Comparación cruel
Los políticos, los actores y sobre todo los presidentes, tienen que saberse retirar
MARUJA TARRE
| EL UNIVERSAL
viernes 15 de junio de 2012 12:00 AM
Hace poco tiempo una amiga muy querida perdió su batalla con el cáncer. Por eso, creo estar sensibilizada ante cualquier tema que tenga que ver con esa enfermedad. En ese sentido, confieso que las fotos que he visto de la reciente aparición pública del presidente Chávez, me impresionaron muchísimo. Tuve la misma impresión que narra Elides Rojas en su blog: estamos presenciando las últimas peleas de un boxeador viejo, cansado, abotagado por los golpes. Un boxeador que debe abandonar el ring, porque ya no puede más. El sufrimiento en su cara deformada me hacía incluso olvidar los insultos y lo repetitivo de su discurso.
En contraste habíamos visto el día anterior un hombre en la plenitud de su vida, alegre, activo, con una sonrisa luminosa y ganas de iniciar una etapa. El contraste es cruel. Siempre es cruel la comparación entre una juventud radiante y un ser en etapas postrimeras de su vida. Es cruel la comparación entre la salud y la enfermedad, entre un pasado que se arrastra y un futuro a punto de iniciarse. Pero esa comparación no la hemos querido nosotros. Se hace inevitable por el empeño, no sabemos si de Chávez o de su entorno, en aferrarse a un poder que ya no controla. Tenemos que compararlos debido a la crueldad de quienes lo rodean y no le aconsejan que descanse, que se dedique a sus curas y deje esa agitación dañina y esa campaña costosa para todo el país.
Los políticos, los actores y sobre todo los presidentes, tienen que saberse retirar. En Venezuela, Betancourt se fue al exterior cuando juzgó que era prudente hacerlo. En cambio, Caldera nos hizo olvidar muchos de los éxitos de una primera presidencia, al empeñarse en volver. Me imagino que los seguidores de Chávez preferirían recordar sus épocas de Robin Hood internacional y no la triste imagen del boxeador cansado.
maru1789@yahoo.com
En contraste habíamos visto el día anterior un hombre en la plenitud de su vida, alegre, activo, con una sonrisa luminosa y ganas de iniciar una etapa. El contraste es cruel. Siempre es cruel la comparación entre una juventud radiante y un ser en etapas postrimeras de su vida. Es cruel la comparación entre la salud y la enfermedad, entre un pasado que se arrastra y un futuro a punto de iniciarse. Pero esa comparación no la hemos querido nosotros. Se hace inevitable por el empeño, no sabemos si de Chávez o de su entorno, en aferrarse a un poder que ya no controla. Tenemos que compararlos debido a la crueldad de quienes lo rodean y no le aconsejan que descanse, que se dedique a sus curas y deje esa agitación dañina y esa campaña costosa para todo el país.
Los políticos, los actores y sobre todo los presidentes, tienen que saberse retirar. En Venezuela, Betancourt se fue al exterior cuando juzgó que era prudente hacerlo. En cambio, Caldera nos hizo olvidar muchos de los éxitos de una primera presidencia, al empeñarse en volver. Me imagino que los seguidores de Chávez preferirían recordar sus épocas de Robin Hood internacional y no la triste imagen del boxeador cansado.
maru1789@yahoo.com
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