Y se van los que pueden
A la razón de supervivencia se une, sobre todo entre los jóvenes, la zozobra como sistema de vida
GUSTAVO LINARES BENZO
| EL UNIVERSAL
domingo 20 de mayo de 2012 12:00 AM
En los últimos tres lustros hemos pasado de recibir inmigrantes a despedirnos de nuestros mejores talentos, actuales o potenciales. Esta misma semana vimos cómo un venezolano era nombrado presidente del Instituto de Tecnología de Massachusetts, por ejemplo. Evento tristísimo, basta pensar en el mismo venezolano como rector de la Simón Bolívar o director del IVIC para percatarnos de la tragedia que representa este éxodo.
Que además ocurra durante uno de los períodos de mayores ingresos fiscales para el país es aún más desolador. El mundo de oportunidades que se está abriendo a América Latina hubiera sido para nosotros un universo si junto a este inmenso caudal de petrodólares nos hubiéramos abierto mínimamente al resto del planeta, a lo más serio y fascinante de los tiempos que vivimos (pues a las importaciones de güisqui y de la comida que ya no producimos estamos abiertos obscenamente).
Estos fenómenos demográficos no pueden juzgarse con el cristal de las circunstancias de cada emigrado, sino como producto de causas muy profundas y, por tanto, nada fáciles de revertir. Dos de ellas resaltan a la vista, la inseguridad personal y la absoluta incertidumbre sobre el futuro económico y social.
Muchos emigrados literalmente corrieron por su vida. Con esa desfachatez abyecta que caracteriza al Gobierno, se ha dicho que la inseguridad es una percepción; sí, pero la percepción de la frialdad del cadáver del hermano o del hijo, o la falta de percepción del padre o el esposo, imperceptibles porque han sido secuestrados por bandas coordinadas tantas veces por las mismas policías. Para no hablar de los robos y atracos de casas y vehículos, casi una suerte cuando no fueron acompañados de homicidio o daño.
Por esa razón tantos se van, sobre todo los que pueden, que paradójicamente no son los más afectados por el asesinato. Pero a esta razón de supervivencia se une, sobre todo entre los jóvenes, la zozobra como sistema de vida, el rasgo esencial de la personalidad del Presidente y de su imagen que es el Gobierno y sus instituciones.
Así las cosas, un flamante médico de la UCV o un nuevo ingeniero de la ULA prefieren un poquito de certeza, un mínimo de seguridad. Tarea urgente es volver a ofrecer ambas cosas.
glinares@cjlegal
Que además ocurra durante uno de los períodos de mayores ingresos fiscales para el país es aún más desolador. El mundo de oportunidades que se está abriendo a América Latina hubiera sido para nosotros un universo si junto a este inmenso caudal de petrodólares nos hubiéramos abierto mínimamente al resto del planeta, a lo más serio y fascinante de los tiempos que vivimos (pues a las importaciones de güisqui y de la comida que ya no producimos estamos abiertos obscenamente).
Estos fenómenos demográficos no pueden juzgarse con el cristal de las circunstancias de cada emigrado, sino como producto de causas muy profundas y, por tanto, nada fáciles de revertir. Dos de ellas resaltan a la vista, la inseguridad personal y la absoluta incertidumbre sobre el futuro económico y social.
Muchos emigrados literalmente corrieron por su vida. Con esa desfachatez abyecta que caracteriza al Gobierno, se ha dicho que la inseguridad es una percepción; sí, pero la percepción de la frialdad del cadáver del hermano o del hijo, o la falta de percepción del padre o el esposo, imperceptibles porque han sido secuestrados por bandas coordinadas tantas veces por las mismas policías. Para no hablar de los robos y atracos de casas y vehículos, casi una suerte cuando no fueron acompañados de homicidio o daño.
Por esa razón tantos se van, sobre todo los que pueden, que paradójicamente no son los más afectados por el asesinato. Pero a esta razón de supervivencia se une, sobre todo entre los jóvenes, la zozobra como sistema de vida, el rasgo esencial de la personalidad del Presidente y de su imagen que es el Gobierno y sus instituciones.
Así las cosas, un flamante médico de la UCV o un nuevo ingeniero de la ULA prefieren un poquito de certeza, un mínimo de seguridad. Tarea urgente es volver a ofrecer ambas cosas.
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