mejorar cada día la calidad de vida de sus nacionales. Con tres presidentes que han entendido y han aplicado, cada cual en su momento, una política continuada de apoyo a las regiones, a sus industriales y a la producción nacional y de exitosa coordinación de políticas públicas, han logrado un crecimiento económico real, sustentado en producción nacional tanto para el mercado interno como para la exportación, protegiendo a los ciudadanos más débiles con programas sociales eficientes. En la última década, más de treinta millones de brasileños pasaron de pobres a pujante clase media, apalancados en un Estado que proporciona educación de calidad para la formación de ciudadanos productivos.
En nuestra patria, en cambio, el gobierno nacional se empeña en desconocer al Estado federal y descentralizado que manda nuestra Constitución y dicta leyes cada vez más hegemónicas y concentradoras del poder, usando el modelo fracasado de la extinta Unión Soviética, tropicalizado en Cuba y criollizado por esta revolución, imponiéndonos un sistema que mantiene en jaque a la producción nacional (o a lo que queda de ella), asfixiando económicamente a estados y municipios y generando cada vez más dependencia del ciudadano al poder central para poder subsistir.
En el último paquete de Decretos-Leyes dictados en virtud de una habilitante que duró 18 meses, Chávez promulgó la Ley Orgánica para Gestión Comunitaria de Competencias, Servicios y otras atribuciones, disfrazando bajo tan rimbombante nombre a la Ley de Transferencia de Competencias que tiene por objeto obligar a gobernaciones y alcaldías a transferir sus recursos y competencias constitucionales a las futuras Comunas comunistas, extrañas a nuestra Constitución y al ordenamiento político territorial que ella dicta.
Cuando escucho a Capriles decir que aplicará el modelo brasileño, siento que tendremos un nuevo presidente que transitará el camino correcto hacia el desarrollo sustentable de todos sin exclusiones. Será un presidente que nos alejará de la involución histórica en que nos ha sumido la revolución chavista.
gblyde@gmail.com / @GerardoBlyde
Lula acudió a la cita. Escucho pacientemente los requerimientos de los alcaldes, los cuales habían sido previamente acordados en un documento. Luego respondió una a una cada petición frente a todos ellos, sin discriminación política alguna.
La autonomía municipal y federal brasileña es muy fuerte. Con ella han logrado coordinar con los presidentes que han pasado por el Palacio do Planalto (en Brasilia donde tiene su asiento el gobierno federal), especialmente con Cardoso, Lula y la actual presidenta Rousseff. Esos acuerdos han girado en torno a políticas de desarrollo, crecimiento sostenido, mejora de los servicios públicos, disminución de los índices de inseguridad, protección del medio ambiente, recuperación de espacios públicos, tratamiento eficiente de los desechos sólidos, construcción de vías férreas y vías para vehículos automotores, desarrollos habitacionales y servicios eficientes para distribución de agua potable y electricidad.
En ese mismo encuentro de alcaldes, junto al gobierno nacional, estaba instalada una gran feria de industriales brasileños con exhibición de los más diversos equipos que se ponían a disposición de las alcaldías para cerrar el círculo virtuoso entre la industria nacional, el gobierno central y los gobiernos locales. Equipos de recolección de desechos, vehículos para patrullaje, dispositivos para el control del tránsito, cámaras de seguridad, empresas constructoras y, en fin, un abanico de opciones fueron presentadas a los gobernantes locales para que pudieran acudir a la empresa nacional privada a adquirir, con financiamiento federal, los más diversos insumos necesarios para la prestación de los servicios públicos de sus competencias. Ello fortalecía la economía brasileña, solidificaba a la empresa privada nacional y generaba millones de fuentes de empleo.
El modelo federal y descentralizado de la República Federativa do Brasil está dando resultados asombrosos para mejorar cada día la calidad de vida de sus nacionales. Con tres presidentes que han entendido y han aplicado, cada cual en su momento, una política continuada de apoyo a las regiones, a sus industriales y a la producción nacional y de exitosa coordinación de políticas públicas, han logrado un crecimiento económico real, sustentado en producción nacional tanto para el mercado interno como para la exportación, protegiendo a los ciudadanos más débiles con programas sociales eficientes. En la última década, más de treinta millones de brasileños pasaron de pobres a pujante clase media, apalancados en un Estado que proporciona educación de calidad para la formación de ciudadanos productivos.
En nuestra patria, en cambio, el gobierno nacional se empeña en desconocer al Estado federal y descentralizado que manda nuestra Constitución y dicta leyes cada vez más hegemónicas y concentradoras del poder, usando el modelo fracasado de la extinta Unión Soviética, tropicalizado en Cuba y criollizado por esta revolución, imponiéndonos un sistema que mantiene en jaque a la producción nacional (o a lo que queda de ella), asfixiando económicamente a estados y municipios y generando cada vez más dependencia del ciudadano al poder central para poder subsistir.
En el último paquete de Decretos-Leyes dictados en virtud de una habilitante que duró 18 meses, Chávez promulgó la Ley Orgánica para Gestión Comunitaria de Competencias, Servicios y otras atribuciones, disfrazando bajo tan rimbombante nombre a la Ley de Transferencia de Competencias que tiene por objeto obligar a gobernaciones y alcaldías a transferir sus recursos y competencias constitucionales a las futuras Comunas comunistas, extrañas a nuestra Constitución y al ordenamiento político territorial que ella dicta.
Cuando escucho a Capriles decir que aplicará el modelo brasileño, siento que tendremos un nuevo presidente que transitará el camino correcto hacia el desarrollo sustentable de todos sin exclusiones. Será un presidente que nos alejará de la involución histórica en que nos ha sumido la revolución chavista.
gblyde@gmail.com / @GerardoBlyde
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