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Cuando los jóvenes pierden el tiempo

OSWALDO PULGAR PÉREZ |  EL UNIVERSAL
jueves 14 de junio de 2012  03:34 PM
Conversan preocupados Mafalda y Felipe. Mafalda le dice a Felipe: -¿Has visto el fardo de problemas que hay en el mundo Felipe...? ¡No sé, pero me parece que los adultos andan con ganas de... -¿Con ganas? ¿Con ganas de qué? -interviene Felipe.

En ese momento atraviesa la habitación el papá de Mafalda musitando una canción con una maceta y una flor. Y dice Mafalda: -¡De endilgarnos ese fardo a las generaciones jóvenes!

A veces decimos: ¿qué país vamos a dejarle a nuestros hijos y nietos? con un dejo de pesimismo si la situación es mala; sin reparar que la solución está en nuestras manos. Nosotros seremos responsables por el modo en que preparemos  a esos chamos para el futuro que les vamos a dejar.

Un factor educativo es el uso del tiempo libre. Hoy día, y cada vez más, los sistemas educativos conceden a niños y jóvenes más tiempo libre. Los padres se dan cuenta de la importancia de la cuestión y tienen temor a que "pierdan el tiempo" en los espacios no lectivos.

Por eso, muchas familias buscan actividades extraescolares para los hijos; es frecuente que, tengan un cierto corte académico -un idioma o un instrumento musical-, que complete sus estudios. El tiempo libre, ofrece unas posibilidades educativas específicas, a las que se refería Juan Pablo II, cuando animaba a "potenciar y valorizar el tiempo libre de los adolescentes y orientar sus energías".

En esas horas diarias en las que las obligaciones más o menos se interrumpen, el joven se siente dueño de su propio destino; puede hacer lo que "realmente" quiere: estar con sus amigos o su familia, cultivar aficiones, descansar y divertirse de la manera que más le satisface.

Ahí toma decisiones que entiende como propias porque se dirigen a jerarquizar sus intereses: qué me gustaría hacer, qué tarea debería recomenzar o cuál podría aplazar. Puede aprender a conocerse mejor, a plantearse nuevas iniciativas y ejecutarlas. En pocas palabras, pone en juego su propia libertad de un modo más consciente. Educar es educar para ser libres, y el tiempo libre es, por definición, tiempo de libertad. Tiempo para invertir en esas cosas que no son "necesarias", pero sin las que no se puede vivir.

Este tiempo se puede echar a perder, tanto si los padres se desentienden del "ocio" de sus hijos -siempre que cumplan con sus obligaciones escolares-, como si lo ven solo, como una oportunidad de "prolongar" su formación académica.

En el primer caso, es fácil que los hijos se dediquen, cómodos y perezosos, a "vegetar" y a descansar de un modo que les exija poco esfuerzo. Por ejemplo, con la televisión o los video-juegos. En el segundo caso, se pierde la especificidad educativa del tiempo libre que se convierte en una especie de prolongación de la escuela, organizada casi exclusivamente por sus padres.

Conviene, por tanto, que los padres valoren con frecuencia, si esas actividades adicionales aportan algo a la formación integral de sus hijos, y si, en conjunto contribuyen, de modo equilibrado, a su descanso y formación. Un horario apretado significa que el hijo hará muchas cosas, pero quizás no aprenda a administrar su tiempo.

Si se quiere que los hijos crezcan en virtudes, tienen que experimentar su propia libertad. Si no se les da la posibilidad de elegir sus actividades favoritas, o, se les impide, en la práctica jugar o estar con los amigos, se corre el riesgo de que, cuando crezcan, no sepan cómo divertirse.

oswaldopulgar@gmail.com 

@oswaldopulgar



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