Todos contra Capriles
En lo más profundo desean un candidato parecido a Hugo Chávez
FRANCISCO OLIVARES
| EL UNIVERSAL
sábado 26 de mayo de 2012 12:00 AM
Cien 100 mil millones de dólares para gastar sin control institucional le aportarían una buena dosis de carisma a cualquier candidato electoral. La política más acertada que ha tenido este Gobierno ha sido despilfarrar el dinero del petróleo sin ningún control. Todo comenzó con aquel Plan Bolívar 2000 y aunque sólo 20% llegaría a los necesitados, la piñata inauguró una nueva manera de agarrarse los dineros públicos. El despilfarro tomó el nombre de Misiones que ya resultan difíciles de enumerar.
La última de ellas relacionada con la inseguridad le da cierto estatus institucional al asesinato y promete indemnizar a los 20 mil venezolanos que caen bajo el fuego del hampa cada año. Cada fracaso al tiempo asume el nombre de una misión, con un costo tres o cuatro veces superior a lo que se hubiese invertido si se hubiese desarrollado en un esquema planificado.
Pero si bien ninguna misión ha resuelto el problema para la que fue creada, ha servido para manejar la imagen de redentor que ha cultivado el comandante presidente.
Que el tipo haya fracasado en los más importantes objetivos que pueda tener cualquier gobierno resulta insignificante frente a la cosecha política que ha logrado creando ilusiones en la inmensa masa marginada.
Hasta el asalariado del Gobierno y analista español Juan Carlos Monedero, sostiene que Chávez ya no necesita exponerse públicamente porque el trabajo "ya está hecho".
En el año electoral, todo el poder económico del Gobierno se ha centrado en las Misiones y en segundo término, en la descalificación del candidato opositor. En ese concierto se anexan lamentablemente voceros opositores.
Desde las pantallas de TV y portales noticiosos los analistas sintetizan la "debilidad" del candidato opositor en dos aspectos: "el candidato no emociona" o "el mismo discurso de hace 40 años". En lo más profundo desean un candidato parecido a Hugo Chávez: grosero, charlatán y mentiroso.
Por el contrario, la oferta de cualquier candidato que milite en las filas de la democracia necesariamente tiene que comenzar por desmontar el caudillismo militarista que ha impuesto Chávez. En medio de la mayor ineficiencia que se ha conocido en los últimos 50 años y que ha devuelto al país a principios de siglo, el nuevo gobierno habrá de restituir el Estado de Derecho y la democracia con autonomía de los poderes. Si ello es un discurso que no emociona, no vemos otro que sirva para sacar al país de las filas de los "Estados forajidos". El otro discurso que parece sí emocionar, según estos analistas, es aquel que ofrece a los venezolanos que deben someterse a los caprichos de un caudillo quien maneja a su antojo tanto los dineros públicos como las leyes.
Twitter: @folivares10
La última de ellas relacionada con la inseguridad le da cierto estatus institucional al asesinato y promete indemnizar a los 20 mil venezolanos que caen bajo el fuego del hampa cada año. Cada fracaso al tiempo asume el nombre de una misión, con un costo tres o cuatro veces superior a lo que se hubiese invertido si se hubiese desarrollado en un esquema planificado.
Pero si bien ninguna misión ha resuelto el problema para la que fue creada, ha servido para manejar la imagen de redentor que ha cultivado el comandante presidente.
Que el tipo haya fracasado en los más importantes objetivos que pueda tener cualquier gobierno resulta insignificante frente a la cosecha política que ha logrado creando ilusiones en la inmensa masa marginada.
Hasta el asalariado del Gobierno y analista español Juan Carlos Monedero, sostiene que Chávez ya no necesita exponerse públicamente porque el trabajo "ya está hecho".
En el año electoral, todo el poder económico del Gobierno se ha centrado en las Misiones y en segundo término, en la descalificación del candidato opositor. En ese concierto se anexan lamentablemente voceros opositores.
Desde las pantallas de TV y portales noticiosos los analistas sintetizan la "debilidad" del candidato opositor en dos aspectos: "el candidato no emociona" o "el mismo discurso de hace 40 años". En lo más profundo desean un candidato parecido a Hugo Chávez: grosero, charlatán y mentiroso.
Por el contrario, la oferta de cualquier candidato que milite en las filas de la democracia necesariamente tiene que comenzar por desmontar el caudillismo militarista que ha impuesto Chávez. En medio de la mayor ineficiencia que se ha conocido en los últimos 50 años y que ha devuelto al país a principios de siglo, el nuevo gobierno habrá de restituir el Estado de Derecho y la democracia con autonomía de los poderes. Si ello es un discurso que no emociona, no vemos otro que sirva para sacar al país de las filas de los "Estados forajidos". El otro discurso que parece sí emocionar, según estos analistas, es aquel que ofrece a los venezolanos que deben someterse a los caprichos de un caudillo quien maneja a su antojo tanto los dineros públicos como las leyes.
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