Con Simonovis está presa toda Venezuela
JORGE CAJÍAS
| EL UNIVERSAL
sábado 9 de junio de 2012 12:04 PM
Iván se revuelve una y otra vez en la cama de su calabozo húmedo, sin otra luz que no sea la que encienden a discreción carceleros entrenados para hacerle imposible ocho años de prisión, a quien otrora fuese un comisario policial importante, ahora reducido, pero no vencido, por su clara participación en los sucesos del 11 de abril de 2002, cuando en una "encerrona" en Puente Llaguno, preparada por los que desgobiernan, salvó la vida de miles de caraqueños que pujaban por llegar a las puertas de Miraflores.
Ve la hora y se percata que falta mucho para amanecer aunque no haya podido ver el sol en tan solo escasos quince días desde que se inicio su encierro, que suma ya más de dos mil novecientos días. El sabe que es un preso de los que "mandan" en Venezuela, en especial del propio presidente Chávez. Se sabe que es objeto de la mayor injusticia y crueldad de quienes ya confiesan, como el exmagistrado Aponte Aponte, que su juicio e inmolación durante todo este tiempo fue flagrado por mentes insanas y fanatizadas, que en aras de la venganza, y con el fin de ocultar la propia responsabilidad de Chávez por los sucesos del 11 de abril de 2002, lo lanzaron a las tinieblas de calabozos, que en forma progresiva y escabrosa le han ido mermando la existencia humana y quitándole la vida a pedacitos.
En medio de la oscuridad y con la ayuda de una pequeña linterna, recorre su cuerpo carcomido y exangüe por las sombras permanentes a que lo han sometido. Estira sus brazos y piernas y siente el intenso dolor de sus articulaciones y huesos que están corroídos por la osteoporosis, resultado de la tortura crónica de no poder exponer su humanidad al sol.
Iván sabe que los rayos del sol sobre su piel son en extremo importantes para absorber el calcio que aportan los alimentos y que le da a la estructura ósea fortaleza para resistir la carga del cuerpo humano. Sus captores lo saben también y lo han sometido a la tortura moderna del dolor permanente de la osteoporosis. Es la tortura hecha por policías venezolanos, seguramente asesorados por los reyes del tormento humano, como son el G2 cubano.
Vuelve otra vez con la linterna a iluminar su piel empalidecida y sus músculos atrofiados que nadan en la cama, donde su presencia se va desvaneciendo mientras el país continúa su propio ritmo. Piensa en Bony, su inquebrantable compañera. Piensa en sus hijos que eran muy pequeños antes que esta pesadilla comenzara y ahora son unos adolescentes.
Una vuelta más en la cama de la mazmorra y un pensamiento insidioso lo sobresalta y produce angustia: En cualquier lugar del mundo las "confesiones" de un magistrado de un alto tribunal de un país, hubiesen puesto en libertad a un reo como él. Pero no es así. Continúa preso y sometido a la tortura del aislamiento y la oscuridad.
Ve el reloj y se sorprende. No ha pasado tanto tiempo desde que despertó. Sigue siendo de madrugada. Sabrá que es de día sin ver el reloj, solo cuando se abran las puertas de su calabozo donde lo mantienen secuestrado, pueda ver el sol y salga en libertad. Ese día no depende tanto de Iván Simonovis sino del pueblo mismo por el cual se sacrifica y consume en la cárcel. Porque con Iván Simonovis está preso toda Venezuela.
Médico y Abogado UCV @jcajias
Ve la hora y se percata que falta mucho para amanecer aunque no haya podido ver el sol en tan solo escasos quince días desde que se inicio su encierro, que suma ya más de dos mil novecientos días. El sabe que es un preso de los que "mandan" en Venezuela, en especial del propio presidente Chávez. Se sabe que es objeto de la mayor injusticia y crueldad de quienes ya confiesan, como el exmagistrado Aponte Aponte, que su juicio e inmolación durante todo este tiempo fue flagrado por mentes insanas y fanatizadas, que en aras de la venganza, y con el fin de ocultar la propia responsabilidad de Chávez por los sucesos del 11 de abril de 2002, lo lanzaron a las tinieblas de calabozos, que en forma progresiva y escabrosa le han ido mermando la existencia humana y quitándole la vida a pedacitos.
En medio de la oscuridad y con la ayuda de una pequeña linterna, recorre su cuerpo carcomido y exangüe por las sombras permanentes a que lo han sometido. Estira sus brazos y piernas y siente el intenso dolor de sus articulaciones y huesos que están corroídos por la osteoporosis, resultado de la tortura crónica de no poder exponer su humanidad al sol.
Iván sabe que los rayos del sol sobre su piel son en extremo importantes para absorber el calcio que aportan los alimentos y que le da a la estructura ósea fortaleza para resistir la carga del cuerpo humano. Sus captores lo saben también y lo han sometido a la tortura moderna del dolor permanente de la osteoporosis. Es la tortura hecha por policías venezolanos, seguramente asesorados por los reyes del tormento humano, como son el G2 cubano.
Vuelve otra vez con la linterna a iluminar su piel empalidecida y sus músculos atrofiados que nadan en la cama, donde su presencia se va desvaneciendo mientras el país continúa su propio ritmo. Piensa en Bony, su inquebrantable compañera. Piensa en sus hijos que eran muy pequeños antes que esta pesadilla comenzara y ahora son unos adolescentes.
Una vuelta más en la cama de la mazmorra y un pensamiento insidioso lo sobresalta y produce angustia: En cualquier lugar del mundo las "confesiones" de un magistrado de un alto tribunal de un país, hubiesen puesto en libertad a un reo como él. Pero no es así. Continúa preso y sometido a la tortura del aislamiento y la oscuridad.
Ve el reloj y se sorprende. No ha pasado tanto tiempo desde que despertó. Sigue siendo de madrugada. Sabrá que es de día sin ver el reloj, solo cuando se abran las puertas de su calabozo donde lo mantienen secuestrado, pueda ver el sol y salga en libertad. Ese día no depende tanto de Iván Simonovis sino del pueblo mismo por el cual se sacrifica y consume en la cárcel. Porque con Iván Simonovis está preso toda Venezuela.
Médico y Abogado UCV @jcajias
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