Fernando Londoño
FERNANDO OCHOA ANTICH
| EL UNIVERSAL
domingo 20 de mayo de 2012 04:19 PM
El sangriento atentado contra mi amigo Fernando Londoño debería conducir a los latinoamericanos a una profunda reflexión. No fue una venganza personal ni mucho menos, es la violencia utilizada para imponer una ideología y hacer imperar en nuestras sociedades el crimen organizado, el narcotráfico y la economía paralela. Fernando Londoño es un político valiente, de una integridad personal insobornable. Desde su programa radial y su columna periodística defiende sus ideas con inteligencia y firmeza. La verdad es el norte de su lucha. Esa es la razón del atentado: silenciarlo. Su permanente denuncia produce malestar en algunos gobiernos del continente, en sectores poderosos de la política colombiana, en grupos subversivos y en organizaciones criminales, que consideran sus opiniones como una verdadera amenaza.
La responsabilidad de Juan Manuel Santos es inmensa. Debe hacer esfuerzos consistentes para descubrir a los actores intelectuales y materiales del atentado, detenerlos y enjuiciarlos con severidad ejemplar. Esa responsabilidad crece al ser Fernando Londoño uno de los más severos críticos de su gobierno. Desde su programa de radio y en sus artículos de opinión ha enjuiciado con gran dureza y perspicacia las modificaciones impuestas a la política de "Seguridad Democrática", a las relaciones con Venezuela y al combate contra el narcotráfico. Dolorosamente, la inseguridad se ha incrementado peligrosamente. Es verdad que el gobierno del presidente Santos tiene objetivos precisos y lucha por alcanzarlos, pero lamentablemente las FARC nunca han sido confiables. Solo con recordar el fracaso de Andrés Pastrana es suficiente.
Esta realidad parece olvidarla el presidente Santos. Su experiencia y su indiscutible éxito como ministro de la Defensa deberían ser suficientes para entender que negociar con las FARC no es solo perder el tiempo sino darle oportunidad para su reorganización después de los severos golpes que ha recibido. En más de un programa se lo escuché decir a Fernando Londoño: las negociaciones con las FARC no son factibles porque esa organización está al servicio del narcotráfico y no de un proyecto político. Una gran verdad. El atentado muestra la forma de ser y de actuar de dicha organización subversiva. No le importó arriesgar la vida de cientos de inocentes ciudadanos con tal de alcanzar su objetivo. Sorprendentemente, no lo lograron. Su planificación y ejecución fue de tal frialdad y desprecio por la vida de sus compatriotas que era casi imposible salir con vida.
Una de las críticas más severas y permanentes de Fernando Londoño al presidente Santos fue su apertura hacia el gobierno de Hugo Chávez. De manera intransigente explicaba el error que significaba para Colombia fortalecer las relaciones con un régimen de tendencia totalitaria como el de Hugo Chávez. Mantenía que los intereses de orden económico no podían privar sobre los principios que siempre caracterizaron la política exterior de Colombia. No dudaba en afirmar que creerle a Hugo Chávez sus mentiras era sencillamente no comprender las realidades geopolíticas regionales y su interés de exportar la revolución bolivariana a Colombia. La extradición de Walid Makled la consideró absolutamente inapropiada: "en un acto de fenomenal imprudencia, el presidente Santos ofreció mandar a Makled a su nuevo mejor amigo, el dictador de Venezuela".
El atentado a Fernando Londoño debería ser causa suficiente para que el presidente Santos rectificara su actual política nacional e internacional. Su gobierno debe revaluar ciertas realidades: la tranquilidad solo regresará a Colombia con la derrota militar de los grupos subversivos. La lucha contra el narcotráfico no permite ninguna concesión. La presencia de un régimen como el de Hugo Chávez en nuestro continente crea tal grado de inestabilidad regional que impide la paz en Colombia. Estoy seguro que Fernando Londoño regresará, dentro de pocos días, a continuar su valiente lucha en defensa de la democracia y la libertad. No podrán silenciarlo. Escuchar al día siguiente la voz decidida de su hija en su programa radial fue una muestra de su espíritu combativo. A Fernando Londoño, a su familia y al pueblo colombiano mi palabra de aliento y solidaridad.
fochoaantich@gmail.com
La responsabilidad de Juan Manuel Santos es inmensa. Debe hacer esfuerzos consistentes para descubrir a los actores intelectuales y materiales del atentado, detenerlos y enjuiciarlos con severidad ejemplar. Esa responsabilidad crece al ser Fernando Londoño uno de los más severos críticos de su gobierno. Desde su programa de radio y en sus artículos de opinión ha enjuiciado con gran dureza y perspicacia las modificaciones impuestas a la política de "Seguridad Democrática", a las relaciones con Venezuela y al combate contra el narcotráfico. Dolorosamente, la inseguridad se ha incrementado peligrosamente. Es verdad que el gobierno del presidente Santos tiene objetivos precisos y lucha por alcanzarlos, pero lamentablemente las FARC nunca han sido confiables. Solo con recordar el fracaso de Andrés Pastrana es suficiente.
Esta realidad parece olvidarla el presidente Santos. Su experiencia y su indiscutible éxito como ministro de la Defensa deberían ser suficientes para entender que negociar con las FARC no es solo perder el tiempo sino darle oportunidad para su reorganización después de los severos golpes que ha recibido. En más de un programa se lo escuché decir a Fernando Londoño: las negociaciones con las FARC no son factibles porque esa organización está al servicio del narcotráfico y no de un proyecto político. Una gran verdad. El atentado muestra la forma de ser y de actuar de dicha organización subversiva. No le importó arriesgar la vida de cientos de inocentes ciudadanos con tal de alcanzar su objetivo. Sorprendentemente, no lo lograron. Su planificación y ejecución fue de tal frialdad y desprecio por la vida de sus compatriotas que era casi imposible salir con vida.
Una de las críticas más severas y permanentes de Fernando Londoño al presidente Santos fue su apertura hacia el gobierno de Hugo Chávez. De manera intransigente explicaba el error que significaba para Colombia fortalecer las relaciones con un régimen de tendencia totalitaria como el de Hugo Chávez. Mantenía que los intereses de orden económico no podían privar sobre los principios que siempre caracterizaron la política exterior de Colombia. No dudaba en afirmar que creerle a Hugo Chávez sus mentiras era sencillamente no comprender las realidades geopolíticas regionales y su interés de exportar la revolución bolivariana a Colombia. La extradición de Walid Makled la consideró absolutamente inapropiada: "en un acto de fenomenal imprudencia, el presidente Santos ofreció mandar a Makled a su nuevo mejor amigo, el dictador de Venezuela".
El atentado a Fernando Londoño debería ser causa suficiente para que el presidente Santos rectificara su actual política nacional e internacional. Su gobierno debe revaluar ciertas realidades: la tranquilidad solo regresará a Colombia con la derrota militar de los grupos subversivos. La lucha contra el narcotráfico no permite ninguna concesión. La presencia de un régimen como el de Hugo Chávez en nuestro continente crea tal grado de inestabilidad regional que impide la paz en Colombia. Estoy seguro que Fernando Londoño regresará, dentro de pocos días, a continuar su valiente lucha en defensa de la democracia y la libertad. No podrán silenciarlo. Escuchar al día siguiente la voz decidida de su hija en su programa radial fue una muestra de su espíritu combativo. A Fernando Londoño, a su familia y al pueblo colombiano mi palabra de aliento y solidaridad.
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