Venezuela fue Pastor
Gracias por devolvernos el derecho a soñar y a entender, cómo normalmente se suele vencer
ORLANDO VIERA-BLANCO
| EL UNIVERSAL
domingo 20 de mayo de 2012 12:00 AM
Venezuela fue una sola. Esta frase resume el significado del primer triunfo de un venezolano en la F-1. Escuchar nuestro "gloria al bravo pueblo" en el pódium del Gran Premio de Santander, no sólo constriñó millones de lágrimas, sino fue toda una oda al sacrificio individual, que nos lleva a una reflexión: el triunfo no es elocuencia, es el resultado de un inmenso esfuerzo personal, que no comporta ni ideología ni revolución.
El populismo radical no paga. Lo que paga es el esfuerzo que despliega "tocar y luchar", en el sistema de orquestas juveniles Simón Bolívar del maestro Abreu... Es el sudor que descarga Vizquel, rompiendo récords en el campocorto a sus 45 primaveras; Dudamel rasgando su batuta o Vegas pasando un corte. La lista de talentos es interminable. Entonces, ¿dónde reposa esa resistencia grupal que nos ha llevado a tantas crisis por tantos años? Creo que la respuesta está no a partir de lo que hemos sido, sino de lo que hemos dejado de ser.
Maldonado como cualquiera que pretenda figurar en altas competencias, aparte de talento debe asistirse de disciplina, perseverancia y aptitud. Las primeras dos virtudes son previsibles, pero la última hace la diferencia. Sea en el arte, las ciencias o el deporte e incluso en el ejercicio del poder, quien trasciende es aquel que a la par de esforzarse más y reconocer el mérito de sus habilidades, también valora y respeta las pericias de su adversario, lo cual agrega humildad.
En Venezuela hemos perdido el sentido de la confianza grupal, porque nos sentimos incapaces de triunfar por sí mismos, sin que medie un agente externo, llámese Estado o lotería. Y tal mediocridad la endosamos al otro... Nos han metido en la cabeza ese cassette de reduccionismo social, que si pocos comemos mejor porque trabajamos más, el Estado cual juez, tiene el derecho de nivelar, con sobras o con despojo. Es la cultura invertida de la trascendencia del gobernante sobre la del espíritu humano, misma que antepone el colectivismo igualitario al mérito individual... Y al final todos terminamos comiendo mal.
No cuesta creer que un Maldonado exista. No nos podemos creer que una Vinotinto sea capaz de ganar un mundial... Si Pastor fuese el resultado de un sincretismo residual de progresismo colectivo, jamás hubiese buscado llegar primero a la meta, sino se hubiese marchado a los pits para compartir un trozo pan, empuñando una estampita del Che. Pastor pertenece al mundo real, al mundo donde las grandes carreras se ganan, cuando de su frente brotan gotas de sudor, no simples utopías. Y Venezuela fue Pastor: su esfuerzo, su ejemplo, su arrojo, su sacrificio... ¡no lo contrario! Gracias, muchacho, por devolvernos el derecho a soñar y a entender, cómo normalmente se suele vencer.
vierablanco@gmail.com T: @ovierablanco
El populismo radical no paga. Lo que paga es el esfuerzo que despliega "tocar y luchar", en el sistema de orquestas juveniles Simón Bolívar del maestro Abreu... Es el sudor que descarga Vizquel, rompiendo récords en el campocorto a sus 45 primaveras; Dudamel rasgando su batuta o Vegas pasando un corte. La lista de talentos es interminable. Entonces, ¿dónde reposa esa resistencia grupal que nos ha llevado a tantas crisis por tantos años? Creo que la respuesta está no a partir de lo que hemos sido, sino de lo que hemos dejado de ser.
Maldonado como cualquiera que pretenda figurar en altas competencias, aparte de talento debe asistirse de disciplina, perseverancia y aptitud. Las primeras dos virtudes son previsibles, pero la última hace la diferencia. Sea en el arte, las ciencias o el deporte e incluso en el ejercicio del poder, quien trasciende es aquel que a la par de esforzarse más y reconocer el mérito de sus habilidades, también valora y respeta las pericias de su adversario, lo cual agrega humildad.
En Venezuela hemos perdido el sentido de la confianza grupal, porque nos sentimos incapaces de triunfar por sí mismos, sin que medie un agente externo, llámese Estado o lotería. Y tal mediocridad la endosamos al otro... Nos han metido en la cabeza ese cassette de reduccionismo social, que si pocos comemos mejor porque trabajamos más, el Estado cual juez, tiene el derecho de nivelar, con sobras o con despojo. Es la cultura invertida de la trascendencia del gobernante sobre la del espíritu humano, misma que antepone el colectivismo igualitario al mérito individual... Y al final todos terminamos comiendo mal.
No cuesta creer que un Maldonado exista. No nos podemos creer que una Vinotinto sea capaz de ganar un mundial... Si Pastor fuese el resultado de un sincretismo residual de progresismo colectivo, jamás hubiese buscado llegar primero a la meta, sino se hubiese marchado a los pits para compartir un trozo pan, empuñando una estampita del Che. Pastor pertenece al mundo real, al mundo donde las grandes carreras se ganan, cuando de su frente brotan gotas de sudor, no simples utopías. Y Venezuela fue Pastor: su esfuerzo, su ejemplo, su arrojo, su sacrificio... ¡no lo contrario! Gracias, muchacho, por devolvernos el derecho a soñar y a entender, cómo normalmente se suele vencer.
vierablanco@gmail.com T: @ovierablanco
Debido al alto tráfico de visitas en la página, El Universal ha decidido restringir la recepción de comentarios en sus noticias del día. Ofrecemos disculpas a los usuarios.
ESPACIO PUBLICITARIO
Acceso rápido a:
ESPACIO PUBLICITARIO
Alianzas
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Condiciones generales de publicación |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2013