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Adorable criatura

GABRIEL VARGAS-ZAPATA |  EL UNIVERSAL
viernes 25 de mayo de 2012  03:33 PM
La delicada narración que plantea Simon Curtis en su Mi semana con Marilyn está relacionada con una exposición ambigua de la figura de la legendaria rubia, que en este caso Michelle Williams aborda con igual resonancia, proponiendo un efecto de amor-odio enmarcada en la maravillosa recreación del rodaje de El príncipe y la corista.

Curtis no se preocupa por la profundidad del drama que supuso para Laurence Olivier el fichaje de la actriz, en cambio convierte su filme en un camerino agitado por las emociones y los misterios, lo llena de personajes y dibuja así, un retrato intimo de la cara menos conocida de Marilyn Monroe. Aunque en realidad tampoco pretende biografiar su vida ni mucho menos, sino recrear un pasaje que también forma parte de la historia del cine, formalismos aparte.

Williams no podía hacer menos que estar a la altura, su interpretación sí que es profunda, pero también sublime y frágil, delicada y fresca, esforzada más por retratar a la que Truman Capote definió como una Adorable criatura, que a la estrella despistada que ni remotamente podía imaginar en lo que iba a convertirse.

La historia transcurre entonces esquivando la iconicidad y esa telelentejuela que definía Macé, elije un camino comercial si, y un estilo muy británico, pero también deja espacio para un ejercicio de experimentos en los que si bien Williams sale muy bien librada, no ocurre lo mismo con Curtis. Aquí habría que citar a Eddie Redmayne, cuyo personaje, verdadero protagonista de la historia, no queda del todo bien situado y mucho menos logra la ansiada conexión que todos esperamos entre la actriz, el estudio de grabación y él, un simple aprendiz de repente convertido en un capricho.

Algo que si ha servido para oxigenar la trama (y a Marilyn), fue Zoë Wanamaker y su estupendo personaje, cuya relación con la estrella verdaderamente equivale a esos puntos de fuga que constantemente el público está buscando, y que simplemente nunca llegan. Todo se queda en pequeños conatos que, sumados, construyen una historia que al final es entendida sin problemas y aplaudida sin remedios, pero que nunca terminan de aprovechar todo el potencial que hay detrás: un gran elenco y una historia genial y potencialmente histórica.

El final es pulcro pero débil, por una parte fracasa en su intento de acomodar una trama bastante descompensada y dispareja, pero por otra parte, triunfa al jugar con un personaje tan significativo, lo hace con recelo y egoísmo, y eso contribuye a que el trabajo de Williams se disfrute con todas sus comas, sin que quede más remedio que admirarla. En definitiva, uno se la pasa toda la película deseando que aparezca, como con Marilyn.

@gvargaszapata
gvargaszapata@hotmail.com 
www.gvargaszapata.blogspot.com
 


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