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Venezuela entre la vida y la muerte

Henrique Capriles está asumiendo la reconstrucción del país a partir de la recuperación de la democracia

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TRINO MÁRQUEZ |  EL UNIVERSAL
lunes 18 de junio de 2012  12:00 AM
El 7 de octubre Venezuela se verá obligada a optar entre la vida y muerte. No lo digo porque estará comprometida a escoger entre un candidato vital, capaz de recorrer caminando más de diez kilómetros a pleno sol en medio de las expresiones de afecto de un pueblo que reclama cambios urgentes y un aspirante a reelegirse, a pesar de la grave enfermedad que padece, sino porque -además- el país enfrentará la disyuntiva de elegir entre un proyecto que propone profundizar el morbo del colectivismo e intervencionismo estatal y otro que plantea estrechar la colaboración entre el Estado y la sociedad.

El régimen bolivariano, desde 1999, ha intentando imponer un esquema decadente que fracasó en todo el planeta. La presencia desmedida del Estado en la economía, el cerco a la propiedad privada, los controles exacerbados, el autoritarismo y la socialización de los medios de producción, provocaron la ruina de las naciones donde tales medidas se aplicaron. El imperio soviético fue una farsa. El gigante estaba construido con plastilina. Bastó el pavor provocado por la Guerra de las Galaxias, estratagema diseñada por Ronald Reagan, el magnetismo de Juan Pablo II y la globalización de las comunicaciones impulsada por los satélites espaciales, para que el endeble edificio se derrumbara. Los comunistas, después de más de setenta años en el poder, lo único que lograron fue sustituir la autocracia zarista por un sistema aún más despótico, corrupto e inepto. El comunismo soviético no corrigió las injusticias ancestrales de Rusia, solo las profundizó.

El caduco esquema leninista y stalinista, que Francis Fukuyama creyó desparecido luego de la caída del Muro de Berlín y la implosión de la URSS, intentó renacer en Venezuela una década después, impulsado por la fuerza de los petrodólares. Desde hace catorce años el Presidente de la República ha tratado de reeditar la fracasada experiencia socialista y mantener viva la llama del comunismo. En Venezuela debía ensayarse de nuevo el modelo. Existen resistencias a convencerse de que el sueño de Marx y sus seguidores fue derrotado por la historia. La izquierda nostálgica mundial, agrupada en el Foro de Sao Paulo, continúa pensando que el comunismo puede triunfar. Que los descalabros de Rusia, Europa Oriental, China, Vietnam y Cuba -el socialismo real- únicamente representan obstáculos en la larga marcha hacia la Tierra Prometida.

La nueva búsqueda de la utopía comunista emprendida por el chavismo nos ha costado enormes dosis de frustración y sufrimiento. Millones de empleos han dejado de crearse, miles de fábricas han cerrado, la pobreza no ha retrocedido, las empresas estatizadas han fracasado, la inflación se ha disparado, en medio de la abundancia de dólares han aparecido la escasez y el desabastecimiento de productos básicos, los capitales han emigrado o no han venido. Simultáneamente, la espiral de violencia no ha dejado de aumentar, miles de talentos han huido del país y la infraestructura parece haber sufrido los efectos de un terremoto de grandes proporciones. Hemos vivido en carne propia lo que hace algunas décadas veíamos por televisión o leíamos a través de la prensa. El comunismo, que antes nos era tan ajeno y distante, ahora lo padecemos a diario.

Esta muerte, algunas veces lenta y otras acelerada, que provoca el socialismo, fue lo que el candidato-Presidente ofreció mantener en su discurso de proclamación para reelegirse una vez más. No le basta con la destrucción hasta ahora desatada. Quiere seis años más para que la nación continúe retrocediendo y arruinándose. Desea seguir con las expropiaciones, las confiscaciones, los despojos, mientras fortalece -mediante las importaciones- el empleo y las economías de los países a los cuales les transfiere las divisas.

Ante este afán por reeditar el esquema anacrónico y fracasado del comunismo, el país democrático reclama un cambio de modelo basado en un proyecto incluyente y ampliamente compartido, alejado del sectarismo y la hegemonía prepotente. Ninguna sociedad progresa con las divisiones, lucha de clases y confrontaciones que fomenta el chavismo.

Henrique Capriles está asumiendo la reconstrucción del país a partir de la recuperación de la democracia, con economía de mercado, protección a la propiedad privada, reconciliación nacional, Estado de Derecho, descentralización, equidad e inclusión social. Será el progreso frente al atraso. La paz frente violencia La vida frente a la muerte.

cedice@cedice.org.ve

@cedice



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