A llama doble
Asume Paz que su ensayo sobre el amor y el erotismo está orquestado desde su obra poética
RICARDO GIL OTAIZA
| EL UNIVERSAL
martes 15 de mayo de 2012 12:00 AM
Cuando se frotó los ojos había escrito un libro, nos lo dice Octavio Paz en el Liminar de La llama doble. Amor y erotismo (Seix Barral. Biblioteca Breve), publicado en 1993. Ese 1 de mayo de 1993, cuando Paz finalizó el último párrafo del libro, el texto se erigía de pronto en un interesante punto de inflexión en su vida como autor, y para la literatura de habla hispana se consolidaba la amalgama de lo perfectamente poético y ensayístico.
En La llama doble vislumbramos la confluencia de fronteras entre la poesía y el ensayo; entre el erotismo que es poética del cuerpo y la poesía como erótica del lenguaje. Halla Paz la excusa ideal para sublimar en un solo hecho, es decir, en el libro, sus dos grandes pasiones: la poesía amorosa y el ensayo, como una manera de explicarnos (explicarse en todo caso) la posibilidad de lo diverso y lo único. Ambos caminos como puentes a una poética que se exorciza a medida en que se diluyen los linderos entre ambos mundos. Y esto sólo es posible gracias al lenguaje.
Si como nos lo dice Paz: "La relación de la poesía con el lenguaje es semejante a la del erotismo con la sexualidad", podemos entonces inferir que el lenguaje poético y el ensayístico, aquí amalgamados, se hacen uno solo, de allí la importancia capital, no sólo para la obra entera del autor mexicano, sino para la literatura universal, que halla en este referente la expresión ideal para el cierre de ese hiato que se ha pretendido anteponer entre el verso y la prosa.
¿Qué tenemos ante nuestros ojos? ¿Ensayo-poesía? ¿Poesía-ensayo? Asume Paz que su ensayo sobre el amor y el erotismo está orquestado desde su obra poética, que la congrega, que le confiere sentido. Nos dice -ni más ni menos- que el cierre de su permanente canto al amor, a través de la poesía, sólo es posible desde el ensayo amoroso; de allí su angustia ante la inminencia de la muerte. En este libro la prosa ensayística abandona el soporte que le es connatural, para alcanzar un vuelo inusitado, en el que se sublima con el verso y hacen del texto literario una partitura de infinitos movimientos y ritmos; un concierto de sonidos diversos, y únicos.
Pocos autores han reflejado en sus obras tal unidad de criterio y fidelidad genérica, como lo hace Paz. La llama doble poesía-ensayo, en este libro se realimenta, se nutre de ambas perspectivas, busca dar el salto desde lo meramente estilístico hasta lo ostensiblemente intelectual y complejo, para intentar comprender el mundo desde la palabra. La palabra, independientemente de si está versificada o no, busca en la antinomia de los opuestos el sustrato necesario a la hora de hacer realidad lo inasible y etéreo.
rigilo99@hotmail.com
@GilOtaiza
En La llama doble vislumbramos la confluencia de fronteras entre la poesía y el ensayo; entre el erotismo que es poética del cuerpo y la poesía como erótica del lenguaje. Halla Paz la excusa ideal para sublimar en un solo hecho, es decir, en el libro, sus dos grandes pasiones: la poesía amorosa y el ensayo, como una manera de explicarnos (explicarse en todo caso) la posibilidad de lo diverso y lo único. Ambos caminos como puentes a una poética que se exorciza a medida en que se diluyen los linderos entre ambos mundos. Y esto sólo es posible gracias al lenguaje.
Si como nos lo dice Paz: "La relación de la poesía con el lenguaje es semejante a la del erotismo con la sexualidad", podemos entonces inferir que el lenguaje poético y el ensayístico, aquí amalgamados, se hacen uno solo, de allí la importancia capital, no sólo para la obra entera del autor mexicano, sino para la literatura universal, que halla en este referente la expresión ideal para el cierre de ese hiato que se ha pretendido anteponer entre el verso y la prosa.
¿Qué tenemos ante nuestros ojos? ¿Ensayo-poesía? ¿Poesía-ensayo? Asume Paz que su ensayo sobre el amor y el erotismo está orquestado desde su obra poética, que la congrega, que le confiere sentido. Nos dice -ni más ni menos- que el cierre de su permanente canto al amor, a través de la poesía, sólo es posible desde el ensayo amoroso; de allí su angustia ante la inminencia de la muerte. En este libro la prosa ensayística abandona el soporte que le es connatural, para alcanzar un vuelo inusitado, en el que se sublima con el verso y hacen del texto literario una partitura de infinitos movimientos y ritmos; un concierto de sonidos diversos, y únicos.
Pocos autores han reflejado en sus obras tal unidad de criterio y fidelidad genérica, como lo hace Paz. La llama doble poesía-ensayo, en este libro se realimenta, se nutre de ambas perspectivas, busca dar el salto desde lo meramente estilístico hasta lo ostensiblemente intelectual y complejo, para intentar comprender el mundo desde la palabra. La palabra, independientemente de si está versificada o no, busca en la antinomia de los opuestos el sustrato necesario a la hora de hacer realidad lo inasible y etéreo.
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