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Lo que va a ocurrir el 7 de octubre

RICARDO GIL OTAIZA |  EL UNIVERSAL
viernes 8 de junio de 2012  03:59 PM
El caos conlleva necesariamente un orden, eso es ley, nada lo puede detener. Las fuerzas entrópicas paradójicamente terminan por ceder frente al reordenamiento de los sistemas, y eso no quiere decir que todo vuelva a ser igual que antes. Todo lo contrario, se produce, repito, un reordenamiento que trae como consecuencia jugadas maestras en ese tablero de ajedrez que es la vida, para mostrarse distinta, con un nuevo rostro, remozada si se quiere para hacer frente a la incertidumbre. Y esto es así en todos los planos del existir, y los fenómenos de orden social no escapan a ello.

Como cosa curiosa, buena parte de las grandes teorías, leyes, modelos han dado el salto cualitativo desde el hecho "natural" al hecho social, para enriquecerlo y así enriquecerse a su vez. Desde el ángulo de la complejidad estaríamos hablando entonces de una recursividad que posibilita el que seamos producto de la sociedad a la que a su vez construimos. En términos morinianos podríamos expresarlo así: "se producen cosas y se autoproducen al mismo tiempo; el productor es su propio producto". En lenguaje cristiano expresaríamos que somos lo que la sociedad hace de nosotros y ella es nuestra propia creación.

Como ciudadanos somos producto del caos social, que al mismo tiempo hemos construido con nuestras acciones (y omisiones), y esto es así hasta que el sistema se estabiliza y alcanza el equilibrio. En el intríngulis de tal proceso las "partículas" desordenadas (nosotros) se reordenan creando un nuevo orden. Así funcionan las sociedades y esto ha sido desde el inicio de los tiempos.

A escala micro, la sociedad venezolana entró en la última década en entropía y en el caos, y hoy se prepara par dar el salto a una interesante fase de estabilidad, que traerá consigo otros aires al crispado ambiente que nos ha caracterizado hasta hoy, y que tanto daño nos ha hecho a todos. Nosotros, víctimas y victimarios, productos y productores, co-artífices (¡qué dudas caben!) de todo lo que aquí ha acontecido, hemos decidido de manera consciente y responsable, razonada y reflexiva, romper el círculo vicioso que nos ataba a una ruleta rusa sin destino, sin esperanzas;  y trocar toda esa podredumbre en un círculo virtuoso que nos impulse hacia mejores destinos.

Este venidero 7 de octubre Capriles Radonski ganará las elecciones presidenciales de manera holgada y sin presiones, porque tanto él como nosotros, causantes y causados, así lo decidimos. Las leyes universales son inmutables y siempre se cumplen. En esa inexorabilidad, en esa implacabilidad fenoménica del existir, llegó el momento del "reacomodo" y del cambio generacional en Venezuela. Y en ese reacomodo no cabrán las medias tintas, ni los camaleones de siempre; ni mucho menos los que ayer se lucraron del poder y se encuentran como buitres a la espera de la carroña.

El reacomodo implicará, eso sí, el deslastrarse de la vieja piel de la politiquería y la demagogia, de las prebendas, del amiguismo, del compadrazgo, del carnet del partido, del quítate tú para ponerme yo, para que se entronice en la sensible piel del poder político de este país, una generación exenta de atavismos, de odios viscerales: gente con ideas para reconstruir lo derrumbado; gente con ganas de devolverle a la nación la dignidad perdida; gente dispuesta a sacrificar su vida personal y familiar en aras de un país de esperanzas.

Lo que va ocurrir el 7 de octubre en Venezuela marcará un punto de inflexión en su historia contemporánea. La democracia se levantará de sus cenizas como el ave Fénix para erigirse de nuevo por los cielos del continente y del mundo. El sistema se habrá estabilizado.

rigilo99@hotmail.com

@GilOtaiza             


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