Desde aceras y balcones
La energía recóndita que la ira produce es la mayor amenaza que hoy encara Miraflores
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ANTONIO COVA MADURO
| EL UNIVERSAL
miércoles 13 de junio de 2012 12:00 AM
Siempre es difícil hablar sobre lo que todo el mundo vio y oyó y que está tan de primer lugar en las noticias que es casi imposible añadir algo a lo que muchos han tratado ya. El acontecimiento que tuvo lugar en Caracas el pasado domingo 10 de junio, sin embargo, exige ser tratado, aun a riesgo de repetir clisés.
Por suerte para todos, ya Tulio Hernández se nos adelantó con algunas apreciaciones de gran valor en su artículo del mismo domingo en el diario El Nacional. Para él, la presentación de Henrique Capriles para oficializar su candidatura a la presidencia de la República en los comicios que tendrán lugar el domingo 7 de octubre, ya había desmentido tres esperanzas del chavismo.
La primera: que no se concretaría la alianza unitaria. A José Vicente, sobre todo, eso le parecía una verdad de cajón. Pero, amigos, no hay nada más riesgoso que aferrarse a lo que dicen los libros sin leer con atención esmerada lo que dicen los signos del tiempo que vivimos; y ese milagro se materializó.
La segunda: que no se realizarían las elecciones primarias, y no sólo se llevaron a cabo, sino con una masa de votantes inesperada y absolutamente descalabrante para el chavismo. La tercera es una consecuencia de la anterior: que de ellas no brotaría un candidato único. No sólo las primarias lo legitimaron, sino que fue tan abrumadoramente mayoritaria la escogencia que nada ni nadie podría objetarla.
Creo que a Tulio se le olvidó una última -hasta ahora- trampita del laboratorio chavista: la pretensión de que podría cambiarse de candidato a la mitad del río, incluso con ayuda del bando opositor. Idea ésta que, aunque muy peregrina se conecta con la anterior esperanza chavista: que se nos enredase el asunto del candidato escogido porque a algunos autodesignados expertos no les parecería Capriles el hombre adecuado. Este domingo se selló el Consumatum est en lo que tiene que ver con a qué iremos y encabezados por quién en la batalla que libraremos.
Ya la Marcha es historia y no hay forma alguna de negarla. Cientos de miles de venezolanos, en su mayoría caraqueños, acudieron al llamado de sus instituciones legítimas para mostrar al mundo -y a José Vicente, por supuesto- el error que cometen al darle credibilidad a las encuestas chimbas que manejan. La encuesta en carne viva salió a la calle este domingo y ella augura la contundente derrota que recibirá Hugo Chávez en Caracas.
Pero hoy quiero dedicar mi atención a los otros marchantes. Y para ello acudo a mis recuerdos. Desde que la democracia se reinició en 1958 siempre fue mi costumbre acompañar los actos principales de las campañas, de modo de poder confiar más en mis ojos y mis "pálpitos" que en lo que dicen los expertos. Y en esas lides aprendí mucho.
Vamos pues. Rápido llegaba a su fin el fatídico año de 1983, el mismo al que el "viernes negro" había hecho célebre, tanto como para que en un pueblo al inicio de la carretera transandina, un impactante graffiti recibiera a los visitantes: "Bienvenidos mayameros" proclamaba mordaz, para recordarle a muchos que ya no habría dólares baratos para mantener vivo al "Ta'barato". Y en aquel año tan duro, Caldera, una vez más, le impuso al Copei su candidatura presidencial.
Y a eso Acción Democrática respondió con una ocurrencia: Jaime Lusinchi candidato. Pero la batalla pronto adquirió el rostro que de verdad tenía: la elección no era otra que castigar a Copei por lo que había hecho al devaluar el bolívar, o continuar con él el empedrado camino que había escogido.
Llegados a la recta final, una amiga, ansiosa me pregunta, conocedora como era de mi seguimiento acucioso, ¿cómo han sido las clausuras de campaña? Y le respondo: parejos. Pero rápido le añado: el problema no está en cuánta gente ha podido movilizar cada bando, sino qué harán ese día quienes contemplan a cada grupo desde las aceras y los balcones.
Si les repele lo que Copei ha hecho, ante la fuerza electoral que demuestra en su movilización votarán masivamente por Lusinchi, que es el único que les garantiza desalojarle del poder. Los resultados electorales de aquel diciembre de 1983 lo confirmaron rotundamente. ¿Qué cree usted que harán ahora? ¿Repetirán la hazaña?
Toda la furia acumulada por el deterioro de un país que se ha hecho muy peligroso en estos trece años se volcará tras quien puede garantizarles desalojar del poder a los culpables. Ni lo duden por un segundo. Y es esa energía recóndita que la ira produce la mayor amenaza que hoy encara el enfermo de Miraflores.
antave38@yahoo.com
Por suerte para todos, ya Tulio Hernández se nos adelantó con algunas apreciaciones de gran valor en su artículo del mismo domingo en el diario El Nacional. Para él, la presentación de Henrique Capriles para oficializar su candidatura a la presidencia de la República en los comicios que tendrán lugar el domingo 7 de octubre, ya había desmentido tres esperanzas del chavismo.
La primera: que no se concretaría la alianza unitaria. A José Vicente, sobre todo, eso le parecía una verdad de cajón. Pero, amigos, no hay nada más riesgoso que aferrarse a lo que dicen los libros sin leer con atención esmerada lo que dicen los signos del tiempo que vivimos; y ese milagro se materializó.
La segunda: que no se realizarían las elecciones primarias, y no sólo se llevaron a cabo, sino con una masa de votantes inesperada y absolutamente descalabrante para el chavismo. La tercera es una consecuencia de la anterior: que de ellas no brotaría un candidato único. No sólo las primarias lo legitimaron, sino que fue tan abrumadoramente mayoritaria la escogencia que nada ni nadie podría objetarla.
Creo que a Tulio se le olvidó una última -hasta ahora- trampita del laboratorio chavista: la pretensión de que podría cambiarse de candidato a la mitad del río, incluso con ayuda del bando opositor. Idea ésta que, aunque muy peregrina se conecta con la anterior esperanza chavista: que se nos enredase el asunto del candidato escogido porque a algunos autodesignados expertos no les parecería Capriles el hombre adecuado. Este domingo se selló el Consumatum est en lo que tiene que ver con a qué iremos y encabezados por quién en la batalla que libraremos.
Ya la Marcha es historia y no hay forma alguna de negarla. Cientos de miles de venezolanos, en su mayoría caraqueños, acudieron al llamado de sus instituciones legítimas para mostrar al mundo -y a José Vicente, por supuesto- el error que cometen al darle credibilidad a las encuestas chimbas que manejan. La encuesta en carne viva salió a la calle este domingo y ella augura la contundente derrota que recibirá Hugo Chávez en Caracas.
Pero hoy quiero dedicar mi atención a los otros marchantes. Y para ello acudo a mis recuerdos. Desde que la democracia se reinició en 1958 siempre fue mi costumbre acompañar los actos principales de las campañas, de modo de poder confiar más en mis ojos y mis "pálpitos" que en lo que dicen los expertos. Y en esas lides aprendí mucho.
Vamos pues. Rápido llegaba a su fin el fatídico año de 1983, el mismo al que el "viernes negro" había hecho célebre, tanto como para que en un pueblo al inicio de la carretera transandina, un impactante graffiti recibiera a los visitantes: "Bienvenidos mayameros" proclamaba mordaz, para recordarle a muchos que ya no habría dólares baratos para mantener vivo al "Ta'barato". Y en aquel año tan duro, Caldera, una vez más, le impuso al Copei su candidatura presidencial.
Y a eso Acción Democrática respondió con una ocurrencia: Jaime Lusinchi candidato. Pero la batalla pronto adquirió el rostro que de verdad tenía: la elección no era otra que castigar a Copei por lo que había hecho al devaluar el bolívar, o continuar con él el empedrado camino que había escogido.
Llegados a la recta final, una amiga, ansiosa me pregunta, conocedora como era de mi seguimiento acucioso, ¿cómo han sido las clausuras de campaña? Y le respondo: parejos. Pero rápido le añado: el problema no está en cuánta gente ha podido movilizar cada bando, sino qué harán ese día quienes contemplan a cada grupo desde las aceras y los balcones.
Si les repele lo que Copei ha hecho, ante la fuerza electoral que demuestra en su movilización votarán masivamente por Lusinchi, que es el único que les garantiza desalojarle del poder. Los resultados electorales de aquel diciembre de 1983 lo confirmaron rotundamente. ¿Qué cree usted que harán ahora? ¿Repetirán la hazaña?
Toda la furia acumulada por el deterioro de un país que se ha hecho muy peligroso en estos trece años se volcará tras quien puede garantizarles desalojar del poder a los culpables. Ni lo duden por un segundo. Y es esa energía recóndita que la ira produce la mayor amenaza que hoy encara el enfermo de Miraflores.
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