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Analfabetas de la vida

RICARDO GIL OTAIZA |  EL UNIVERSAL
viernes 15 de junio de 2012  04:15 PM
La madre conminaba insistentemente a su hija a la hora de la cena para que la ayudara en los quehaceres domésticos, al verla tecleando de manera desesperada en su teléfono celular, completamente aislada, indiferente a su entorno familiar, y la respuesta de la muchacha con cara de fastidio la dejó de una pieza y sin argumentos posibles para poder rebatirle: "mamá ahora no puedo ayudarte, ¿no ves acaso que estoy reunida con mi equipo de estudio"?

A estas alturas del desarrollo tecnocientífico alcanzado en el mundo occidental, no tenemos conciencia de su profundo impacto y de los cambios suscitados en nuestras vidas. Baste tan sólo ver a nuestros muchachos pegados a toda hora a las pantallas de los soportes tecnológicos de moda (laptops, BlackBerry, tabletas, etc.), para percibir de manera somera cuán es su impronta en los tiempos presentes.

Cuando entré a mi facultad como profesor hace más de 20 años, había una sola computadora: era inmensa (casi del tamaño de una lavadora), estaba cubierta por una lona blanca y sólo tenía acceso a ella un técnico que la manejaba a su antojo, ante la mirada atónita de los demás que veíamos en ese sujeto a una especie de gran mago, quien podía desentrañar en el maremagno de teclas y botones que tenía el armatoste un mundo ignoto y desconocido para todos.  Hoy tienen acceso a las computadoras (y sus ingentes "portentos"), los párvulos de los preescolares en los más apartados rincones del planeta.

Lenta pero paulatinamente nos hemos hecho dependientes (y esclavos) de la tecnociencia. Es más: no podríamos sobrevivir sin ella. Pareciera en todo caso que la hemos convertido en lazarillo para seguir adelante en el diario vivir, olvidándonos que son herramientas producto del desarrollo puestas a nuestro servicio, y no al revés. Tan es así, que se ha hecho un lugar común expresar que quienes no manejen con suficiente pericia los productos de la tecnociencia son analfabetas funcionales. Pero, ¿hasta qué punto esto es verdad? ¿No será acaso al revés y nos hemos vuelto analfabetas de la vida, al olvidarnos que fuera de la tecnociencia hay un mundo maravilloso de posibilidades, que perdemos en nuestro afán de cosificarlo todo? 

Yo creo que sí. 

rigilo99@hotmail.com 

@GilOtaiza
 


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