¡Vivan las cadenas!
El país, por primera vez en catorce años, tiene que conformarse con refritos
GUSTAVO LINARES BENZO
| EL UNIVERSAL
domingo 27 de mayo de 2012 12:00 AM
Cuando Fernando VII regresa al trono luego de la ignominia de Bayona y la derrota de Napoleón, uno de sus primeros actos fue derogar o desaplicar o declarar nula, no se sabe a ciencia cierta, la Constitución de Cádiz, la famosa Pepa de 1812, que está cumpliendo doscientos años. Conocida la decisión que daba al traste con los primeros ensayos republicanos españoles, la Pepa establecía una monarquía constitucional con separación de poderes y otras libertades, el pueblo celebró voceando "¡Vivan las cadenas!".
Los tiranos tienen apoyo popular, de hecho, cuando lo pierden normalmente se sale de ellos. Porque las tiranías, antiguas, modernas y posmodernas, se basan en un arreglo más o menos semejante, un trueque de libertad por comida o línea blanca, pan y circo. Las tiranías son muy utilitarias, salvo por el tradicional patrioterismo y alguna que otra guerrita o bravuconada.
Las libertades civiles, el anhelo de democracia, el deseo de ser diferente y de tener iniciativas en todos los campos, supone un mínimo de bienestar, superar los umbrales más bajos de pobreza: quien sólo lucha por sobrevivir no tiene tiempo ni fuerzas para la independencia judicial o el control del Ejecutivo. Al contrario, la relación clientelar en que se sostiene el tirano tiene como contrapartida que el pobre lo ve como la única fuente de su sustento y se le entrega a cambio de su libertad.
En estos años hemos visto a multitudes gritar casi literalmente lo mismo que los españoles de 1812: "¿quieren cadena?, se le preguntaba a obsecuentes y ellos aplaudían. Entonces el pensamiento único se volvía imagen y sonido únicos, por horas, días y años. ¡Vivan las cadenas! Era el reflejo venezolano del atavismo humano, del chantaje que ve en un líder de carne y hueso, eterno y predestinado, la única forma de gobierno y considera la libertad como un riesgo que no vale la pena correr o un lujo inaccesible.
Las cadenas, las mediáticas, se acabaron. El país, por primera vez en catorce años, tiene que conformarse con refritos o con relámpagos de minutos en vez del encadilamiento por horas. Por accidente biológico o por designio de una providencia más alta, lo sabremos cuando el tiempo de todos se acabe, suenan otras voces, la pluralidad vuelve y ya no hay cadenas que vitorear, mediáticas al menos.
glinares@cjlegal.net
Los tiranos tienen apoyo popular, de hecho, cuando lo pierden normalmente se sale de ellos. Porque las tiranías, antiguas, modernas y posmodernas, se basan en un arreglo más o menos semejante, un trueque de libertad por comida o línea blanca, pan y circo. Las tiranías son muy utilitarias, salvo por el tradicional patrioterismo y alguna que otra guerrita o bravuconada.
Las libertades civiles, el anhelo de democracia, el deseo de ser diferente y de tener iniciativas en todos los campos, supone un mínimo de bienestar, superar los umbrales más bajos de pobreza: quien sólo lucha por sobrevivir no tiene tiempo ni fuerzas para la independencia judicial o el control del Ejecutivo. Al contrario, la relación clientelar en que se sostiene el tirano tiene como contrapartida que el pobre lo ve como la única fuente de su sustento y se le entrega a cambio de su libertad.
En estos años hemos visto a multitudes gritar casi literalmente lo mismo que los españoles de 1812: "¿quieren cadena?, se le preguntaba a obsecuentes y ellos aplaudían. Entonces el pensamiento único se volvía imagen y sonido únicos, por horas, días y años. ¡Vivan las cadenas! Era el reflejo venezolano del atavismo humano, del chantaje que ve en un líder de carne y hueso, eterno y predestinado, la única forma de gobierno y considera la libertad como un riesgo que no vale la pena correr o un lujo inaccesible.
Las cadenas, las mediáticas, se acabaron. El país, por primera vez en catorce años, tiene que conformarse con refritos o con relámpagos de minutos en vez del encadilamiento por horas. Por accidente biológico o por designio de una providencia más alta, lo sabremos cuando el tiempo de todos se acabe, suenan otras voces, la pluralidad vuelve y ya no hay cadenas que vitorear, mediáticas al menos.
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