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Licencia para mentir

Utilizan la mentira para tratar de desacreditarlo en la opinión pública

RAFAEL J. CHAVERO GAZDIK |  EL UNIVERSAL
miércoles 20 de junio de 2012  12:00 AM
El derecho fundamental a la libertad de expresión es indispensable para que exista una democracia. El Estado debe combatir cualquier mecanismo directo o indirecto que restrinja la posibilidad de expresar lo que se piensa. Más aún en el debate político, donde se requiere de un mayor espacio de tolerancia, para evitar cualquier temor a recibir represalias por las ideas incómodas o impopulares.

Este derecho debe ser más amplio en una campaña electoral, pues los votantes tienen el derecho a conocer cualquier información relevante de sus candidatos, incluso aquellos que se refieran a su intimidad, pues el ejercicio de la función pública implica reducir el umbral de la privacidad. A quien no le guste ser escudriñado, que se mantenga alejado de la política.

Obviamente, todo derecho fundamental tiene sus límites y su defensa debe ser sin discriminaciones de ningún tipo. En el debate político las sociedades democráticas han señalado que es preferible una información inexacta al temor de expresar lo que se piensa. Por ello, se utiliza el estándar de la "real malicia", que implica que las únicas expresiones políticas que deben ser castigadas son aquéllas que se realizan con la intención de perjudicar a alguien (dolo) y a sabiendas de que la información puede resultar falsa. Se trata de un estándar que otorga bastante protección, pues muchas veces no es fácil reconocer la mala intención del exponente.

Pero basta ver cualquier episodio de las charlatanerías de "La Hojilla" y el resto de los programas que se transmiten en la televisión del Estado (esa que supuestamente es de todos los venezolanos), para evidenciar cómo se traspasan los límites de lo tolerable. Recientemente vemos cómo los desaforados animadores se expresan de la forma más vulgar del candidato presidencial opositor. Se utilizan todo tipo de insultos e incluso se le califica de drogadicto y homosexual. Esto se realiza a diario, pues a estos títeres les dieron la orden, y la licencia, de desacreditar con mentiras.

Es obvio que estos comediantes a sueldo saben que Capriles ni es drogadicto ni homosexual; pero utilizan la mentira para tratar de desacreditarlo en la opinión pública y obtener ventajismos electorales. La intención dolosa es evidente. De hecho, estos actores ya están acostumbrados a las falacias, las cuales consideran necesarias para defender su revolución. El fin justifica los medios, la eternización del Presidente exige sacrificios.

Paralelamente, vemos cómo nuestros tribunales encarcelan a quienes expresan ideas políticas contrarias al régimen. Para ellos la dama ciega no existe.

rchavero@hotmail.com



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